
SAN
DIONISIO EL AREOPAGITA
3 de
Octubre
Este santo es el
que se menciona en Los Hechos de los
Apóstoles junto con Damarás su esposa. Se
convirtió a la Fe en nuestro Señor
Jesucristo por las manos del Apóstol Pablo
durante su visita a Atenas. Dionisio era uno
de los consejeros de la suprema corte de
justicia, llamada comité de Areópago y
conocedor de la filosofía griega. Se dice
que en el día de la crucifixión del Señor en
Jerusalén, Dionisio vio un eclipse solar que
rompía las reglas de la astronomía
reconocida en aquel entonces, luego dijo: “O
Dios está dolorido o es que ha llegado el
fin del mundo.”
Cuando San Pablo pasó por este centro
cultural de Atenas, el Areópago, dijo su
famosa homilía: “Atenienses, veo que
vosotros sois, por todos los conceptos, los
más respetuosos de la Divinidad. Pues al
pasar y contemplar vuestros monumentos
sagrados, he encontrado también un altar en
el que estaba grabado esta inscripción: ‘Al
Dios desconocido.’ Pues bien, lo que adoráis
sin conocer, eso os vengo yo a anunciar...”
(Hch. 17, 22-31) y les predicó al Dios
verdadero, aunque muchos empezaron a
burlarse de Pablo y de su prédica, otros
pocos se adhirieron a él y creyeron; entre
ellos estaba Dionisio.
La Tradición nos dice que Dionisio fue el
primer obispo de Atenas. También se menciona
de él que en la Dormición de la Santísima
Madre de Dios, se presentó en el Espíritu
Santo. Vivió noventa años y fue decapitado
durante la persecución del Emperador
Domiciano (96 d.C.). Su cráneo está guardado
en el monasterio Búlgaro Doquiario en el
monte Atos.
Desde el siglo V se divulgaron unos escritos
místicos que tuvieron cierta importancia en
la Iglesia con el nombre de “Dionisio el
Areopagita”, pero hoy los exigentes afirman
que estos escritos pueden no haber sido obra
de San Dionisio sino que, lo más probable,
fueron escritos por un desconocido de las
tierras sirias en las últimas décadas del
siglo V, por lo cual hoy estos escritos se
conocen con el título de “Escritos apócrifos
de Dionisio el Areopagita.”
Dionisio Areopagita:
TEOLOGÍA MÍSTICA
Sumario
-
EN QUÉ CONSISTE LA DIVINA TINIEBLA
-
CÓMO DEBEMOS UNIRNOS Y ALABAR AL AUTOR DE TODAS LAS
COSAS, QUE TODO LO TRASCIENDE
-
QUÉ SE ENTIENDE POR TEOLOGÍA AFIRMATIVA Y TEOLOGÍA
NEGATIVA
-
QUE NO ES NADA SENSIBLE LA CAUSA TRASCENDENTE A LA
REALIDAD SENSIBLE
-
QUE LA CAUSA SUPREMA DE TODO LO INTELIGIBLE NO ES
ALGO INTELIGIBLE
rinidad
supraesencial y más que divina y más que buena, maestra
de la divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del
no saber y de la luz, hasta la cima más alta de las
Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples,
absolutos e inmutables de la teología se revelan en las
tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de
las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan,
absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de
hermosísimos fulgores que inundan nuestras
inteligencias, que saben cerrar los ojos.
Ésta es mi oración. Timoteo,
amigo mío, entregado por completo a la contemplación
mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones
intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible.
Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no
son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no
saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo
saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento
de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del
todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de
tinieblas de la divina Supraesencia.
2. Pero ten cuidado de que
nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos
que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay
nada más allá de lo que existe en la naturaleza física,
individual. Piensan, además, que con su mística razón
pueden conocer a aquel que "puso su tienda en las
tinieblas". Y si esos no alcanzan a comprender la
iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de
quienes son verdaderos profanos, de aquellos que
describen la Causa suprema de todas las cosas por medio
de los seres más bajos de la naturaleza y proclaman que
nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos
mismos se fabrican?
En realidad, debemos afirmar
que siendo Causa de todos los seres habrá de
atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es
supraesencial a todos. Esto no quiere decir que la
negación contradiga a las afirmaciones, sino que por sí
misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a
todas las cosas, anterior y superior a las privaciones,
pues está más allá de cualquier afirmación o negación.
3. En ese sentido, pues, dice
el divino Bartolomé que la teología es al mismo tiempo
abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y
copioso, es también conciso. A mi parecer, ha
comprendido perfectamente que la misericordiosa Causa de
todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad
callada. No es racional ni inteligible, pues es
supraesencial a todo ser. Verdaderamente se manifiesta
sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los
ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras,
a quienes sobrepasan las cimas de las más santas
montañas. A los desprendidos de luces divinas, voces y
palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas
donde, como dice la Escritura, tiene realmente su morada
aquel que está más allá de todo ser.
No en vano el divino Moisés
recibió órdenes de purifícarse primero y luego apartarse
de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las
trompetas de múltiples sonidos y vio muchas luces de
rayos fulgurantes. Ya separado de la muchedumbre y
acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la
cumbre de las ascensiones divinas. Pero todavía no
encuentra al mismo Dios. Contempla no al Invisible, sino
el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las
cosas más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos
e inteligencia no son las razones hipostáticas de los
atributos que verdaderamente convienen a la presencia de
aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin
embargo, se hace manifiesta su inimaginable presencia,
al andar sobre las alturas de aquellas cúspides
inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es
cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve
y es visto, penetra (Moisés) en las misteriosas
Tinieblas del no-saber. Allí, renunciado a todo lo que
pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que
no percibe ni comprende, se abandona por completo en
aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin
pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo
conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con
Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que
nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.

