Teólogos Ortodoxos Contemporâneos
Christos Yannaras, (1935)
Nació en Atenas el 10 de abril de 1935. A
los diecinueve anos, elige los estudios de
Teología y adhiere a la Fraternidad "Zoí"
(la "Vida"). Profesor de Filosofía en la
Escuela de Ciencias Políticas de Atenas, es
autor de una obra teológica y filosófica
importante: § De la Ausencia y el "inconocimiento"
de Dios § La Libertad y la Moral; § Verdad y
Unidad de la Iglesia; § La Fe viva de la
Iglesia; etc. El 15 de marzo de 1992, en
Marsella (Francia), responde largamente a la
pregunta: "Es la Ortodoxia un vestigio
histórico o un testimonio de lo esencial ?"
Publicamos aquí algunos fragmentos de esta
respuesta.
La
Iglesia: Un modo de existencia
que puede vencer la muerte
n
el lenguaje eclesiástico, hablamos de
ortodoxia siempre con respecto a la herejía.
Si se da a la ortodoxia el sentido de una
ideología bien formada, bien definida, donde
no habría más nada que crear y que sólo
habría que conservar sin trasgresión ni
redefinición de la letra original, entonces
la herejía también representaría una
ideología, otra ideología que transgrede el
código de la doctrina primera. Así, el
dilema entre ortodoxia y herejía se hace
puramente ideológico, y el producto de las
ideologías siempre es el fanatismo. ¿Qué es
el fanatismo? Es la actitud proveniente de
nuestra necesidad natural de fortificar
nuestro egoísmo: somos fanáticos cuando nos
encontramos encerrados en nuestras propias
convicciones, en nuestras propias
certidumbres, y nos negamos al riesgo de la
relación, el riesgo de la experiencia de la
presencia del otro, de la verdad del otro.
Si nos limitamos al nivel de la ideología,
es difícil definir la ortodoxia. En el
fondo, esta perspectiva propiamente
ideológica coincidiría con la negación de lo
esencial de la fe. Fe quiere decir confianza
Quisiera pues comenzar por una definición de
la fe que es un supuesto indispensable para
comprender el verdadero sentido de la
Ortodoxia. Hoy, tengo la impresión que
comprendemos la palabra fe en el sentido de
convicción o convicciones: ser fiel es ser
fiel a una ideología, a una doctrina, a
definiciones más o menos intelectuales. Pero
en lo sentido primero, la palabra fe
significa confianza. [...]
En la experiencia de la Iglesia, la fe
significa siempre la confianza, pero ésta
supone una relación personal. No podemos
tener confianza en alguien que no conocemos:
hay que conocerlo, crear una relación con
él; es necesario amarla para tenerle
confianza. Si se tiene confianza en él, no
solamente aceptamos su presencia, su
carácter, sus ideas, sino también su
testimonio, pues tenemos confianza en su
experiencia. En la Iglesia, llegamos a la fe
a través de la confianza que tenemos en
Dios. No se trata de una manifestación
psicológica, de una experiencia intelectual,
sino de una confianza en algo concreto,
histórico (pues todo en la Iglesia, todos
los elementos de nuestra vida en la Iglesia
son de un realismo histórico muy concreto).
Todo comienza por la experiencia de la
primera comunidad eclesial que vivió con el
Cristo. El Prólogo de san Juan en su
Epístola es muy característico, pues allí
Juan sobraya que transmite lo que él y los
otros apóstoles han visto, oído, tocado del
Verbo de Vida. Nos comunica así una
experiencia concreta y real.
La Iglesia nos propone una práctica que
tiene por objeto, precisamente, cultivar una
relación personal con Dios, practica que a
menudo no nos parece muy eficaz al comienzo.
Por ejemplo, practicar el ayuno o las
oraciones de la Iglesia, evitar las
oraciones "espontáneas", es decir, todo
individualismo, aceptar participar en la
Liturgia, etc.[...] Todo esto representa una
practica que nos permite cultivar una
relación personal. [...] El Evangelio no nos
invita a otra religión, a una religión
mejor, a una espiritualidad mejor, sino que
nos convida a un modo de existencia que
puede vencer a la muerte, constituyendo la
verdadera vida. Pedro camina sobre las aguas
¿Cómo es posible esto? En el Evangelio,
encontramos varios ejemplos pero presentaré
uno solo, el que define esta realidad de la
vida como relación. Los discípulos estaban,
de noche, a bordo de una barca en el Lago de
Tiberíades, durante una tempestad. La barca
estaba en peligro cuando de golpe los
discípulos perciben al Señor caminando sobre
las olas.
Después de un momento de inquietud, los
discípulos reconocen al Cristo, y Pedro dice
a Jesús: "Si eres en verdad el Señor,
permíteme acercarme a ti caminando sobre las
aguas". El Cristo le dice: "Ven"... esta
invitación, ese "ven", es el llamado que
Dios dirige a todos los seres humanos. Es la
invitación que nos conduce del no-ser al
ser, como dice San Pablo. ¿Qué significa
este llamado?
