Por el Rev. Padre Thomas Hopko

El Protopresbítero Thomas Hopko, ha sido rector del Seminario de San Vladimir en Nueva York por varios años, ha publicado mas de una decena de libros, y formado a centenares de teólogos.

Se destaca por su sencillez al hablar, ser muy directo, e inspirar a sus oyentes.

  • Bachiller en Estudios Rusos - Fordham University, 1960

     

  • Master of Divinity - St Vladimir's Orthodox Theological Seminary, 1963

     

  • M.A. en Filosofía - Duquesne University, 1968

     

  • Ph.D. en Teología - Fordham University, 1982

Capítulo 1
Las Fuentes de la Doctrina Cristiana

 

Capítulo 2
El Símbolo de la Fe
Capítulo 3
La Santísima Trinidad

 

 

 

 CAPÍTULO 1

LAS FUENTES DE LA DOCTRINA

 

REVELACIÓN

Todos los días por la mañana en el Oficio de Matutinos, la Iglesia Ortodoxa proclama: "Dios es el Señor y Él se ha manifestado a nosotros; bendito sea el que viene en nombre del Señor". (Salmo 118, 26-27) El primer fundamento de la doctrina Cristiana  se encuentra en esta frase: "Dios se ha manifestado a nosotros".

 

Dios se ha mostrado a Sus criaturas. Sin embargo, Él no ha revelado Su Ser más intimo, ya que su esencial totalidad no puede ser comprendida por las criaturas. Dios verdaderamente ha mostrado sólo lo que los hombres pueden ver y comprender de su Naturaleza y Voluntad Divina.

 

La plenitud y perfección de la Revelación de Dios se encuentra en su Hijo Jesucristo; Él es el cumplimiento de la Revelación gradual y parcial de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús es el único verdaderamente "Bendito... que viene en el Nombre del Señor".

 

El primer título que el pueblo da a Jesús es el de Rabí, que literalmente significa “aquél que enseña”. En el Nuevo Testamento también se usa la palabra Maestro, en el sentido de aquel que enseña. Los seguidores de Jesús se llamaban discípulos, que literalmente significa alumnos, aquellos que aprenden.

 

Jesús vino a los hombres como el Divino Maestro enviado por Dios. Él enseña la Voluntad de Dios y hace conocer a Dios a los seres humanos. Revela totalmente, tanto como a los seres humanos puedan llegar a comprender, los misterios del Reino de Dios.

 

La venida de Jesús como Maestro, es un aspecto de Él como Cristo el Mesías. La Palabra Cristo en griego es equivalente a la palabra Mesías en hebreo, que significa el ungido de Dios. Pues fue predicho que cuando llegara el Mesías, los seres humanos serian "enseñados por Dios". (Is.54, 13; Jn.6, 45)

 

Jesús llega a los hombres como el Divino Maestro. En muchas diferentes ocasiones afirmó que sus palabras eran las de Dios. Habló "como quien tiene autoridad", y no como los doctores del pueblo judío. (Mt.7, 29) Acusó a los que lo rechazaron a Él y a sus enseñanzas de que estaban rechazando a Dios mismo. "El que cree en  mi, no  cree en  mi,  sino  en  el que me envío. Y el que  me ve,  ve  al  que  me envío. Yo, la Luz, he  venido  al  mundo a fin que quien  crea en mí no permanezca en tinieblas...  porque no  he  hablado  por  mi  propia  cuenta;  el Padre que me envió,  él  me  dio  mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento  es  vida  eterna.  Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como  el  Padre me lo ha dicho". (Jn.12, 44 al 50)

 

Jesús enseñó a los hombres no sólo con Sus palabras, sino también con Sus acciones, y ciertamente por Su propia persona. Se refirió a Sí mismo como la Verdad (Jn.14, 6) y como la Luz. (Jn.8, 12) Se mostró no sólo hablando las palabras de Dios, sino siendo Él mismo Verbo (Palabra) Vivo de Dios humanamente encarnado, el Logos Eterno y No Creado, Quien se hizo hombre como Jesús de Nazaret, para que Dios fuera conocido en el mundo. “En el principio existía el Verbo: Y el Verbo estaba con Dios. Y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por él y sin el no se hizo nada cuanto existe. En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino que debía dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada en nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: "Este era del que yo dije: El que viene detrás de mi se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”.

Pues de su plenitud hemos recibido todos y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: El Hijo Unico, que está en el seno del Padre, él lo ha contado”. (Jn.1, 1 al 18)

(La lectura del Evangelio para la Divina Liturgia en la Fiesta de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa.)

