Santa Xenia de Roma
S
anta
Xenia era la hija única del famoso senador de Roma, Eusebio. Siendo
todavía muy joven, ella decidió quedarse virgen y para evitar el
matrimonio partió rumbo a Alejandría, junto con dos esclavas. Una
vez allí, convenció a sus acompañantes de llamarla Xenia, lo que en
griego significa "peregrina," para que sea más difícil encontrarla.
Cuando se encontró con el abad del convento del apóstol Andrés,
quien estaba en la ciudad Mileto (en Caria) ella le pidió que la
lleve junto con sus acompañantes a la ciudad de Milass. Allí ella
compró un terreno y construyó una Iglesia consagrada a San Esteban y
organizo un monasterio de mujeres. Dentro de poco, por su vida
ejemplar, el obispo de Milass la elevó a la dignidad de diaconisa.
Verdaderamente ella llevaba la vida de un ángel. Amaba a todos,
prestaba ayuda a todos, lo que estaba a su alcance. Era la
benefactora de los pobres, la consoladora para los doloridos y la
preceptora para los pecadores. Por su profunda humildad, ella se
consideraba a sí misma como la peor de todas y la más pecadora de
todos. Santa Xenia salvó a muchas almas. Falleció en la segunda
mitad del siglo V. Durante su fallecimiento ocurrieron milagrosos
signos.
Bienaventurada Xenia de Petersburgo
S
anta
Xenia Grigorievna, fue la esposa del coronal Andrey Fedorovich
Petrov, quien trabajaba como cantor palaciego. Al quedarse viuda a
los 26 años aparentaba haber perdido la razón por el dolor. Ella
repartió a todos sus bienes entre los pobres, se vistió con la ropa
de su difunto esposo y como olvidándose de su propio nombre se
llamaba con el nombre de su esposo, Andrey Fedorovich.
Estas rarezas no se relacionaban con la pérdida de la razón, sino
significaban el desprecio absoluto a los bienes terrenales y a la
opinión humana, que ponía estos bienes en el centro de la
existencia. Así Xenia de Petersburgo aceptó la pobreza de espíritu
por el Cristo.
Al
conocer con la muerte de su amado esposo toda la inconstancia y lo
ilusorio de la felicidad en la tierra, Xenia con todo su corazón se
dirigió a Dios y solo en Él buscaba protección y consuelo.
Los
efímeros bienes terrenales dejaron de tener algún interés para ella.
Xenia tenía una casa pero la entregó a una conocida con la condición
de que ahí se dará refugio a los pobres. Sin tener refugio, ella
erraba entre los pobres de Petersburgo y por la noche se iba al
campo, donde pasaba la noche rezando.
Cuando en el cementerio Smolenskoe comenzaron a construir la
iglesia, al oscurecer y en secreto, Xenia llevaba los ladrillos
arriba de la construcción y con eso ayudaba a los albañiles a
levantar las paredes de la iglesia.
Unos parientes de Xenia quisieron acomodarla y darle todo lo
necesario para vivir, pero ella les contestaba: "Yo no necesito
nada." Ella se alegraba con su miseria y cuando llegaba a algún
lugar decía: "Estoy toda aquí." Cuando la ropa de su difunto esposo
se redujo al polvo, Xenia se vistió con la ropa más pobre y en los
pies llevaba calzado roto sin medias. Ella no usaba abrigo obligando
a su cuerpo sufrir el frío.
Sintiendo la grandeza del espíritu de venerable Xenia, los
ciudadanos de Petersburgo la querían porque ella despreció lo
terrestre por el Reino de Dios. Cuando Xenia entraba en la casa de
alguien esto se consideraba una buena señal. Las madres se ponían
contentas cuando ella besaba al niño. Los cocheros pedían permiso
para llevarla un poquito, porque después las ganancias estaban
aseguradas para todo el día. Los vendedores en las ferias trataban
de darle algo y si Xenia lo aceptaba, toda la mercadería de este
vendedor se vendía muy rápido.
Xenia tenía el don de perspicacia. En vísperas de Navidad del año
1762 ella caminaba por Petersburgo diciendo: "preparen los
panqueques, mañana toda la Rusia va a hacer los panqueques. Al día
siguiente falleció la emperatriz Elisaveta Petrovna. Unos días antes
del asesinato del joven de la familia del zar, Juan VI Antonovich
(el tataranieto del zar Alexey Mijailovich), el que en su niñez fue
proclamado emperador ruso. La bienaventurada lloraba y repetía:
"sangre, sangre, sangre." Unos días después de la fracasada
conspiración de Mirovich, el joven Juan fue asesinado.
