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- El día 6 de enero se celebra la fiesta de la Epifanía o la Teofanía.
- Originalmente la fiesta cristiana de la manifestación de Dios al mundo
en la persona de Jesús de Nazaret se celebraba incluyendo el nacimiento
de Cristo, la adoración de los Reyes Magos, y todos los acontecimientos
de la niñez de Jesucristo como su circuncisión y presentación en el
templo, así como su bautismo por San Juan en el Río Jordán.
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- Esta fiesta, al igual que la Pascua de Resurrección y Pentecostés, se
entendía como la plenitud o cumplimiento de una fiesta judía previa, en
este caso, la Fiesta de las Luces. Hanuka, Dedicación del templo 165
a.C.
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- La palabra Epifanía significa manifestación. Frecuentemente se refiere a
esta fiesta como la Teofanía, tal como se dice en los libros litúrgicos
de la Iglesia Ortodoxa, palabra que significa Manifestación de Dios.
- El énfasis que se da a esta fiesta hoy en día está en la venida de Jesús
como el Mesías de Israel y el Hijo de Dios, Uno de la Santa Trinidad,
junto al Padre y el Espíritu Santo.
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- Así, en Su bautismo por Juan en el Jordán, Jesús se identifica ante los
pecadores como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan
1,29), el “Amado” del Padre cuya tarea mesiánica es la de redimir a los
seres humanos de sus pecados. (Lucas 3,21; Marcos 1,35)
- Es revelado como uno de la Santísima Trinidad, de quien da testimonio
la voz del Padre, y el Espíritu en forma de paloma. Los himnos de la
fiesta glorifican esta Epifanía trascendental, es decir, manifestación.
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- Cuando fuiste bautizado Señor, en el Río Jordán, fue revelada la
adoración a la Santísima Trinidad. Porque la voz del Padre se adelantó
dando testimonio, llamándote Hijo muy Amado. Y el Espíritu en forma de
paloma confirmó la inmutabilidad de esas palabras. Oh Cristo Dios, que
apareciste al mundo, gloria a Ti.
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- Hoy te manifestaste al universo, y Tu Luz, oh Señor, ha brillado sobre
nosotros, quienes con entendimiento clamamos a Ti: Tú has venido y Te
has revelado, oh Luz Inaccesible.
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- Los oficios litúrgicos de la Teofanía reproducen a los de la Navidad,
aunque lo más probable es que haya sido la Epifanía la que sirvió de
modelo para la Navidad, ya que la Navidad fue establecida como fiesta
más tarde.
- En la mañana de la víspera de la fiesta, se celebran las Horas Reales
junto a Vísperas y la Divina Liturgia de San Basilio el Magno.
- La vigilia de la fiesta consiste en Completas Mayores y Matutinos.
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- Las profecías que se leen en la Teofanía repiten las palabras de Isaías
“Dios está con nosotros” y enfatizan la predicha venida del Salvador así
como la venida de su precursor, San Juan Bautista:
- Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor; enderezad
calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájase
todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane; y
toda carne verá la salvación de Dios. (Isaías 40,3-5; Lucas 3,4-6)
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- El versículo bautismal de Gálatas 3,37 reemplaza otra vez al Trisagion. Vosotros…
- Las lecturas del Evangelio seleccionadas para leer en todos los oficios
de la Teofanía hablan del bautismo de Jesús por Juan en el Río Jordán.
La lectura de la Epístola en la Divina Liturgia habla de las
consecuencias de la manifestación del Señor:
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- Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los
hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos
mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando
la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro Gran
Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para
redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio,
celoso de buenas obras.
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- La característica principal de la fiesta de la Epifanía es la Bendición
Mayor de las Aguas.
- De acuerdo con las indicaciones de la Iglesia, se debe celebrar esta
bendición después de la Divina Liturgia tanto en la víspera de la fiesta
como en la fiesta misma.
- En la mayoría de las parroquias, sin embargo, generalmente se hace una
sola vez, y en una oportunidad en que el mayor número de fieles posible
pueda participar.
