Concepción de la Santísima Virgen María
9 de diciembre
El nueve de diciembre la
Iglesia Ortodoxa celebra la fiesta de la concepción de la Santísima Virgen
María por sus padres los Santos Joaquín y Ana. En
esta gran fiesta que se encuentra en la cuaresma de preparación de la
Navidad, los fieles se regocijan por su concepción en el cumplimiento de las
oraciones de sus padres con el fin de que sea formada en el vientre, nacida
en la tierra, dedicada a la Señor,
y nutrida en la santidad para ser por la gracia de Dios, la madre de su
Hijo, el Mesías.
La Iglesia Ortodoxa, particularmente en el presente, no
llama a la fiesta del comienzo de la vida de María la "inmaculada
concepción", aunque tal vez en tiempos remotos este título hubiera sido
aceptado en su totalidad. Esto
no se debe a que los ortodoxos consideran la concepción de María que ha sido
de alguna manera "maculada" o "manchado" (mácula significa "mancha" en
latín).Simplemente
significa que los ortodoxos no quieren apoyar a la convicción de que Dios
había alguna manera de intervenir en el momento de la concepción de María,
con una acción especial para quitar la "mancha" del pecado original
transmitido por el acto de la reproducción humana, ya que, en pocas
palabras, los ortodoxos no sostenemos que tal "mancha" que existe.
La
Iglesia Ortodoxa afirma la existencia del pecado original. La
teología ortodoxa enseña que todos los seres humanos, incluida la Virgen
María, que es un "simple ser humano", como el resto de nosotros - a
diferencia de su Hijo Jesús, que es un "humano realmente" pero no un "simple
ser humano", porque Él es el Hijo encarnado y
la Palabra de Dios - han nacido en un mundo cuya “apariencia va a
desaparecer” y es un mundo caído, atado a la muerte y con los engaños del
demonio (1 Cor 7:31). Todos
hemos nacido mortales y con tendencia hacia el pecado. Pero
no hemos nacido culpables de ningún pecado personal. Tampoco
nacemos manchados por la manera en que somos concebidos por la unión sexual
de nuestros padres. Si
la unión sexual en el matrimonio es en algún sentido pecaminosa, o la causa
en sí misma de cualquier pecado o mancha, incluso en las condiciones del
"mundo caído", entonces, como inclusive el riguroso San Juan Crisóstomo ha
enseñado, Dios es el pecador, porque Él
nos hizo de esta manera, hombres y mujeres, desde el principio.
María es
concebida por sus padres, ya que todos somos concebidos. Pero
en su caso se trata de un acto puro de fe y amor, en obediencia a la
voluntad de Dios, como respuesta a la oración. En
este sentido, su concepción es realmente "inmaculada". Y
su fruto es la mujer que permanece por siempre la Purísima Virgen y Madre de
Dios.
Venid,
vamos a bailar en el espíritu!
Vamos a cantar alabanzas
dignas de Cristo!
Vamos a celebrar
la alegría de Joaquín y Ana,
La concepción de la
Madre de nuestro Dios,
Ya que ella es el
fruto de la gracia de Dios.
Notas
[1] La fiesta se llama
oficialmente la Concepción de la Madre de Dios. La
Natividad de María se celebra el 8 de septiembre. Una
tradición popular entre los ortodoxos, dice que el período de nueve meses y
un día es a propósito, para ilustrar la "mera humanidad" de María, a
diferencia de la "humanidad divina" de su Hijo, cuya concepción en la fiesta
de la Anunciación se celebra el 25
de marzo, exactamente nueve meses antes de su nacimiento.
[2] Véase Juan Crisóstomo, El Tito, Homilía 2.
Una de las diferencias entre la Iglesia Ortodoxa y la Romana es que
estos aceptan la idea de que la Madre de Dios fue concebida exenta
del pecado original, careciendo esta idea de fundamento en la
tradición de la Iglesia. Menos aún se puede admitir esta idea como
un dogma tal y como fue proclamado por el papa Pío IX en 1854 (Bula
Ineffabilis Deus).
