
Profeta Aqueo
16 de
diciembre
El profeta Aqueo profetizaba
en Judá, en los tiempos del rey persa Darío I (Gistapsa,
522-486 a.C.). En aquel tiempo muchos judíos bajo el
liderazgo de Zorobabel volvieron del cautiverio
babilonio a Judá. El sumo sacerdote se llamaba Josué. En
el segundo año después del regreso del cautiverio de
Babilonia, los judíos comenzaron a reconstruir en
Jerusalén un Templo en el mismo lugar del destruido
Templo de Salomón. Pero debido al desacuerdo con
samaritanos y otros opositores la construcción se
interrumpió por quince años hasta que el rey Darío
ordenó volver a la construcción.
El pueblo era pobre pero tenía la idea de que el nuevo
templo no debía ser menos magnífico que el de Salomón
destruido por Nabucodonosor. Por eso, algunos trataban
de convencer que el tiempo para la reconstrucción del
nuevo Templo todavía no había llegado. Todo esto
enfriaba el entusiasmo de los constructores. Para animar
al pueblo y terminar la obra del segundo templo, Dios
envió a Agueo, cuyo servicio profético duro cerca de un
año.
El profeta Agueo trataba de convencer a la gente de
continuar la construcción del templo: "Sembráis mucho, y
recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no os
quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el
que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así
ha dicho él Señor de los ejércitos: Meditad sobre
vuestros caminos. Subid al monte, y traed madera, y
reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré
glorificado, ha dicho él Señor. Buscáis mucho, y halláis
poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo.
¿Por qué? dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi
casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su
propia casa. Por eso se detuvo de los cielos sobre
vosotros la lluvia, y la tierra detuvo sus frutos"(Ag.
1:6-10).
En el folleto "El Antiguo Testamento sobre el Mesías,"
se menciona, la promesa de Agueo sobre la venida del
Mesías a este nuevo Templo. Esta visita de Nuestro Señor
al nuevo Templo, le dará mayor gloria que la gloria del
primero, que estuvo adornado con tanta riqueza (Ag.
2:5-9). El libro de Agueo consta de dos capítulos que
incluyen cuatro discursos, dirigidos a encaminar la
construcción del Templo.