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- Comienza con la entonación de los himnos especiales de la Fiesta, y
luego el celebrante inciensa el agua, que ha sido puesta en un
recipiente en medio del templo.
- Rodeado por velas y, en algunos casos, también flores, esta agua
representa el bello mundo de la creación original de Dios y el mundo
glorificado por Cristo en el Reino de Dios.
- A veces se celebra esta bendición de las aguas afuera, cuando la Iglesia
esta situada en la proximidad de un río.
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- Después de la Epístola (I Corintios 10,1-4) y la lectura del Evangelio
(Marcos 1,9-11), se entona una especial letanía mayor que invoca la
gracia del Espíritu Santo sobre el agua y sobre todos aquellos que
participarán de ella.
- Se finaliza con la gran oración de la glorificación cósmica de Dios en
la cual se invoca a Cristo a santificar el agua, y a todos los seres
humanos y la creación entera, por la manifestación de Su Presencia
Divina, Salvífica y Santificadora, mediante la venida del Santo, Bueno y
Vivificador Espíritu.
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- Mientras se canta el tropario de la fiesta, el celebrante sumerge
la cruz tres veces en el agua, y luego procede a rociar con agua
hacia los cuatro puntos cardinales.
- Acto seguido, bendice a todos los presentes con esta agua.
- Durante los días siguientes, bendice los hogares de los fieles con el
agua bendita, que representa la salvación de toda la humanidad y de la
creación entera, que Cristo ha llevado a cabo mediante Su Epifanía en la
carne, por la vida del mundo.
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- En la fe cristiana, por la inmersión de Cristo en las aguas del Jordán,
toda materia ha sido santificada y purificada en Él, limpiada de sus
gérmenes mortíferos heredados del demonio y de la corrupción de los
seres humanos.
- En la Epifanía del Señor, toda la creación se vuelve buena de nuevo, por
cierto “muy buena”, tal como Dios mismo la hizo y proclamó que era en el
principio cuando “el espíritu de Dios se movía sobre las aguas” (Génesis
1,2) y cuando el “Espíritu de Vida” estaba en el ser humano y en todo
ser hecho por Dios. (Génesis 1,30; 2,7)
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- El mundo y todo cuanto hay en él ciertamente es “muy bueno” (Génesis
1,31) y cuando se vuelve contaminado, corrupto y muerto, Dios lo
salva nuevamente mediante la “nueva creación” en Cristo, Su Hijo Divino
y Nuestro Señor, por la gracia del Espíritu Santo. (Gálatas 6,15) Esto
es lo que se celebra en la Epifanía, y de modo especial en la Bendición
Mayor de las Aguas.
- La consagración de las aguas en esta fiesta coloca el mundo entero, a
través de su materia elemental, el agua, en la perspectiva de la
recreación, santificación, y glorificación cósmicas del Reino de Dios en
Cristo y en el Espíritu.
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- El fin último del ser humano y el mundo es ser “llenos de toda la
plenitud de Dios” (Efesios 3,19), “la plenitud de Aquel que todo lo
llena en todo”. (Efesios 1,23)
- Nos dice que Cristo, en quien “habita corporalmente toda la plenitud de
la Deidad,” es y verdaderamente será “el todo, y en todos”. (Colosenses
2,9; 3,11)
- Nos dice, además, que “el nuevo cielo y la nueva tierra” que Dios
nos ha prometido mediante sus profetas y apóstoles (Isaías 66,22;
II Pedro 3,13; Apocalipsis 21,1) en verdad ya están “con nosotros” en el
misterio de Cristo y Su Iglesia.
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- Así la santificación y el rocío del agua de la Epifanía es la
expresión de la auténtica visión cristiana del ser humano, de su vida y
de su mundo.
- Es el testimonio litúrgico de que la vocación y el destino de la
creación es de ser llena “de toda la plenitud de Dios”. (Efesios 3,19)
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