
Santa Bárbara - Megalomártir
4 de Diciembre
Santa Bárbara fue la única
hija de un noble pagano, quien pronto se quedó viudo.
Dioscórides, su padre, fue un hombre poderoso, quien
estaba acostumbrado a la completa obediencia de sus
subalternos. Amaba a su hija más que cualquier cosa en
el mundo y de acuerdo a su pagano pensar le deseaba
solamente los bienes terrenales. Vivía Santa Bárbara en
Heliópolis en Fenicia (al norte de Tierra Santa) a fines
del III y principios del IV siglos. Pensando que el
trato con la gente haría que Bárbara conozca la gente no
deseada, Dioscórides edificó para ella una magnífica
vivienda con una alta torre y dio la orden de que no
salga.
Estando sola, la joven Bárbara
se consolaba sentada al lado de la ventana de su torre
mirando con fascinación la belleza de los alrededores. A
ella le gustaba ver la vista de las colinas que
desaparecían a lo lejos, el suave verdeo de los valles,
la blancura de las nubes que se desplazaban sobre el
celeste firmamento, el aroma de las flores del campo y
de la hierba. Cuando oscurecía, ver como miríadas de
estrellas, una detrás de otra, se encendían sobre el
oscurecido cielo. El alma joven de Bárbara tenía un gran
deseo de conocer al Creador de esta divina belleza. Las
contestaciones de sus educadores paganos no la
satisfacían y después de pensar mucho Bárbara llegó a la
conclusión de que debe ser un Creador bueno, con
profunda sabiduría y todopoderoso quien creó todo y a
todo le dio vida. A Él quiso conocer Bárbara.
Cuando Bárbara llegó a la
mayoría de edad, su padre decidió casarla. Empezaron a
visitarla muchos pretendientes, pero ella los rechazaba,
utilizando diferentes argumentos. Entonces, el padre
pensó que ella se hizo insociable porque estaba
encerrada mucho tiempo y le permitió salir de la casa y
conocer gente. Dios hizo que Bárbara conozca a los
jóvenes cristianos y ellos le contaron sobre Dios —
Creador y sobre Cristo Salvador. Ella, con su sensible
alma entendió que finalmente encontró lo que buscaba
desde hacía tiempo. Se hizo cristiana y se bautizó a
escondidas de su padre.
Cuando Dioscórides regresó a
la casa, el vio con asombro que en el baño, que se
edificaba para Bárbara, había tres ventanas en vez de
dos que el ordenó hacer y sobre el mármol había un
dibujo de una cruz. En una tensa conversación con su
padre Bárbara no pudo ocultar más su creencia cristiana.
Ella explicó que las tres ventanas simbolizan la Santa
Trinidad y la cruz dibujada en memoria del crucificado
Salvador. Enfurecido Dioscórides quiso matarla con su
espada, pero Bárbara huyó.
Dioscórides la encontró recién
al día siguiente y la dejó encerrada durante varios días
sin comida. Después, el entregó a Bárbara al intendente
de la ciudad Martiano como cristiana y dijo: "Haga con
ella lo que quieres. Yo no quiero saber nada con ella."
Seducido con la belleza de la
joven, Martiano trató al principio de convencerla con
palabras dulces para que abjure de su credo y que haga
una ofrenda a los ídolos paganos, pero Bárbara rechazó
categóricamente su ofrecimiento y con coraje declaró
delante de todos que es cristiana, que cree en Cristo
como Dios y Salvador de los hombres. Esta firme
declaración de la joven enfureció al intendente y él
ordenó que la martiricen moralmente y físicamente. Ni su
desnudez, ni azotes públicos con tendores de los bueyes
que provocaban horribles heridas, hicieron dudar al
fuerte espíritu de Bárbara. Durante sus sufrimientos
ella rezaba al Dios sin parar, encomendándose a Él.
Después de que la martirizaron
por segunda vez, la Santa fue encarcelada. Ahí, en la
cárcel ella fue honrada con la aparición del Mismo
Cristo Salvador, quien le curó las heridas y le prometió
una gran recompensa en el Cielo.
Por la mañana, los verdugos
vinieron a la cárcel y para su asombro encontraron a la
mártir completamente sana. Pero ellos no comprendieron
la evidencia del milagro y pensaron que sus dioses
paganos la curaron. El intendente trató de obligar
nuevamente a la Santa de hacer ofrenda a los ídolos,
pero ella fue inconmovible. Entonces empezaron nuevos
suplicios y la Santa encontraba nuevas fuerzas
espirituales en su ardiente oración a Dios. Viendo que
ni suplicios, ni halagos podían obligarla a abjurar el
intendente ordenó decapitarla. Para ofenderla más, el
intendente ordenó que la lleven al lugar del suplicio
completamente desnuda. Pero el Señor hizo milagro para
tranquilizar a su mártir, una luz sobrenatural la
envolvió como si fuera una vestimenta y los paganos no
pudieron ver su desnudez. Antes del martirio, santa
Bárbara pidió a Dios que todos los que se acordarán de
su martirio y pidan su ayuda queden liberados de una
muerte súbita. El Señor escuchó el pedido de la mártir y
ella oyó la voz que le prometía esto.
Completamente enfurecido, su
propio padre la decapitó. Con Bárbara fue decapitada
cristiana Juliana. Viendo los sufrimientos de Bárbara,
ella reprochó al intendente su crueldad.
El justo juicio Divino sobre
los torturadores no se hizo esperar mucho, en el mismo
día el padre de Bárbara y el intendente fueron muertos
con un rayo que los pulverizó.
Las reliquias de la Mega
Mártir Bárbara se conservaban en la iglesia griega
durante varios siglos. En el año 1108 la princesa griega
Bárbara se casó con el príncipe de Kiev Sviatopolk
Iziaslavovich. Ella trajo consigo las reliquias de su
celeste protectora que fueron colocados en el monasterio
Michailovsky-Zlatoverj en Kiev.