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CAPÍTULO
1
REVELACIÓN
Todos los
días por la mañana en el Oficio de Matutinos, la Iglesia Ortodoxa
proclama: "Dios es el Señor y Él se ha manifestado a nosotros; bendito sea
el que viene en nombre del Señor". (Salmo 118, 26-27) El primer fundamento
de la doctrina Cristiana se encuentra en esta frase: "Dios se ha
manifestado a nosotros".
Dios se ha
mostrado a Sus criaturas. Sin embargo, Él no ha revelado Su Ser más
intimo, ya que su esencial totalidad
no puede ser comprendida por las criaturas.
Dios verdaderamente ha mostrado sólo lo que los hombres pueden ver y
comprender de su Naturaleza y Voluntad Divina.
La plenitud
y perfección de la Revelación de Dios se encuentra en su Hijo Jesucristo;
Él es el cumplimiento de la Revelación gradual y parcial de Dios en el
Antiguo Testamento. Jesús es el único verdaderamente "Bendito... que
viene en el Nombre del Señor".
El primer
título que el pueblo da a Jesús es el de Rabí, que literalmente
significa “aquél que enseña”. En el Nuevo Testamento también se usa
la palabra Maestro, en el sentido de aquel que enseña. Los
seguidores de Jesús se llamaban discípulos, que literalmente
significa alumnos, aquellos que aprenden.
Jesús vino
a los hombres como el Divino Maestro enviado por Dios. Él enseña la
Voluntad de Dios y hace conocer a Dios a los seres humanos. Revela
totalmente, tanto como a los seres humanos puedan llegar a comprender, los
misterios del Reino de Dios.
La venida
de Jesús como Maestro, es un aspecto de Él como Cristo el Mesías. La
Palabra Cristo en griego es equivalente a la palabra Mesías
en hebreo, que significa el ungido de Dios. Pues fue predicho que
cuando llegara el Mesías, los seres humanos serian "enseñados por Dios".
(Is.54, 13; Jn.6, 45)
Jesús llega
a los hombres como el Divino Maestro. En muchas diferentes ocasiones
afirmó que sus palabras eran las de Dios. Habló "como quien tiene
autoridad", y no como los doctores del pueblo judío. (Mt.7, 29) Acusó
a los que lo rechazaron a Él y a sus enseñanzas de que estaban rechazando
a Dios mismo. "El que cree en mi, no cree en mi, sino en el que
me envío. Y el que me ve, ve al que me envío. Yo, la Luz, he venido
al mundo a fin que quien crea en mí no permanezca en tinieblas...
porque no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió,
él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.
Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo
hablo como el Padre me lo ha dicho". (Jn.12, 44 al 50)
Jesús
enseñó a los hombres no sólo con Sus palabras, sino también con Sus
acciones, y ciertamente por Su propia persona. Se refirió a Sí mismo como
la Verdad (Jn.14, 6) y como la Luz. (Jn.8, 12) Se mostró no sólo hablando
las palabras de Dios, sino siendo Él mismo Verbo (Palabra) Vivo de Dios
humanamente encarnado, el Logos Eterno y No Creado,
Quien se hizo hombre como Jesús de Nazaret, para que Dios fuera conocido
en el mundo. “En el principio existía el Verbo: Y el Verbo estaba con
Dios. Y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todo se
hizo por él y sin el no se hizo nada cuanto existe. En él estaba la vida y
la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las
tinieblas no la vencieron.
Hubo un
hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio,
para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él
la luz, sino que debía dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz
verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo
estaba, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo
recibieron. Pero a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse
hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre,
ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y el
Verbo se hizo carne, y puso su morada en nosotros, y hemos contemplado su
gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de
verdad.
Juan da
testimonio de Él y clama: "Este era del que yo dije: El que viene detrás
de mi se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”.
Pues de
su plenitud hemos recibido todos y gracia por gracia. Porque la Ley fue
dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por
Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: El Hijo Unico, que está en el
seno del Padre, él lo ha contado”. (Jn.1, 1 al 18)
(La
lectura del Evangelio para la Divina Liturgia en la Fiesta de la
Resurrección en la Iglesia Ortodoxa.)