Una
vez Xenia vino a casa donde había una hija grande. Dándose la vuelta
y mirando a la joven, dijo: "tu estas tomando el café aquí y tu
marido en Ojta esta enterrando a su esposa. Tiempo después esta
joven se casó con un viudo y quien en aquel momento estaba
enterrando a su primera esposa en el cementerio de Ojta.
La
bienaventurada Xenia falleció al final del siglo XVIII, pero la
leyenda no conservó ni el año, ni el día de su muerte. La enterraron
en el cementerio Smolenskoe donde ella ayudaba a construir la
iglesia. La peregrinación a su tumba comenzó al poco tiempo de su
fallecimiento. Bienaventurada Xenia muchas veces aparecía a la gente
que se encontraba en circunstancias difíciles, advirtiendo sobre los
peligros y salvando de los siniestros.
La
Bienaventurada no paraba de prestar su amor comprensivo a todos
aquellos que con fe pedían ayuda. Se conocen muchos casos de su
ayuda a los que sufrían y a los que estaban en situaciones
desesperantes.
El
empleado público Nicolay Selivanovich Golovin vivía en la ciudad
Grodno, alrededor de 1907, y muchas veces tenía disgustos en el
empleo. Vino a Petersburgo para organizar sus asuntos, pero las
cosas se complicaron más. Golovin era muy pobre y tenía una madre
anciana y dos hermanas, todos estaban a su cargo. Desesperado él
caminaba por las calles de Petersburgo y aunque era una persona
creyente, en su alma comenzó a deslizarse el pensamiento sobre la
posibilidad de tirarse al río Neva. En este momento apareció una
desconocida que lo asombró con su apariencia y le recordaba a una
monja pobre. "¿Por qué estas tan triste?" Preguntó ella. "Vaya al
cementerio Smolenskoe y pedí oficiar una misa por la difunta Xenia y
todo se arreglará." Después de estas palabras la desconocida se hizo
invisible. Golovin cumplió el consejo de esta misteriosa monja e
inesperadamente sus asuntos se arreglaron de la mejor manera. Muy
contento Golovin regresó a su casa en Grondo.
El
emperador Alejandro III, cuando todavía era el heredero al trono, se
enfermó de tifus en forma grave. Su esposa María Fedorovna estaba
muy preocupada por la enfermedad de su esposo. Uno de los ayudantes
de cámara al encontrarse con ella en el pasillo le contó como la
bienaventurada Xenia ayuda a los enfermos y le dio la arena juntada
de la tumba de la bienaventurada Xenia y agregó que él mismo se
había curado de una enfermedad gracias a la oración de
bienaventurada. La Gran Duquesa colocó la arena debajo de la
almohada del enfermo y la misma noche, cuando estaba sentada en la
cabecera, tuvo la visión de la bienaventurada Xenia, la que le dijo
que el enfermo recobrará la salud y que en su familia nacerá una
hija. Deben llamarla Xenia. La predicción de la bienaventurada se
cumplió exactamente. Una hacendada de la provincia de Pskov tenía un
pariente en Petersburgo, quien estaba de visita en su casa. El
pariente le contó como honraban en la capital a la bienaventurada
Xenia. Impresionada por lo que escuchó, la piadosa hacendada, antes
de acostarse a dormir, rezó por el descanso de su alma. Por la noche
soñó que Xenia caminaba alrededor de su casa y la regaba con el
agua. Por la mañana se prendió el fuego en el henil, pero el fuego
no se desplazó más allá y la casa quedó intacta. La viuda de un
coronel llegó a Petersburgo para inscribir en el cuerpo de cadetes a
sus dos hijos. Pero no tuvo éxito. El dinero que ella había llevado
para el viaje se estaba acabando y la viuda caminaba por las calles
llorando de la desesperación. De repente se le acercó una mujer
plebeya y le dijo: "Pedí que oficien una misa por la difunta Xenia,
ella ayuda en las desgracias." "¿Quién es Xenia?" Preguntó la viuda.
"La lengua te puede llevar hasta Kiev" (un dicho ruso) le contestó
la mujer y desapareció rápidamente. Realmente, la viuda del coronel
pudo averiguar fácilmente quien era Xenia. Pidió oficiar una misa
por los difuntos sobre su tumba en el cementerio Smolenskoe e
inesperadamente pronto recibió la noticia que sus dos hijos fueron
aceptados en el cuerpo de cadetes.
Se
conocen muchos casos sobre la ayuda de la bienaventurada Xenia. La
gente rusa es reflexiva sobre la interacción del mundo del cielo y
de la tierra y ya va el segundo siglo que recuerdan a la
bienaventurada Xenia en sus oraciones.