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En nuestros días se
agudizó el interés hacia el arte religioso ruso:
la escritura de iconos, la arquitectura de los
templos, el canto religioso. Surgió la moda de
llamar a esto como arte popular ruso de tal o
cual siglo, explicando además, que ellos tienen
valor por su belleza y su humanidad. Y eso es
todo. De la esencia religiosa, si es que hablan,
lo hacen como acerca de algo secundario.
Si quisiéramos entrar en un terreno puramente
filosófico, antes que nada debemos recordar la
famosa fórmula: "La forma es la construcción del
contenido." Si lo quisiéramos decir con palabras
más simples, entonces el arte es la expresión de
una cierta idea. Sin la idea no existe el arte.
Entonces es natural preguntar: ¿Cuál es la idea
que generó nuestro arte religioso? ¿Cuál es la
ideología que expresa? ¿Qué deseaban expresar en
sus obras los creadores de esta belleza?
El ateísmo afirma, que la religión cristiana es
una tenebrosa, misantrópica ideología, que ayuda
al desarrollo y conservación de la institución
de la esclavitud, que siembra la oscuridad y la
ignorancia, que predica un dios inhumano, que
oprime en el hombre todo lo luminoso. Y he aquí
se levanta delante de nosotros el arte religioso
como algo magnifico, luminoso, que afirma la
vida. Así es como resulta el arte cristiano —
una natural continuación de la idea cristiana.
El arte en los templos expresa la idea de una
excepcional humanidad y la belleza de esta
humanidad, precisamente de la misma manera como
lo anuncia la Iglesia en sus dogmas.
¿¡Cuantas cosas malas se han hablado de los
dogmas cristianos!? Se podía hablar lo que se
quisiera, mientras nadie conocía nada acerca de
estos dogmas. Y hasta hoy día casi nadie sabe
algo acerca de ellos; quizá solo algo leído en
la literatura antirreligiosa. Pero ahora los
dogmas cristianos resultaron puestos en el
centro de la atención. Es cierto, no en sus
formulaciones verbales, sino en su forma
representativa. Pues cada cristiano sabe, que un
icono es el Nombre de Dios escrito con pinturas;
que él es una representación no de cualquier
cosa, sino precisamente de los dogmas
cristianos. De otra manera él no será un icono.
La gente no creyente a veces dice que los
artistas cristianos creaban sus obras en contra
de los dogmas de la Iglesia y por eso ellos son
hermosos. Pero una absurdidad así solo puede
provocar risa. Pues no se puede reconocer como
herejes a tales fieles hijos de la Iglesia como
san Andrés Rublev u otros escritores de iconos
semejantes a él, a constructores de templos
famosos y también reconocidos y desconocidos
compositores tanto de la Rusia antigua como de
las épocas siguientes. Esta gente creaba
precisamente para la Iglesia, solo conforme a la
enseñanza de la Iglesia, de acuerdo a sus
dogmas. Creaban porque tenían fe y amaban todo
esto. Nuestros templos en su gran mayoría se
construían con recursos populares: se
recolectaban de a centavos aquellas grandes
sumas que eran necesarias para su construcción.
Los templos eran el único lugar de frecuentación
popular, donde se reunía toda la gente ortodoxa
para rezar en los días de festividad. Se creaban
precisamente en el espíritu de la Ortodoxia,
bajo la supervisión del clero, y junto con esto
según los gustos religiosos y esperanzas del
pueblo creyente.
El icono — no es simplemente una obra de arte.
Él es la expresión representativa del dogma de
la Iglesia. Suele suceder, que una imagen
expresa mejor y mas rápidamente la esencia de
alguna idea. Así es con las imaginas santas.
Ellas presentan en una forma más accesible la
esencia de los dogmas cristianos.
De paso hablaremos de la palabra "dogma." En
nuestros días la palabra "dogma" frecuentemente
se pronuncia en el sentido de algo frío,
osificado, lejano de la vida que corre
rápidamente. Esto es incorrecto. La palabra
"dogma," que es difícil de traducir, en el
entendimiento cristiano significa
aproximadamente lo mismo que la palabra "ideal,"
"principio," "establecimiento," "comprensión
verdadera." Los ideales superiores, principios y
establecimientos fundamentales, las verdades
básicas, ya por su misma esencia deben ser
permanentes, inmutables, de otra manera ellos no
serán verdaderos ideales, ni principios. En la
Iglesia cristiana la palabra "dogma" se entiende
en el sentido de verdad eterna. Por eso se debe
entender que hablar de los dogmas como algo
rígido, osificado, — significa simplemente no
discernir ni entender nada en esta cuestión. Las
verdades eternas son inmutables.
