
El descanso de San
Juan el Teólogo
Boletín Especial con lecturas por su
descanso
La Iglesia conmemora la
dormición del discípulo “a quien amaba Jesús, el que en
la cena (mística) se había recostado en su pecho”, el
Apóstol y Evangelista Juan, quien recibió del Maestro el
nombre de “hijo del trueno” en una clara alusión a su
Teología que se escucharía como un trueno por todo el
mundo y llenaría la tierra entera.
El Apóstol y Evangelista Juan pasó los últimos años de
su vida en un estricto ascetismo: tomaba solo pan y
agua, no se cortaba el pelo y usaba sencillas
vestimentas de lino. En virtud de su avanzada edad
–alrededor de los noventa y cinco años- la fuerza no le
alcanzaba para predicar ampliamente la palabra de Dios,
ni siquiera en los lugares cercanos de Éfeso. Por ese
tiempo, instruía sólo a los obispos de la iglesia, a
quienes alentaba a enseñar incansablemente el Evangelio
a la gente y, especialmente, a vivir y predicar el
mandamiento del amor. Cuando el Apóstol empezó a
debilitarse más, según relata San Jerónimo, sus
discípulos solían llevarlo a la iglesia, pero él ya no
podía dar largos sermones; su enseñanza la centraba en
la incesante repetición de “Hijitos, amaos los unos a
los otros”. Un día cuando sus discípulos le preguntaron
porqué repetía esto sin cesar, San Juan les respondió
con las siguientes palabras: “Este es el mandato del
Señor, y si vosotros lo cumplen, ello bastará”.
Prócoro , uno de los siete diáconos elegidos por los
Apóstoles “Así que los doce reunieron a toda la
comunidad de discípulos y les dijeron: No está bien que
nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la
palabra de Dios para servir las mesas. Hermanos y
hermanas, escojan de entre ustedes a siete hombres de
buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría,
para encargarles esta responsabilidad. (Hechos 6, 2-3) ,
Prócoro nos relata el descanso de San Juan el Teólogo:
Después de transcurrir 26 años desde que regresamos de
la isla de Patmos a Efeso, Juan reunió a siete de sus
discípulos ( yo y otros seis ) y nos dijo: ‘tomad las
espadas en vuestras manos y seguidme’ Hicimos tal como
nos lo ordenó y lo seguimos fuera de la ciudad hasta
cierto lugar en donde nos mandó sentarnos. Luego se
apartó un poco de nosotros a un sitio tranquilo y
comenzó a orar. Era muy temprano; el sol todavía no
había salido. Después de rezar nos dijo: ‘cavad con
vuestras espadas una zanja en forma de cruz, del tamaño
que yo tengo’. Así lo hicimos mientras él rezaba.
Después de terminar su oración, se echó en la zanja y me
dijo: ‘Prócoro, hijo mío, tu debes ir a Jerusalén; allí
es donde terminarás tus días’. Luego nos dio
instrucciones y nos abrazó, diciendo: ‘Tomad un poco de
tierra madre y cubridme con ella’. Entonces lo volvimos
a abrazar y tomando un poco de tierra lo cubrimos sólo
hasta las rodillas. Una vez más él nos abrazó diciendo:
‘Tomad más tierra y cubridme hasta el cuello y colocar
un velo delgado sobre mi rostro y abrazadme de nuevo por
última vez porque vosotros ya no me veréis más en esta
vida.’ Volvimos a abrazarlo llenos de pesar,
lamentándonos amargamente, mientras él nos despedía en
paz. Justo cuando el sol acababa de salir él entregó su
espíritu.
De acuerdo con San Jerónimo el Apóstol y Evangelista se
durmió en el año 101 dC, es decir, 68 años después de la
Pasión y Resurrección del Señor, lo cual lo confirman
también Clemente de Alejandría e Ireneo y muchos otros
Padres de la Iglesia. Todos los años, el 8 de mayo, día
en el que la Iglesia lo conmemora, sale una fragante
mirra de su tumba y a las oraciones al Apóstol, los
enfermos se sanan para el honor de Dios que es
glorificado en la Trinidad por los siglos de los siglos.
Amén.
Oh amado Apóstol de Cristo Dios, apresúrate y auxilia a
un pueblo indefenso,
pues Quien admitió te recostaras en su pecho, te acepta
como intercesor.
Suplícale, oh Teólogo, que disipe la nube de los
adversarios,
implorando para nosotros la paz y la gran misericordia.