

Profeta Daniel y de
los 3 Jóvenes Ananías, Azarías y Misael
17 de diciembre
El profeta Daniel era
aristócrata y posiblemente de familia real. En el cuarto
año del reinado de Joaquín, durante la primera conquista
de Jerusalén por Nabucodonosor (605 a.C.) el muy joven
Daniel cayó prisionero en Babilonia. Con otros
adolescentes de alto origen fue enviado a una escuela de
preparación para el servicio en la corte del rey cuando
tenía entre catorce y diecisiete años.
En la escuela estudiaban con él tres amigos: Ananías,
Azarías y Misael. Durante varios años debieron aprender
la lengua local y diversas ciencias caldeas. A estos
alumnos judíos les cambiaron sus nombres por los de:
Daniel, Beltsasar; Ananás, Sadrac; Misael, Mesac y a
Azarías, Abed-nego. Pero, a pesar de los nombres
paganos, los jóvenes no cambiaron la fe de sus padres.
Temiendo profanarse con la comida pagana le pidieron a
su educador no recibir alimentos de la mesa del rey (que
era salpicada por la sangre de los sacrificios) y poder
consumir sólo una comida sencilla compuesta de
vegetales. El educador accedió temporalmente y durante
diez días los jóvenes comieron sólo alimentos de origen
vegetal. Al final de la prueba se vio que ellos
resultaron estar más sanos que sus compañeros que comían
de la mesa del rey. Desde entonces se les permitió
continuar su régimen vegetal. El Señor recompensó a los
piadosos jóvenes con progresos en las ciencias, y el rey
durante los exámenes descubrió que ellos eran más sabios
que los magos babilonios.
Después de terminar sus estudios, Daniel y sus tres
amigos fueron designados para servir en la corte del
rey. Daniel quedó como cortesano durante los reinados de
Nabucodonosor y el de cinco de sus herederos. Después de
la derrota de Babilonia quedó como consejero del rey
Darío de Media y del rey persa Ciro (Dn. 6:28)
Dios le otorgó a Daniel la capacidad de interpretar
visiones y sueños. Daniel la dio a conocer al explicar
dos sueños de Nabucodonosor (caps. 2 y 4). En el primer
sueño el rey vio un enorme y temible ídolo que fue
destruido por una piedra que cayó de una montaña. Daniel
explicó que el ídolo simbolizaba a cuatro reinos paganos
que sucederán, entre los cuales el primero era el
babilonio y el último el romano. La piedra que romperá
al ídolo simboliza al Mesías y la montaña a Su Reino
Eterno. Daniel termina así su explicación del sueño:
"Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen....de la
manera que viste que del monte fue cortada una piedra,
no con mano (nacimiento del Salvador sin la
participación de un padre terrenal), e hirió a la
imagen... y todo fue desmenuzado...y fueron como tamo de
las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de
ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a
la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la
tierra... Y en los días de estos reyes el Dios del cielo
levantará un reino que no será jamas destruido, ni será
el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a
todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre..."
(Dn. 2:31-45).
Este sueño resultó ser una visión profética acerca de la
Iglesia. Efectivamente, la fe cristiana que apareció en
el imperio romano se dispersó por todo el mundo y
continuará existiendo hasta el fin del mundo, mientras
los grandes reinos paganos desaparecieron sin dejar
rastros.
En el tercer capitulo de su libro, Daniel cuenta la
hazaña de sus tres amigos, quienes se negaron a adorar
el ídolo de oro (Marduk) por lo que fueron arrojados a
un horno prendido. Pero un Ángel de Dios los conservó
intactos en el fuego. La oración de agradecimiento de
los tres jóvenes sirve de modelo para los irmos de los
cánticos octavo y noveno del canon del servicio
matutino.
Sobre la actividad de Daniel durante los siete años del
reinado de los tres herederos de Nabucodonosor (Evil-Merodac,
Neriglisor y Lavosoadac) no se conoce nada. El asesino
de Lavosoardac, Nabonid cogobernó con su hijo Belsasar.