Los dogmas fundamentales, o lo que es lo mismo,
las verdades de la religión cristiana, son el
dogma acerca de la existencia de Dios — Creador
de todo el mundo, el visible y el invisible, el
dogma acerca del amante Padre de la humanidad,
el dogma acerca de Dios, que salva a los hombres
del pecado, del sufrimiento y de la muerte, el
dogma de la unidad de Dios y del hombre, ya
realizada en la Persona de Jesucristo — Dios
Verdadero y Hombre Verdadero. Todas estas
superiores verdades de la religión cristiana son
también sus más elevados ideales, principios
básicos y establecimientos de la enseñanza de la
fe cristiana. Ellos no pueden ser cambiados. Sin
ellos la religión cristiana dejaría de ser ella
misma. Cualquier cambio de estos dogmas
significaría la traición a todos los ideales de
la religión cristiana.
Ahora volveremos al tema del icono como uno de
los medios de expresión y explicación de los
dogmas cristianos. Tomaremos para ejemplo al
icono de Andrés Rublev "Trinidad," conocido por
casi toda la gente culta, creyente o no
creyente. Este icono explica el dogma mas
difícil de asimilar para la interpretación
humana acerca de la Triplicidad del Único Dios.
¿Qué es lo que vemos en la imagen santa? Es una
expresión representativa del contenido
fundamental de la actitud de Dios hacia el
hombre — el imperecedero Consejo Divino acerca
de la salvación del género humano. Entre las
tres Hipóstasis Divinas hay como una silenciosa
conversación. ¿Acerca de que? Acerca de la
fuerza del amor al hombre, de la extrema
necesidad de salvar a la gente del pecado, del
sufrimiento y de la muerte.
Una de las tres Hipóstasis debe bajar a la
tierra a los hombres. Descender y hacerse
Hombre. Compartir con él todo su destino, su
sufrimiento, su amargura. Y no solo el
sufrimiento, sino todo el horror de una muerte
trágica. En la mesa entre los que están reunidos
hay un recipiente misterioso, en el cual yace un
corderito para sacrificio (becerro). Esto — es
símbolo del inminente sacrificio del Mismo Hijo
de Dios, Quien debe descender a la tierra y allí
ser sacrificado por aquellos a quienes
desciende. Y Él, inclinando la cabeza con
conformidad, mira al corderito como a un
prototipo de los próximos sufrimientos
redentores por el género humano. Apartándose de
Su Gloria Divina, bajar hacia los sufrientes.
Ser la víctima, y ser crucificado. Bajar a las
tinieblas de la tumba. Y todo esto para que con
Sus sufrimientos, con Su muerte —derrotar la
muerte y el sufrimiento de la gente, crear
nuevas formas de vida y elevar Consigo al Trono
Celestial a Su amada creación — el hombre!
En el icono aparece no solo la enseñanza
dogmática de la Iglesia acerca de la salvación.
En este icono, excepcional e incomparable,
aparece la fuerza de la fe en este dogma del
mismo beato monje Andrés. Solo puede escribir
con pinturas el Nombre de Dios aquel, que cree
en este Nombre...
Involuntariamente surge la pregunta: ¿qué es lo
que representó Rublev? ¿Existe realmente la
Trinidad representada por él o todo esto es un
engaño, un "opio" religioso? Si esto es un
"opio," una ficción, un engaño, ¿entonces porque
no aborrecemos la santa imagen? No se puede
comprender porque durante las últimas décadas no
le prestaban la más mínima atención, y de pronto
nosotros empezamos a hablar de su belleza.
Resulta, que antes directamente la negaban, como
se negaban los dogmas cristianos en general. Se
negaba el icono sin siquiera adentrarse, qué es
lo que está representado en él. De forma
semejante a como se negaban los dogmas
cristianos sin tomarse el trabajo de averiguar,
en que consiste su esencia. Ahora comenzaron a
mirar el icono y ven que él presenta no solo una
Gran Belleza, sino también una Gran Idea, aunque
muchos todavía no se toman el trabajo de tratar
de concebir, en que consiste la esencia del
dogma cristiano de la Trinidad del Único Dios.
