Teólogos
Ortodoxos
Contemporâneos
Henryk
Paprocki,
(1946)
Henryk
Patrocki
nascido
em Kolo
(Polônia),
em 1946
é
Sacerdote
ortodoxo.
Depois
de
Estudos
na
Universidade
Católica
de
Lublin e
no
Instituro
São
Sérgio
de
Paris,
atualmente
é
professor
no
Seminário
Ortodoxo
de
Teologia
de
Varsóvia
(Polônia).
El Amigo
del
Esposo
uan
conoció
el
misterio
del
Mesías,
mas no
Lo
siguió y
no se
hizo su
discípulo.
No
proclamó
Ia
venida
del
Mesías a
través
de todo
el país;
se
limitó a
dar
testimonio
de EI
delante
de sus
propios
discípulos
y del
pueblo
en el
lugar
mismo
donde
bautizaba.
Permanecerá
en esta
situaci6n
y
seguirá
bautizando,
pasando
simplemente
de
Betania
del
Jordán a
Ainon,
cerca de
Salim,
porque
allí
había
aguas
abundantes
(Juan
3,23),
es
decir,
por una
razón
que no
tenía
nada que
ver con
el
anuncio
del
Mesías.
Por qué?
Porque
seguir
al
Cristo
no
correspondía
a la
vocación
del
Precursor
ni a su
misión.
El
camino
propio
del
Precursor
exigía
esta
abnegación.
Mensajero
de la
antigua
y de la
nueva
Alianza,
no
experimentó
la
convivencia
con el
Señor
Jesús en
la
tierra.
Solamente
Lo
manifestó
al
mundo,
mientras
que él
mismo se
retiraba.
Su
proclamación
de la
penitencia
y su
bautismo
de
conversión
preparaban
el
encuentro
del
Mesías
que ya
estaba
presente,
mas no
todavía
reconocido.
Es como
el
catecumenado
que
precede,
en
nuestros
ritos,
al
bautismo.
Juan no
siguió
al
Cristo,
sino en
la
persona
de sus
discípulos.
Permaneció
en su
lugar
con su
conciencia
de
Precursor:
EI
Esposo
tiene
que
crecer e
yo
decrecer
(Juan
3,30).
Estas
palabras
expresan
toda la
fuerza
de la
hazaña
del
Precursor,
su
abnegación,
su
decrecimiento
voluntario,
su
humildad
sin
límites
y
activa.
Esto se
expresa
en el
último
testimonio
de Juan
sobre el
Mesías:
Algunos
de sus
discípulos
dicen a
Juan: El
que
estaba
contigo
del otro
lado del
Jordán,
aquél de
quien
diste
testimonio,
está
bautizando
y todos
se van a
El. Juan
responde
y dice:
Un
hombre
no puede
recibir
nada si
no se le
dio de
los
cielos.
Vosotros
mismos
me sois
testigos
de que
dije: No
soy yo
el
Mesías,
pera soy
enviado
delante
de él.
EI que
tiene a
la
esposa
es el
Esposo,
y el
amigo
del
Esposo
está de
pie (a
su lado)
y oye y
se
regocija
de gozo
por la
voz del
Esposo.
Pues
este
gozo es
mío en
plenitud:
El tiene
que
crecer y
yo,
decrecer.
Juan 3,
28-30.
En este
último
testimonio,
el
Precursor
expresa
palabras
tan
quemantes
y
amantes
que asas
palabras
pueden
llamarse
verdaderamente
el himno
del
Precursor.
Es el
canto de
amor
para el
Esposo.
No es el
Cantar
de las
cantares
del
Esposo
para la
Esposa,
sino el
Cantar
del
Amigo
del
Esposo.
No es
más la
humildad
que se
rebaja,
sino la
humildad
que
triunfa
en el
gozo
victorioso:
es el
triunfo
del
Precursor.
Juan
enseña a
sus
discípulos
como
inclinarse
ante la
elección
divina y
recibir
con
sabiduría
humilde
su
propia
vocación.
Luego,
les
descubre
el gozo
que
llena su
corazón,
el gozo
del
Amigo
del
Esposo.
EI
"amigo
del
esposo"
era la
persona
de
confianza
que
estaba
más
cerca
del
esposo,
pero se
mantenía
en su
lugar
inferior,
y se
mostraba
fiel.
Así, el
servidor
de
Abraham,
Eliezer,
a quien
se le
confió
buscar a
una
mujer
para
Isaac,
hijo de
Abraham,
la
encontró
en la
persona
de
Rebeca.