 

Jesús, el Divino Verbo de Dios en carne humana, viene a enseñar a los hombres con Su presencia, Sus palabras y Sus acciones. Sus discípulos fueron enviados al mundo para proclamarlo a Él y a su Evangelio, que literalmente significa la "Buena Nueva" del Reino de Dios.  A quienes Jesús envía se los llama  Apóstoles, que literalmente quiere decir "aquellos que son enviados". Los apóstoles son inspirados directamente por el Santo Espíritu de Dios, el Espíritu de la Verdad (Jn.15, 26), para "hacer discípulos de todas las naciones enseñándoles lo que Cristo había mandado”. (Mt.28, 19)

 

 La Iglesia primitiva "acudía asiduamente a la doctrina de los apóstoles". (Hech.2, 42) La palabra Doctrina en si simplemente quiere decir enseñanza o instrucción. La doctrina de los apóstoles es la doctrina de Jesús y pasa a ser la doctrina de la Iglesia Cristiana. Es recibida por los discípulos de cada época y generación como la doctrina de Dios. Es proclamada en todo tiempo y lugar como la doctrina de la Vida Eterna, mediante la cual todos los seres humanos y el universo entero, son iluminados y salvados.

 

Ahora, debemos resaltar que, así como el hecho histórico de la Revelación de Dios en la historia mediante el pueblo escogido de Israel, revelación que culmina en la venida de Cristo como Mesías, es de primera importancia, es también doctrina de la Iglesia Cristiana que toda verdadera búsqueda de los seres humanos para encontrar la verdad se cumple en Cristo. Toda búsqueda auténtica del significado de la vida encuentra su perfección en el Evangelio Cristiano. Así, los Santos Padres de la Iglesia enseñaron que los anhelos de las religiones paganas y la sabiduría de muchos filósofos también pueden ser una preparación de los hombres para recibir la doctrina de Jesús, y que son caminos válidos y verdaderos para llegar a la Única Verdad de Dios.

 

De esta manera, los cristianos consideraron que ciertos filósofos griegos fueron iluminados por Dios para servir la causa de la Verdad y conducir a los seres humanos a la plenitud de la vida en Dios, ya que la Palabra y la Sabiduría de Dios son reveladas a todos los seres humanos, y se encuentran en todos aquellos quienes en la pureza de sus mentes y corazones, han recibido  la Divina Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Esta Luz Divina es la Palabra de Dios, Jesús de Nazaret en la encarnación, la perfección y la plenitud de la Revelación de Dios al mundo.

 

Es importante enfatizar que la Revelación Divina en el Antiguo Testamento, en la Iglesia del Nuevo Testamento, en las vidas de los santos, en la Sabiduría de los Padres Santos, en la belleza de la creación, y más plena y perfectamente en Jesucristo, el Hijo de Dios, es la Revelación de Dios mismo. Dios ha hablado. Dios ha actuado. Dios se ha manifestado y sigue manifestándose en la vida de Su Pueblo.

 

Si queremos escuchar la voz de Dios y ver las acciones de la Revelación de Dios en el mundo, debemos purificar nuestras mentes y corazones de todo lo que es malo y falso. Debemos amar la Verdad, amarnos los unos a los otros, y amar todo en la Creación de Dios. Según nuestra Fe Ortodoxa, la purificación de la falsedad y del pecado es el camino al Conocimiento de Dios. Si nos abrimos a la Divina Gracia y nos purificamos de todo mal, entonces con seguridad podemos interpretar correctamente las Sagradas Escrituras y llegar a una comunión viva con el Verdadero Dios Viviente, quien se ha revelado y sigue revelándose a los que le aman.

 

 

 

TRADICIÓN

 

La vida continua del Pueblo de Dios se llama la Santa Tradición. La Santa Tradición del Antiguo Testamento se expresa en la Biblia, en la vida continua del Pueblo de Israel hasta el nacimiento de Cristo. Esta Tradición se cumple, se completa y se engrandece en la Época del Mesías y en la Iglesia Cristiana.

 

La Tradición Neotestamentaria o Tradición Cristiana es también conocida como la Tradición Apostólica o la Tradición de la Iglesia. La parte central escrita de esta tradición se encuentra en los escritos del Nuevo Testamento de la Biblia. Los Evangelios y los otros escritos de la Iglesia Apostólica forman el corazón de la Tradición Cristiana y son la principal fuente escrita e inspiración de todo lo que se desarrolló en los siglos siguientes.