En el primer año de Belsasar, Daniel tuvo una visión
sobre los cuatro reinos, que se trasformó en la visión
del cielo y de Dios en la imagen del "Anciano" y del
"Hijo del Hombre" (o sea el Hijo de Dios que tenía que
encarnarse (Dn. cap.7). Como sabemos de los Evangelios
el Salvador se llamaba a sí mismo a menudo "Hijo del
Hombre," haciéndole recordar a los judíos la profecía de
Daniel. Durante el juicio del Sinedrión, cuando el sumo
sacerdote Le preguntó a Jesucristo si Él era el
prometido Mesías, el Señor indicó directamente la visión
de Daniel y le recordó sobre la gloria celestial del
Hijo del Hombre (Dn. cap. 7; Mt. 26:64). La parte más
importante de la visión de Daniel se refiere a los
tiempos precedentes al fin del mundo y al Juicio final.
Pero algunos rasgos de esta profecía predicen las
persecuciones de Antíoco Epífanes en el III siglo a.C. y
las persecuciones a la Iglesia en los tiempos del
anticristo.
La visión siguiente, anotada en el tercer año de
Belsasar sobre dos monarquías bajo el aspecto de un
macho cabrío y de un carnero también se refiere al fin
del mundo. Estas visiones tienen caracteres comunes con
visiones del Apocalipsis de San Juan el Teólogo (Dn. cap.
7-8; Ap., cap. 11-12 y 17).
Babilonia fue tomada por el rey Darío de Media, en el
decimoséptimo año del reinado de Belsasar (539 a.C.).
Belsasar fue asesinado durante la conquista de la
ciudad, tal como le fue profetizado por una mano
misteriosa que escribió sobre una pared: MENE, MENE,
TEKEL, UPARSIN (tú eres insignificante y tu reino será
dividido por Medos y Persas (Dn 5:25-31). Daniel le
interpretó esta inscripción a Belsasar. Anteriormente,
la caída de Babilonia fue predicha por los profetas
Isaías y Jeremías (Is. caps. 13-14 y 21; Jer. cap.
50-51). En el libro del Apocalipsis Babilonia representa
al reino del mal mundial (Apoc. 16-19).
En el reinado Darío de Media, Daniel era uno de los tres
principales dignatarios del reino. Los cortesanos
paganos calumniaron a Daniel ante el rey por envidia y
con astucia lograron que Daniel fuera tirado a un pozo
con leones. Pero Dios conservó su profeta intacto (Dn.
cap. 6). Más tarde Daniel recibió una revelación sobre
las "setenta séptimas" (70 por 7 = 490 años) en la que
se señala la época de la llegada del Mesías. (Dn. cap.
9).
Daniel fue prosperando durante el reinado de Darío, y
durante el reinado de Ciro, Persa. No sin su influencia
Ciro dictó el decreto (536 a.C.) sobre la liberación de
los hebreos del cautiverio. Según la tradición el
profeta Daniel le mostró a Ciro la profecía de Isaías
sobre él (Is. 44:28-45: 13). Sorprendido por esta
profecía a cerca de sí mismo, el rey reconoció el poder
del Señor y le ordenó a los hebreos construir el templo
de Jerusalén en Su honor (1 Esdras cap. 1). En este
reinado, Daniel por segunda vez fue milagrosamente
salvado de los leones tras haber matado al dragón
venerado por los paganos (Dn. cap. 14). En el tercer año
del reinado de Ciro en Babilonia, Daniel tuvo una
revelación sobre el futuro destino del pueblo de Dios
con relación a la historia de los países paganos (Dn.
caps. 10-12). Las predicciones sobre las persecuciones a
la fe hacen referencia tanto a las de Antíoco Epífanes
como a las del anticristo.
Sobre el siguiente destino de Daniel poco se sabe. Murió
muy anciano con una edad cercana a los novena años
probablemente en Suzac (Ekbatana). Su libro comprende
catorce capítulos y los primeros seis constituyen una
reseña histórica. En ellos se relata como la gloria de
Dios se difundía durante el cautiverio tanto entre los
judíos como entre los paganos. Los capítulos del siete
al doce son proféticos y contienen las visiones sobre el
futuro destino de los pueblos paganos entre los que
vivían los judíos y sobre el destino del Reino de Dios,
es decir, la Iglesia.
Es sorprendente la exactitud con la que Daniel profetizó
la cronología de la llegada del Mesías y del comienzo
del Nuevo Testamento.