Sin
embargo,
esta
función
habitual
no es
más que
la
corteza
del
sentido
interior
que
tienen
los
símbolos
más
misteriosos
y más
vibrantes
del
Antiguo
y del
Nuevo
Testamento.
En estas
palabras
tan
densas
de Juan
trasparece
el
Misterio,
el
Símbolo
del
Cantar
de los
Cantares,
del
Salmo
nupcial
45, de
los
Profetas,
de la
Epístola
a los
Efesios
(5,
19-33) y
del
Apocalipsis
(21-22).
El
Esposo
es el
Cristo y
la
Esposa
es la
Iglesia,
Juan
está
presente
en esos
misteriosos
desposórias
anticipados,
las
contempla
no como
un
observador
extranjero,
sino
como un
amigo,
el Amigo
del
Esposo.
Su gozo
no es un
gozo
egoísta,
sino un
gozo de
amigo.
Jamás en
la
Biblia
se habla
del
"Amigo
del
Esposo":
Juan es
el único
Amigo
del
Esposo.
La
Esposa
es el
pueblo
elegido,
la
comunidad
cristiana,
la
Iglesia
universal,
todo
cristiano,
y de
manera
especial,
la Madre
de Dios.
Es el
contenido
de la
Deisis:
la
Esposa y
el Amigo
están
juntos
con el
Esposo.
EI
Cantar
de los
Cantares
conoce
solamente
al
Esposo y
la
Esposa,
no
conoce
al Amigo
del
Esposo.
Habla
del gozo
y de la
felicidad,
de la
unión de
la
divinidad
con la
humanidad,
de la
deificación
de la
naturaleza
humana,
mas no
habla
del gozo
de la
abnegación,
de la
muerte a
sí mismo
como
condición
de la
unión
divina;
no habla
del gozo
victorioso
de la
humildad
que es
también
el gozo
nupcial
del
Precursor,
del
Amigo
del
Esposo.
El Amigo
encuentra
a la
Esposa y
la
conduce
al
Esposo.
EI
Precursor
es el
hombre
en su
masculinidad
superada
y
humillada
hasta la
abnegación
de sí
mismo.
La
humildad
de la
Esposa,
que es
la
feminidad
humana,
mirada
por el
Señor
Dios, se
une a la
humildad
del
Amigo
del
Esposo,
del
Amigo
que se
prepara
en
nombre
de la
humanidad
para
encontrarlo.
EI
encuentro
del
Esposo
se hace
con el
amor de
todo el
hombre,
en sus
dos
aspectos:
femenino
y
masculino.
Lo que
el alma
del
Precursor
había
llamado
fuertemente,
la que
había
llenado
toda su
vida,
está
ahora
ante sus
ojos. Y
lleno
del gozo
de
dejarse
morir
libremente
en el
amor,
expresa
su
confesión
de
Precursor:
El tiene
que
crecer y
yo
decrecer
y eso es
el gozo
en
plenitud.
No se
dijo y
no se
puede
decir de
manera
más
simple,
más
completa,
más
fuerte,
la
palabra
del amor
que
incluye
el
olvido
de sí
mismo.
Ser
Amigo
del
Esposo
es la
vocación
propia
del
Precursor
del
Señor,
su
servicio
y su
hazaña
espiritual,
pero es
solamente
su
vocación
propia?
Tenemos
diferentes
formas
de
servicio:
distinguimos
los
mártires,
los
ermitaños,
los
locos-en-Cristo,
los
obispos,
las
santas
mujeres,
etc. Sin
embargo,
existe
una
hazaña
espiritual
general
y
necesaria
para
cada uno
en el
camino
de la
salvación
y que
está
incluida
en las
distintas
formas
de
servicio.
Toda
alma
humana
que se
une al
Cristo
en la
Iglesia
es
desposada
por el
Cristo,
que nace
en ella,
cumple
en ella
el
eterno
nacimiento
de Dios
y se une
a ella
en estas
bodas
espirituales
que son
las del
Cristo y
de la
Iglesia.
La
siempre
Virgen,
la Madre
de Dios,
es el
prototipo
de la
Esposa.
Igualmente,
el
Precursor,
como
Amigo
del
Esposo,
es el
prototipo
de la
entrada
en la
Iglesia,
del
esfuerzo
humano
que eso
necesita.
Cada
persona
humana
que
viene al
Cristo,
tiene
que ser
no sólo
Esposa,
sino
también
Amigo
del
Esposo,
es
decir,
que debe
pasar
por la
inmolación
sacrificial
de su yo
psíquico,
a veces
maligno,
y
abandonar
toda
divinización
de este
yo,
gustando
de la
muerte
voluntaria
que es
el don
de sí
mismo.
