Adiós Tío Jorge

Es difícil escribir estas líneas, pero por Dios que es necesario hacerlo. He vivido toda mi vida en torno a la Iglesia, como el verdadero eje de mi existencia, entendiendo que la Iglesia no es el edificio, las piedras y las bancas, o el techo que nos cobija, sino las personas que la conforman, y entre ellas, hay una que fue tremendamente importante, el Tío Jorge.

¿Por qué? se preguntaran, pues por varias cosas: Primero, siempre estuvo aquí, siempre, cada semana, por años y años, como un fuerte pilar, que sabía reír, sabía callar y también aconsejar en el momento justo.

El Tío Jorge tenía la tradición milenaria en la sangre como ningún otro, ya que si bien conocía los ritos, y el árabe a la perfección entendió que esta Iglesia era diferente, que debía ser para ellos, pero también para sus hijos, una Iglesia "en castellano". Que visionario fue él y un grupo de soñadores al crear la parroquia de la Santísima Virgen María, siempre lo vi apoyando a mi padre, y mi papá siempre sintió su ayuda fraternal, como amigos y hermanos en la fe.

Participó en la Iglesia desde sus difíciles comienzos, cuando apenas éramos unas pocas familias que veníamos cada semana, su preocupación fue constante, sintiendo desde siempre que esta era su casa, su hogar, preocupado desde las cosas más importante hasta de los más mínimos detalles.

Como olvidar las Semanas Santas ¿Quién prenderá las velas el Jueves Santo? ¿Quién nos contestará desde dentro de la Iglesia el Sábado por la noche? Ya no serán lo mismo sin el Tío Jorge. Por ese mismo hecho, de estar siempre al interior del templo para Pascua de Resurrección, él era el primero en recibir la Resurrección, le decía yo, que simbólico entonces que ahora también, sea el primero de nosotros en partir, nos ganó, corrió la justa carrera y llegó primero al Reino Celestial, quizás quería prepararnos todo, para cuando sea nuestro turno. Llegó a la meta de la vida de un verdadero cristiano.

No puedo olvidar el profundo amor y orgullo que manifestó siempre por sus hijos, ahí era cuando su gran sonrisa se profundizaba aún más, tres hombres, a los que traía domingo a domingo, que más puede pedir un paisano que ver a sus hijos como los vio, que más puede pedir un palestino. Su orgullo era igual cuando hablaba de toda su familia, siempre parte de esta iglesia.

Para concluir quiero destacar un par de cosas. Ya estando enfermo, nunca nos quiso preocupar, me visitó en diciembre, tiempo después del nacimiento de Leonor, mi hija, y junto a sus hermanas, no pudo llegar con las manos vacías a vernos, trajo regalos para todos mis hijos, así era él, generoso, preocupado, cariñoso.

El jueves recién pasado, le llevé Comunión y la Santa Unción, hicimos varios rezos y me canto con su voz tan característica, le dije, Tío lo espero en la Iglesia, si, me dijo, iré pronto, y cumplió, era un hombre de palabra y siempre sentí su apoyo.

Cuando muere un joven, es una tragedia, pero cuando muere alguien como el Tío Jorge es mucho más difícil porque ya no hay otro como él, por su sabiduría, cariño y alegría de vivir.

Tío Jorge, que tu memoria sea eterna.

Padre Francisco Salvador, 4 de Abril de 2006