Jesús, el
Divino Verbo de Dios en carne humana, viene a enseñar a los hombres con Su
presencia, Sus palabras y Sus acciones. Sus discípulos fueron enviados al
mundo para proclamarlo a Él y a su Evangelio, que literalmente significa
la "Buena Nueva" del Reino de Dios. A
quienes Jesús envía se los llama Apóstoles, que literalmente
quiere decir "aquellos que son enviados". Los apóstoles son inspirados
directamente por el Santo Espíritu de Dios, el Espíritu de la Verdad (Jn.15,
26), para "hacer discípulos de todas las naciones enseñándoles lo que
Cristo había mandado”. (Mt.28, 19)
La Iglesia
primitiva "acudía asiduamente a la doctrina de los apóstoles". (Hech.2,
42) La palabra Doctrina en si simplemente quiere decir enseñanza o
instrucción. La doctrina de los apóstoles es la doctrina de Jesús y pasa a
ser la doctrina de la Iglesia Cristiana. Es recibida por los discípulos de
cada época y generación como la doctrina de Dios. Es proclamada en todo
tiempo y lugar como la doctrina de la Vida Eterna, mediante la cual todos
los seres humanos y el universo entero, son iluminados y salvados.
Ahora,
debemos resaltar que, así como el hecho histórico de la Revelación de Dios
en la historia mediante el pueblo escogido de Israel, revelación que
culmina en la venida de Cristo como Mesías, es de primera importancia, es
también doctrina de la Iglesia Cristiana que toda verdadera búsqueda de
los seres humanos para encontrar la verdad se cumple en Cristo. Toda
búsqueda auténtica del significado de la vida encuentra su perfección en
el Evangelio Cristiano. Así, los Santos Padres de la Iglesia enseñaron que
los anhelos de las religiones paganas y la sabiduría de muchos filósofos
también pueden ser una preparación de los hombres para recibir la doctrina
de Jesús, y que son caminos válidos y verdaderos para llegar a la Única
Verdad de Dios.
De esta
manera, los cristianos consideraron que ciertos filósofos griegos fueron
iluminados por Dios para servir la causa de la Verdad y conducir a los
seres humanos a la plenitud de la vida en Dios, ya que la Palabra y la
Sabiduría de Dios son reveladas a todos los seres humanos, y se encuentran
en todos aquellos quienes en la pureza de sus mentes y corazones, han
recibido la Divina Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
Esta Luz Divina es la Palabra de Dios, Jesús de Nazaret en la encarnación,
la perfección y la plenitud de la Revelación de Dios al mundo.
Es
importante enfatizar que la Revelación Divina en el Antiguo Testamento, en
la Iglesia del Nuevo Testamento, en las vidas de los santos, en la
Sabiduría de los Padres Santos, en la belleza de la creación, y más plena
y perfectamente en Jesucristo, el Hijo de Dios, es la Revelación de Dios
mismo. Dios ha hablado. Dios ha actuado. Dios se ha manifestado y sigue
manifestándose en la vida de Su
Pueblo.
Si queremos
escuchar la voz de Dios y ver las acciones de la Revelación de Dios en el
mundo, debemos purificar nuestras mentes y corazones de todo lo que es
malo y falso. Debemos amar la Verdad, amarnos los unos a los otros, y amar
todo en la Creación de Dios. Según nuestra Fe Ortodoxa, la purificación de
la falsedad y del pecado es el camino al Conocimiento de Dios. Si nos
abrimos a la Divina Gracia y nos purificamos de todo mal, entonces con
seguridad podemos interpretar correctamente las Sagradas Escrituras y
llegar a una comunión viva con el Verdadero Dios Viviente, quien se ha
revelado y sigue revelándose a los que le aman.
La vida
continua del Pueblo de Dios se llama la Santa Tradición. La Santa
Tradición del Antiguo Testamento se expresa en la Biblia, en la vida
continua del Pueblo de Israel hasta el nacimiento de Cristo. Esta
Tradición se cumple, se completa y se engrandece en la Época del Mesías y
en la Iglesia Cristiana.
La
Tradición Neotestamentaria o Tradición Cristiana es también conocida como
la Tradición Apostólica o la Tradición de la Iglesia. La parte central
escrita de esta tradición se encuentra en los escritos
del Nuevo Testamento de la Biblia. Los
Evangelios y los otros escritos de la Iglesia Apostólica forman el corazón
de la Tradición Cristiana y son la principal fuente escrita e inspiración
de todo lo que se desarrolló en los siglos siguientes.