¡Ojalá podamos también
nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad!
¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y
conocer lo invisible e incognoscible: a Aquel que está
más allá de toda visión y conocimiento!
Porque ésta es la visión y
conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de
abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial
en modo sobreesencial. Así como los escultores esculpen
las estatuas, quitando todo aquello que a modo de
envoltura impide ver claramente la forma encubierta.
Basta este simple despojo para que se manifieste la
oculta y genuina belleza.
Conviene, pues, a mi entender,
alabar la negación de modo muy diferente a la
afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los
principios, bajando por los medios y llegar hasta los
últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir
quitándolas desde los últimos extremos y subir a los
principios. Quitamos todo aquello que impide conocer
desnudamente al Incognoscible, conocido solamente a
través de las cosas que lo envuelven.
Miremos, por tanto, aquella
tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de las
cosas.

En mis "Representaciones
teológicas" dejé ya claro cuáles sean las nociones más
propias de la teología afirmativa (catafática); en qué
sentido el Bien de naturaleza divina es Uno y Trino;
cómo se entiende Paternidad y Filiación; qué significa
la denominación divina del Espíritu; cómo estas
cordiales luces de bondad han brotado del Bien
inmaterial e indivisible y cómo al difundirse han
permanecido en él todas unas en otras desde su coeterno
fundamento. He hablado de Jesús, que siendo
supraesencial se revistió sustancialmente de verdadera
naturaleza humana. En las "Representaciones teológicas"
alabé también otros misterios conforme a las Santas
Escrituras.
En el "Tratado sobre los
Nombres de Dios" he explicado en qué sentido decimos que
Dios es el Bien, Ser, Vida, Sabiduría, Poder y todo
cuanto pueda convenir a la naturaleza espiritual de
Dios. En la "Teología simbólica" he tratado de las
analogías que puedan tener con Dios los seres que
nosotros observamos. He hablado de las cosas sensibles
con relación a Él, de formas y figuras, de ministros,
lugares sagrados y ornamentos; de lo que significan el
enojo, las penas y los resentimientos; del sentido que
en Él tienen las palabras de embriaguez y entusiasmo,
juramentos, maldiciones, sueños y vigilias. Y de otras
imágenes con las que simbólicamente nos representamos a
Dios. Supongo habrás notado cómo los últimos libros son
más extensos que los primeros, pues no era conveniente
que las "Representaciones teológicas" y el "Tratado
sobre los Nombres de Dios" fuesen tan amplios como la
"Teología simbólica". El hecho es que cuanto más alto
volamos menos palabras necesitamos, porque lo
inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por
tanto, ahora, a medida que nos adentramos en aquella
Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos a
quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en
perfecto silencio y sin pensar en nada.
En aquellos escritos, el
discurso procedía desde lo más alto a lo más bajo. Por
aquel sendero descendente aumentaba el caudal de las
ideas, que se multiplicaban a cada paso. Mas ahora que
escalamos desde el suelo más bajo hasta la cumbre,
cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. Al
coronar la cima reina un completo silencio. Estamos
unidos por completo al Inefable.
Te extrañas, quizá, de que
partiendo de lo más alto por vía de afirmación
comencemos ahora desde lo más bajo por vía de negación.
La razón es ésta: cuando afirmamos algo de aquel a quien
ninguna afirmación alcanza, necesitamos que se basen
nuestros asertos en lo que esté próximo de Él. Mas ahora
al hablar por vía de negación de aquel que trasciende
toda negación se comienza por negarle las cualidades que
le sean más lejanas. ¿No es cierto que es más conforme a
la realidad afirmar que Dios es vida y bien que no aire
o piedra? ¿No es verdad que Dios está más distante de
ser embriaguez y enojo que de ser nombrado y entendido?
Y en tal sentido es distinto decir que Dios no es
"embriaguez ni enojo" a decir que Dios no es "palabra o
pensamiento" nuestros. Pero fundamentalmente coinciden
en el "no" con respecto a Dios. Por lo cual, éste es el
camino más directo y sencillo y seguro para llegar a
Dios o a la cima, camino de proficientes o perfectos, la
Teología mística.

Decimos, pues, que la Causa
universal está por encima de todo lo creado. No carece
de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia.
No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni
peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto
la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No
sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones
terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la
esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita
luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni
decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa
alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.

En escala ascendente ahora
añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no
tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni
inteligencia. No es palabra por sí misma ni tampoco
entendimiento. No podemos hablar de ella ni entenderla.
No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni
igualdad ni semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni
inmóvil, ni descansa. No tiene potencia ni es poder. No
es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad
ni tiempo. No puede la inteligencia comprenderla, pues
no es conocimiento ni verdad. No es reino, ni sabiduría,
ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad, ni
espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es
filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros
conozcamos. No es ninguna de las cosas que son ni de las
que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa
conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre,
ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni
verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de
ella.
Cuando negamos o afirmamos
algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le
añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece
más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas,
pues toda negación permanece más acá de la trascendencia
de aquel que está simplemente despojado de todo y se
sitúa más allá de todo.
Existen diversas versiones de
este tratado, entre ellas la de Dionisio Areopagita.

Obras completas, Madrid, B. A.
C., 1990, edición a cargo de Teodoro H. Martín.
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