 

Esta Tradición Cristiana es entregada de pueblo a pueblo, en el espacio y el tiempo. La palabra Tradición en sí significa exactamente esto: “lo que es transmitido" o "entregado" de persona a persona. La Santa Tradición, por lo tanto, es lo transmitido de persona a persona, y entregado dentro de la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles de Cristo, hasta el día de hoy.

 

Aunque la Santa Tradición contiene muchos documentos escritos, no se limita solamente a lo escrito; no es únicamente un conjunto de textos. Es, al contrario, toda la vida y experiencia de la Iglesia entera transferida de lugar a lugar, de generación en generación. La Tradición es la Vida Misma de la Iglesia, inspirada y guiada por el Espíritu Santo.

 

No todo, sin embargo, de lo que se encuentra en la Iglesia pertenece a su Santa Tradición, pues no todo lo que está en la Iglesia es obra del Espíritu Santo ni pertenece esencial y necesariamente al Reino de Dios. Algunas de las cosas que encontramos en la Iglesia son solamente temporales y transitorias, meras costumbres y tradiciones humanas que  no poseen ningún valor eterno. Tales cosas en si no son malas. Al contrario, pueden ser positivas y muy útiles para la vida de la Iglesia siempre y cuando se las acepten por lo que son, y no otra cosa. Por lo tanto, es importantísimo dentro de la Iglesia distinguir las diferencias entre aquellas tradiciones que son solamente terrenales y humanas, y la verdadera Santa Tradición que pertenece al Reino de Dios, Celestial y Eterno.

 

Es importante también reconocer que existen en la Iglesia ciertas cosas que no pertenecen a la Santa Tradición, y que tampoco se deben contar entre sus tradiciones humanas positivas. Estas cosas son simple y sencillamente malas, y son traídas a la Iglesia desde el mal del mundo. La Iglesia en su forma humana, como una institución terrestre, no es inmune ni está protegida de las faltas de sus miembros pecadores. Estos desvíos y errores que entran en la vida de la Iglesia deben ser juzgados y condenados por la Autentica y Verdadera Santa Tradición que nos viene de Dios.

 

Entre los elementos que constituyen la Santa Tradición de la Iglesia, la Biblia tiene el primer lugar. Enseguida viene la vida litúrgica de la Iglesia  y su oración; después sus decisiones dogmáticas y los actos aprobados en los concilios de la Iglesia; las escrituras de los Padres Santos de la Iglesia; la Vida de los Santos; la ley canónica; y finalmente la tradición iconográfica junto a otras formas inspiradas de expresión artística creativa como la música litúrgica y la arquitectura.

 

Todos los elementos de la Santa Tradición están orgánicamente unidos en la vida real. Ninguno de ellos puede estar aparte del cuerpo entero. Ninguno puede separarse o aislarse de los demás o de la totalidad de la vida de la Iglesia. Todos estos elementos se vivifican al participar de la vida real de la Iglesia en cada época y generación en todo tiempo y en todo lugar. Mientras la Iglesia siga viviendo por la inspiración del Espíritu Santo, la Santa Tradición de la Iglesia seguirá creciendo y desarrollándose. Este proceso continuara hasta el establecimiento del Reino de Dios en el fin de los siglos.

 

 

 

 

BIBLIA

 

"BIBLIA" El documento escrito de la Revelación de Dios es la Biblia, palabra que significa el libro o libros. La Biblia también es llamada las Sagradas Escrituras. La palabra escritura simplemente significa algún documento escrito.

 

La Biblia fue escrita durante el transcurso de miles de años por muchas diferentes personas. Se divide en dos "testamentos" o “alianzas”. Estas palabras significan "acuerdos" o tal vez podríamos decir “contratos”. Los dos testamentos son el Antiguo y el Nuevo; cada uno tiene sus propios escritos. Como libro, la Biblia contiene muchos diferentes tipos de escrituras: ley, profecía, historia, poesía, narraciones, aforismos, oraciones, cartas y visiones simbólicas.

 

 

El Antiguo Testamento

 

Los escritos del Antiguo Testamento comienzan con los cinco libros de la Ley, que se llaman el Pentateuco. (Pentateuco significa 5 libros.) También se llaman la Torah, que significa la Ley. Algunas veces se refiere a estos cinco libros como los Libros de Moisés, ya que se centran en el Éxodo y las leyes mosaicos.