Si
alguien
quiere
salvar
su vida,
la
perderá;
mas
quien
pierda
su vida
por Mim,
salvará,
dice el
Señor
(MT
8,35).
Dice
también:
En
verdad,
en
verdad
os digo:
si el
grano de
trigo no
cae en
tierra y
muere,
queda él
solo;
pero si
muere da
mucho
fruto;
el que
ama su
vida, la
pierde;
el que
odia su
vida en
este
mundo,
la
guardará
para una
vida
eterna
(Juan
12,
24-24).
Cada
persona
que
viene
hacia el
Cristo
tiene
que
morir en
su "yo",
diciendo:
"EI
tiene
que
crecer
en mi y
yo
decrecer
y
hacerme
el Amigo
del
Esposo".
San
Pablo lo
dice: No
vivo yo,
sino que
es el
Cristo
quien
vive en
mi (Gal.
2, 20).
El
Precursor
es el
testigo
de la
Teofanía,
de la
Manifestación
de la
Santa
Trinidad
en el
bautismo
del
Cristo.
Esta
Teofanía,
especialmente
el
descenso
del
Espíritu
Santo,
es un
Pentecostés
para el
Cristo
mismo en
su
humanidad,
paro
también
es un
Pentecostés
anticipado
para el
Precursor,
que es
no solo
profeta
de la
Antigua
Alianza,
sino
evangelista
dela
Nueva
Alianza.
Solo el
descenso
del
Espíritu
Santo,
la
unción
particular
del
Precursor,
podía
llevar
su
conciencia
hasta
una
claridad
plena.
Por eso
pudo
cumplir
este
misterio,
que la
Iglesia
canta
así:
Juan
anuncio
a los
que
están en
los
infiernos
la
venida
del Dios
que Se
manifestó
en la
carne,
levó
sobre si
el
pecado
del
mundo y
dio una
gran
misericordia.
El
Cristo
llamó a
su
testigo
y
Precursor:
"Lámpara
que
quema y
brilla"
(Juan
5,35).
Juan "no
es la
Luz,
sino el
testigo
de la
Luz"
(Juan
1,8), la
lámpara
que no
brilla
por su
propia
luz. No
solo
refleja
una luz
que no
es suya,
sino que
arde él
mismo,
se deja
quemar y
por eso
ilumina.
Juan no
es
definido
aquí por
su
misión
de
Precursor,
sino por
su
persona
propia:
arde a
partir
de la
Luz, es
decir de
Dios, e
ilumina
por Dios
"como
una
lumbrera
de la
Luz
divina",
un
carbón
ardiente
del
altar de
Dios.
Eso lo
acerca
al mundo
de las
Ángeles.
Se la
llama
ángel
terrestre,
en el
sentido
de una
presencia
incesante
ante la
Faz de
Dios y
de una
iluminación
por el
Espíritu
Santo.
Como
hombre
igual a
los
ángeles,
une en
sí la
plenitud
de la
naturaleza
humana y
la
altura e
intimidad
divinas
de la
naturaleza
angélica.
Como
Maria,
más
venerable
que los
Querubines
y más
gloriosa
incomparablemente
que los
Serafines,
Juan
está por
encima
del
mundo
angélico,
como la
muestran
los
iconos.
Como un
acorde
final de
su
maravillosa
composición
sinfónica
sobre
Juan, el
evangelista
Juan, su
discípulo,
dice:
“...
Jesús va
de nuevo
al otro
lado del
Jordán,
al lugar
donde
Juan
había
estado
antes
bautizando,
y se
queda
allí.
Muchos
van
donde El
y dicen:
Juan no
hizo
ningún
signo
[milagro],
pero
todo lo
que dijo
Juan de
éste,
era
verdad.
Y muchos
allí
tienen
fe en
él.
(Juan
10,40-42)
Así la
simiente
de la
palabra
de Juan
lleva su
fruto.
En esas
últimas
palabras
se
expresa
lo más
característico
de la
persona
de Juan:
no era
un
taumaturgo
en la
humildad
de su
ministerio,
mas era
el
testigo
verdadero
de la
Verdad y
en eso
consiste
su
grandeza
particular.
Muchos
hombres
hicieron
milagroso
Juan es
tan
grande
que no
hizo
ningún
signo.
La obra
de su
vida fue
un solo
y único
signo,
su
propia
Persona,
él
mismo.
El Amigo
del
Esposo
en su
humildad.
Consagró
toda su
vida al
Otro, El
que
viene.
Fonte:
En: El
Amigo
del
Esposo
(tradução
do
Russo)
Revista
Fuentes
– 1993 -
Argentina
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