Quiere decir: puedes venir hacia Mí, no con
las fuerzas de tu naturaleza humana creada,
sino viviendo según otro modo de existencia,
el modo de la relación. Pedro recibe este
llamado, desciende de la barca y comienza a
caminar sobre el mar. Pedro es una
individualidad humana natural creada, pero
que en ese momento ya no existe según la
naturaleza creada. Existe según el modo de
la relación, la cual significa que en este
instante preciso, Pedro no funda su
existencia en su naturaleza, sino en su
relación con Dios, con el Cristo. Pero
cuando ve a su alrededor el mar agitado,
Pedro vuelve a su modo de existencia natural
y pierde su confianza. Entonces el Cristo le
da la mano y lo atrae hacia sí.
Me parece que se trata aquí de una imagen
muy elocuente. Ela nos indica exactamente a
qué modo de vida nos invita la Iglesia. Esto
no tiene nada que ver con la ideología, con
una cierta piedad que cultiva, al fin de
cuentas, la afirmación espiritual
individualista. Es otro modo de existencia,
otra actitud que significa darse totalmente,
existir a causa de otro, por otro, y tomar
la vida en función de la relación. [...] Un
Padre de la Iglesia, san Isaac el Sirio, nos
dice una frase bastante paradójica: "Nada
hay más potente que la desesperación". Hay
que pagar por una verdadera desesperación
para llegar a la relación con Dios.
Esto quiere decir que hay que desesperar de
todo: de nuestra cualidad moral, de nuestras
virtudes, de nuestra organización eclesial -
aun si es fuerte y bien potente -, de
nuestra doctrina, de nuestra ideología tan
convincente...
Hay que desesperar de todo esta! Hay que
pagar realmente por la muerte... y en esta
situación de muerte, de desesperación
absoluta, sólo nos queda una persona: el
Cristo. Y si nos volvemos a El, entonces es
El o nada. A partir de ese momento comienza
otro modo de existencia: podemos caminar
sobre las aguas. [...]
Este problema era muy claro para los Padres
de la Iglesia, sobre todo para los
Capadocios del siglo IV. [ ...] Nos dijeron
que el Padre es una persona, una hipóstasis
personal, libre de todo condicionamiento: la
persona significa una existencia que no
conoce limites, ningún condicionamiento.
Dios define su ser por su propia libertad,
su propia voluntad. Llegamos así a formular
la realidad de la persona: en la Biblia,
tenemos la experiencia de que el Padre se
llama "Padre" al realizar e "hipostasiar" su
existencia - como lo expresamos en lenguaje
teológico por el nacimiento del Hijo y la
procesión del Espíritu Santo.
Estas formulaciones no son teorías
abstractas: son la manera de explicar cómo y
por qué la libertad de Dios se encuentra en
el origen de toda existencia. Con una
libertad absoluta, Dios realiza su
existencia, la realiza como amor. Como dice
San Máximo el Confesor: "Por el amor más
allá del tiempo, el Padre engendra al Hijo y
hace proceder al Espíritu Santo". Así,
nuestro Dios es vida realizada como relación
de amor. Sin este fundamento teológico,
tengo la impresión de que no podemos
comprender la Iglesia. La Iglesia no es una
religión ni una escuela de espiritualidad,
sino un lugar donde estamos invitados a
transformar nuestra existencia en existencia
como relación. Estamos invitados a un
banquete, y el banquete es una manera de
practicar la vida en comunión. Ahora bien,
qué es una hipóstasis, una persona? No
podemos definirla. Sólo podemos decir que se
trata de nuestra realidad existencial que
proviene del llamado de Dios. No es por
casualidad que en el lenguaje mismo del
psicoanálisis moderno no se puede definir el
sentido de "sujeto". Somos hipóstasis, es
decir que representamos una existencia, una
realidad existencial porque Dios nos llama a
la existencia. Pero somos hipóstasis en la
medida en que podemos "hipostasiar" las
posibilidades existenciales de una
naturaleza creada. ¿Cuándo esta naturaleza
muere, qué queda? Qué puede entonces
hipostasiar nuestra" hipóstasis? San
Gregorio Palamas nos dice que después de la
muerte, nuestra hipóstasis va a hipostasiar
nuestra existencia a través de las energías
de la naturaleza divina, a través de las
energías del Espíritu Santo. Por eso en el
lenguaje ortodoxo, hablamos de la
deificación del hombre... Y, por eso
,llamamos al Espíritu Santo, "paráclito",
"Rey del cielo" y "Fuente de vida", y le
decimos: "Ven y habita en nosotros!". Sin
duda habéis oído hablar de la explicación
que nos ofrece Máximo el Confesor.
Nos dice: "Después de la muerte, todo el
mundo estará unido a Dios y a las energías
divinas. Pero para los que cultivaron una
actitud positiva, es decir, los que están
dispuestos a comulgar con la existencia y la
vida misma de Dios, esta unidad con las
energías del Espíritu Santo será el paraíso.
Mientras que para las que no saben amar,
esta unidad con Dios será una tortura, será
realmente el infierno." (negrito do editor)
Esto significa que paraíso e infierno no
dependen de la justicia divina, pues Dios no
castiga a los pecadores. En realidad, todo
depende de la posibilidad o la impotencia
del hombre para comulgar verdaderamente con
la existencia y la vida de Dios. [...] La
Ortodoxia no es, pues, una ideología, sino
algo para descubrir. Y estamos invitados a
descubrirla, a descubrir la verdadera vida,
la que no conoce los limites del tiempo, del
espacio, de la corrupción y de la muerte: la
vida como amor.
Fonte:
S0P n 169. Paris, junio de 1992
Revista Fuentes – 1993 - Argentina -
“Teólogos Ortodoxos Contemporâneos”
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