
San Juan
Crisóstomo
13 de Noviembre
El más grande y amado entre
todos los oradores cristianos, San Juan Crisóstomo,
nació en Antioquia entre los años 344-347; provenía de
una noble familia, Secundo, funcionario civil en la
administración militar de Siria, quien muere poco tiempo
después del nacimiento de Juan; y Anthusa, una excelente
mujer y una cristiana ejemplar, viuda a la edad de
veinte años, quien se hizo cargo de la educación piadosa
y esmerada de su hijo, así como de su primera hija. Juan
recibió su enseñanza literaria del filósofo
Anthragathius y de Livanio, el sofista, quien fuera el
más grande maestro de la escuela retórica griega en
aquel tiempo. Livanio era pagano, y cuando le
preguntaron antes de su muerte a quien consideraba su
mejor sucesor, contestó: "Por supuesto a Juan, si los
cristianos no lo hubiesen separado de nosotros," y sobre
la madre de Juan opinó: "¡Qué dignas mujeres tienen los
cristianos!"
Después de terminar sus estudios Juan ocupó el puesto de
abogado y se hizo muy famoso por su elocuencia. Pero muy
pronto la vida mundana lo aburrió. Al recibir el
bautismo a la edad adulta, según las costumbres de
aquellos tiempos, quiso alejarse al desierto, pero se
quedó en la ciudad por petición de su madre.
Mientras tanto el obispo de
Antioquia Meletio se enteró de su extraordinaria
inteligencia y lo ordenó lector en el año 370. En este
tiempo Juan estaba estudiando las Escrituras Sagradas y
otras ciencias relacionadas con la teología.
Al fallecer su madre, pudo
cumplir su más gran deseo. Del año 374 al 381 vivió vida
monástica en una ermita cerca de Antioquía; su extremo
ascetismo minó su salud obligándolo a regresar a
Antioquía, donde San Meletio lo ordenó diácono en el año
381.
San Meletio fue llamado a
Constantinopla para presidir el Segundo Concilio
Ecuménico durante el cual se durmió en el Señor. En el
año 386 el obispo Flaviano ordena a Juan presbítero de
la Iglesia de Antioquía. Los doce años de su servicio en
Antioquia fueron los años más felices de su vida.
Predicaba sin parar y participaba de manera muy activa
en las alegrías y tristezas de sus parroquianos. Muchas
veces sus sermones eran interrumpidos por fuertes
aplausos. Juan calmaba al público diciendo: "¿Para qué
me sirven sus aplausos? Arrepentimiento y conversión de
vida hacia Dios, son los mejores elogios para mí de
parte de ustedes." Especialmente Juan se hizo famoso por
sus palabras referidas a las desgracias que amenazaban a
la gente de Antioquia por derrumbar las estatuas de los
emperadores. Muy pronto, en todo el mundo cristiano Juan
se hizo famoso como “El Crisóstomo” (Boca de oro) (este
nombre le fue dado por su gran elocuencia). Dada su fama
fue elegido por el pueblo como sucesor de San Nectario
–quien a su vez había sucedido a San Gregorio el
Teólogo-; y fue consagra de Constantinopla el 28 de
febrero de 398 por Teófilo, Patriarca de Alejandría.
Los primeros tiempos de su
patriarcado fueron muy agradables para Juan: empezó a
luchar con todas sus fuerzas contra lo que quedaba del
arrianismo, por establecer la paz entre algunos obispos
que estaban en conflicto y por corregir al clero y a los
parroquianos. Pero esta enérgica actividad le trajo
muchos enemigos, la más importante de entre ellos, la
emperatriz Eudoxia, quien encabezaba la lucha contra
Juan. Eudoxia era una mujer frívola y ambiciosa, había
atraído a su grupo al Arzobispo Teófilo y junto con él
se unieron los obispos descontentos con Juan. Estos
obispos organizaron un concilio en una ciudad cerca de
Calcedonia llamada la Encina en agosto del 403 y
condenaron a Juan a dejar la cátedra y al exilio en el
Ponto.
"La iglesia de Cristo no
comenzó conmigo ni terminará conmigo" — les dijo Juan a
los fieles y dejó la capital. Pero la misma noche hubo
un terrible terremoto y sus golpes más fuertes se
escucharon en el palacio. Asustada Eudoxia mandó pedir
al Crisóstomo que regresará a la ciudad. Pronto el
ambiente de reconciliación se transformó en nuevos
enfrentamientos con Eudoxia. Pasaron dos meses y Eudoxia
se entregó nuevamente a sus pasiones y vicios. En la
fiesta de San Juan Bautista, el Crisóstomo inició su
sermón con estas palabras: “Ya se enfurece nuevamente
Herodías, nuevamente se conmueve, baila de nuevo y
nuevamente pide en una bandeja la cabeza de Juan”. Sus
adversarios consideraron estas palabras como una alusión
a Eudoxia. Esta vez Juan fue condenado por rebeldía y
fue enviado al exilio a Cucusa en el año 404, en la
frontera de Cilicia y Armenia, adonde durante tres años
acudían desde Antioquía muchos de sus antiguos fieles,
por lo que sus enemigos decidieron desterrarlo a Pitio,
lugar inhóspito cerca del Cáucaso.
El arduo viaje de 3 meses
estuvo lleno de contrariedades y sufrimientos; los rudos
guerreros llevaban al Santo caminando a través de las
montañas con calor y lluvia torrencial. El Santo no
alcanzó a llegar a Pitio; entregó su alma al Señor cerca
de Comana, en el Ponto, en la capilla del Mártir
Basilisco, donde, durante la noche tuvo la visión del
Santo Mártir, quien le dijo: "No te entristezcas,
hermano, mañana estaremos juntos." Al día siguiente, por
la mañana, después de comulgar los Santos Dones, y de
pronunciar las palabras: "¡Gloria a Dios por todo!" San
Juan Falleció en paz el 14 de septiembre de 407.
Sus santas reliquias fueron
trasladadas a Constantinopla 31 años después por el
Emperador Teodosio el Joven y Santa Pulcheria. Los hijos
de Arcadio y Eudoxia con fervientes suplicas pidieron
perdón por los pecados de sus padres; el retorno de
estas santas reliquias es celebrado el 27 de enero. El
Crisóstomo hizo exhaustivos comentarios sobre las
Sagradas Escrituras y es el autor con más número de
obras entre los Padres de la Iglesia. Nos dejó
comentarios sobre todo el libro del Génesis, los
Evangelios de San Mateo y San Juan, Hechos de los
Apóstoles y sobre todas las epístolas de San Pablo; 1447
sermones y 240 epístolas. Junto con esta conmemoración y
la del 27 de enero, se le conmemora con los jerarcas de
la Iglesia Basilio el Grande y Gregorio el Teólogo el 30
de enero.