Esta
Tradición Cristiana es entregada de pueblo a pueblo, en el espacio y el
tiempo. La palabra Tradición en sí significa exactamente esto: “lo que es
transmitido" o "entregado" de persona a persona. La Santa Tradición, por
lo tanto, es lo transmitido de persona a persona, y entregado dentro de la
Iglesia desde el tiempo de los apóstoles de Cristo, hasta el día de hoy.
Aunque la
Santa Tradición contiene muchos documentos escritos, no se limita
solamente a lo escrito; no es únicamente un conjunto de textos. Es, al
contrario, toda la vida y experiencia de la Iglesia entera transferida de
lugar a lugar, de generación en generación. La Tradición es la Vida Misma
de la Iglesia, inspirada y guiada por el Espíritu Santo.
No todo,
sin embargo, de lo que se encuentra en la Iglesia pertenece a su Santa
Tradición, pues no todo lo que está en la Iglesia es obra del Espíritu
Santo ni pertenece esencial y necesariamente al Reino de Dios. Algunas de
las cosas que encontramos en la Iglesia son solamente temporales y
transitorias, meras costumbres y tradiciones humanas que no poseen ningún
valor eterno. Tales cosas en si no son malas. Al contrario, pueden ser
positivas y muy útiles para la vida de la Iglesia siempre y cuando se las
acepten por lo que son, y no otra cosa. Por lo tanto, es importantísimo
dentro de la Iglesia distinguir las diferencias entre aquellas tradiciones
que son solamente terrenales y humanas, y la verdadera Santa Tradición que
pertenece al Reino de Dios, Celestial y Eterno.
Es
importante también reconocer que existen en la Iglesia ciertas cosas que
no pertenecen a la Santa Tradición, y que tampoco se deben contar entre
sus tradiciones humanas positivas. Estas cosas son simple y sencillamente
malas, y son traídas a la Iglesia desde el mal del mundo. La Iglesia en su
forma humana, como una institución terrestre, no es inmune ni está
protegida de las faltas de sus miembros pecadores. Estos desvíos y errores
que entran en la vida de la Iglesia deben ser juzgados y condenados por la
Autentica y Verdadera Santa Tradición que nos viene de Dios.
Entre los
elementos que constituyen la Santa Tradición de la Iglesia, la Biblia
tiene el primer lugar. Enseguida viene la vida litúrgica de la Iglesia y
su oración; después sus decisiones dogmáticas y los actos aprobados en los
concilios de la Iglesia; las escrituras de los Padres Santos de la
Iglesia; la Vida de los Santos; la ley canónica; y finalmente la tradición
iconográfica junto a otras formas inspiradas de
expresión artística creativa como la música
litúrgica y la arquitectura.
Todos los
elementos de la Santa Tradición están orgánicamente unidos en la vida
real. Ninguno de ellos puede estar aparte del cuerpo entero. Ninguno puede
separarse o aislarse de los demás o de la totalidad
de la vida de la Iglesia. Todos estos elementos se vivifican al
participar de la vida real de la Iglesia en cada época y generación en
todo tiempo y en todo lugar. Mientras la Iglesia siga viviendo por la
inspiración del Espíritu Santo, la Santa Tradición de la Iglesia seguirá
creciendo y desarrollándose. Este proceso continuara hasta el
establecimiento del Reino de Dios en el fin de los siglos.
"BIBLIA" El
documento escrito de la Revelación de Dios es la Biblia, palabra
que significa el libro o libros. La Biblia también es
llamada las Sagradas Escrituras. La palabra escritura
simplemente significa algún documento escrito.
La Biblia
fue escrita durante el transcurso de miles de años por muchas diferentes
personas. Se divide en dos "testamentos" o “alianzas”. Estas palabras
significan "acuerdos" o tal vez podríamos decir “contratos”. Los dos
testamentos son el Antiguo y el Nuevo; cada uno tiene sus propios
escritos. Como libro, la Biblia contiene muchos diferentes tipos de
escrituras: ley, profecía, historia, poesía, narraciones, aforismos,
oraciones, cartas y visiones simbólicas.
Los
escritos del Antiguo Testamento comienzan con los cinco libros de la Ley,
que se llaman el Pentateuco. (Pentateuco significa 5 libros.) También se
llaman la Torah, que significa la Ley. Algunas veces se refiere a estos
cinco libros como los Libros de Moisés, ya que se centran en el Éxodo y
las leyes mosaicos.
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