¿Por qué no se puede admitir? Porque este supuesto privilegio, que
incluso fue rechazado durante siglos por los mismos católico-romanos
y que se ha impuesto más por un sentimiento piadoso y por la
tenacidad de algunos reyes y ordenes religiosas como los
franciscanos (los dominicos rechazaron siempre este error) que por
auténtico convencimiento teológico, corta a María de sus raíces
humanas, disminuye su grandeza natural, su libertad personal, su
papel en la salvación del hombre, y debilita la acción salvadora del
Verbo. Sólo Cristo es el único sin pecado.
María es elegida pero no predeterminada como lo recuerda san Juan
Damasceno. No es un robot programado para decir "sí" en el momento
de la Encarnación del Verbo. Ella es Hija del pueblo elegido y no
está ella desligada de la humanidad caída; criatura humana,
santificada en el momento de la Anunciación por el Espíritu Santo
que la cubrió con su sombra y magnificada bajo la mirada de Dios, no
está exenta de pecado.
Con la Madre de Dios, se abre una nueva era, la de la
reconciliación. María deviene la Madre de todos los vivos, Eva
perfeccionada. Ella es el icono de la Iglesia que recibe el Verbo de
Dios por el arrepentimiento. En María, la Iglesia tiene su
hipóstasis propia y creada, su perfección se ha realizado ya en una
persona humana plenamente unida a Dios, encontrándose más allá de la
Resurrección y del Juicio.
El Pecado Original
Para la Iglesia Oriental, los hombres sufrimos las
consecuencias del pecado original (el primer pecado) de Adán
y Eva. La consecuencia principal de ese primer pecado es la
muerte, que también genera pasiones (dolor, sufrimientos,
enfermedades) y sobre todo, una tendencia innata al pecado.
La Iglesia Católica, según la teología de San Agustín añade
otras innovaciones y establece que los hombres, además de
las consecuencias, sufren la culpa del pecado original y son
responsables de esa culpa.
Inmaculada Concepción de la Madre de Dios
Este tema está relacionado a la interpretación que hacen los
latinos sobre el pecado original, pues según ellos, todos
los hombres que siguieron a Adán, somos culpables de ese
pecado. Esta interpretación era tan inconsistente y
exagerada que provocó dudas respecto a la Madre de Dios,
ciertamente la idea de que ella podría ser también culpable
del pecado de Adán horrorizaba a los teólogos occidentales.
Fue por esto que en los años 1800's la Iglesia Romana creó
otro dogma mencionando que la Madre de Dios había nacido sin
el pecado original (Inmaculada Concepción) y que ella nunca
pecó, ya que ella fue exenta por el espíritu santo de
heredar esa culpa de Adán.
Para la Iglesia Oriental, no había ninguna necesidad de
hacer lo que los teólogos latinos hicieron, ya que la Virgen
nunca nació con la culpa de Adán, nadie nació con esa culpa.
La Iglesia Ortodoxa enseña que la Madre de Dios, por su
papel tan especial en el Plan Divino, fue llevada al cielo
en cuerpo y alma. Ella está ahora a los pies de su Hijo,
intercediendo por todos aquellos que imploran por su
misericordia. Tanto católicos como ortodoxos creen en la
intercesión de la Virgen y los santos, que reflejan la
unidad de la Iglesia del cielo, y la Iglesia e la tierra.
Santa Ana
El protoevangelio de Santiago cuenta que
los vecinos de Joaquín, espóso de Santa Ana, se burlaban de él
porque no tenía hijos. Entonces, el santo se retiró cuarenta días al
desierto a orar y ayunar, en tanto que Ana (cuyo nombre significa
Gracia) se quejaba en dos quejas y se lamentaba en dos
lamentaciones. Cuando Ana se hallaba sentada orando bajo un laurel,
un ángel se le apareció y le dijo: “Ana, el Señor ha escuchado tu
oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se
hablará en todo el mundo.” Ana respondió: “Vive Dios que consagraré
el fruto de mi vientre, hombre o mujer, a Dios mi Señor y que le
servirá todos los días de su vida.” El ángel se apareció también a
San Joaquín. A su debido tiempo, nació María, quien sería un día la
Madre de Dios. La mejor prueba de la antigüedad del culto a Santa
Ana en Constantinopla es que, a mediados del siglo VI, el emperador
Justiniano le dedicó un santuario.