Entonces ¿qué es lo que esta representado en el
icono? Si no hay Dios, no existe la Trinidad
(para nosotros, pero no para el iconografo),
¿entonces, por consecuencia, hay que dar
espaldas a este icono? ¡¿En efecto Rublev no
pintó una conferencia humana?! Es claro, que lo
que está representado no son hombres. Como
fianza de esto vemos las alas de los Peregrinos,
el recipiente con el Corderito del sacrificio y
todo el místico aspecto del icono. La respuesta
solo puede ser una — en el icono está
representado el eterno amor de Dios hacia el
hombre. Y no se puede infiltrar ningún otro
sentido en este icono. El icono solo representa
el dogma de la Iglesia, del cual habla el mismo
Cristo en el Evangelio de Juan: "De tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en Él crea,
no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no
envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que el mundo sea salvo a través
de Él" (Juan 3:16-17). Dios desciende al hombre,
para elevar al hombre a Dios. Este es el sentido
del icono. Con óleo es representada la imagen de
aquello que la Iglesia enseña con la palabra.
Miremos otros iconos. Veamos con atención el
Rostro de la Madre de Dios en el icono de san
Vladimiro, en la profundidad de los ojos de la
Virgen-Madre, de Quien nació en la tierra el
Salvador del mundo. Veremos el amor maternal, no
el ciego, sino el que prevé, que el amado Niño
será entregado al ultraje y la crucifixión. Este
icono — es la continuación del primero. La
acción sucede ya en la tierra. Confrontan el
amor de Dios Padre, que envía a Su Hijo a los
sufrimientos terrenales con el amor de una Madre
terrenal, que prevé el destino del Hijo. Aquí
aparece otro dogma angular de la Iglesia
cristiana — el dogma del Dios-Hombre, de la
encarnación de Dios, de Su humanización.
En la imagen santa de la Madre de Dios con el
Preteterno Niño, nacido de Ella, aparece la
síntesis del amor Divino y el humano. Aquí ya se
presentan los misterios de la unidad de la
Divinidad y de la humanidad. Aquí se expresa el
dogma acerca de que la Divinidad se unió con la
humanidad sin confusión, sin cambio, sin
división, sin separación. Con eso mismo se
justifica, se afirma todo lo verdaderamente
humano. Se presenta un símbolo enorme, ya ahora
puramente de amor humano, que responde al amor
del Padre Celestial, del cual habla "Trinidad"
de Rublev. Se presenta el símbolo del amor
maternal que nunca muere como garantía de la
eterna continuación del género humano a través
de aquella "feminidad," de la cual tanto hablan
ciertos poetas y filósofos. En el icono es como
si se escuchara la secreta canción de la
maternidad que nunca se apaga, que siempre
sonará, mientras continúe la vida del hombre
sobre la tierra. Aquí también está el símbolo de
la humana ternura de la Madre y del Hijo. Y todo
esto expresa la enseñanza de la Iglesia de
Cristo.
Miremos con atención el antiguo icono "Descenso
al infierno y Resurrección de Cristo." Cristo —
Vencedor de la muerte — está en medio de las
destruidas cadenas del infierno. Él saca del
infierno en las personas de nuestros antecesores
Adán y Eva a todo el género humano. ¡La
humanidad es llamada a la vida Eterna! ¿Se puede
encontrar algo que afirme la vida mas que este
"dogma cristiano acerca de la Resurrección?"
Un icono es una obra de arte
Esto es comprensible para todos e indiscutible,
en este sentido se lo puede examinar al mismo
tiempo con otros trabajos artísticos.
Una estatua antigua. Un cuadro flamenco.
Cualquier producción de este género encierra
dentro de si alguna idea y exige una idea en
respuesta. Precisamente ella se crea para ser
mostrada y producir en el espectador un efecto
visual, crear una impresión viva.
La cualidad específica del icono consiste en que
él no exige solamente una respuesta mental, no
sólo una impresión viva. El icono de ninguna
manera se creaba por los monjes-pintores de
icono para ser mostrado, ni para la admiración
de los juegos de colores o de los trazos, sino
exclusivamente para servir de ayuda en la
oración hacia Aquél que estaba representado en
él. En esto está la diferencia radical con un
cuadro, un cartel o un anuncio.
Un icono, privado de su directo designio para el
cual fue creado, expuesto para ser mostrado,
para ser examinado por gente, que no creen en
Aquello, que está representado en él,
naturalmente, pierde su sentido, su designio. Un
icono se escribe para expresar la relación entre
Dios y el hombre, él se convierte en algo así
como una garantía de la realidad de esta
relación, como si fuera un eslabón de
comunicación. Sacar el icono de la atmósfera de
oración — significa dejarlo sin sentido. Tomar
un icono de un templo y colocarlo en un museo o
convertir todo el templo en un museo — significa
romper este objetivo fundamental, para el cual
se escribió el icono y se construyó el templo.
Convertir el icono — medio de la viva unión del
hombre con su ideal religioso, en una exposición
de museo — equivale a intentar matar el icono,
convertir lo vivo en muerto. Para los museos se
matan especialmente unos animales, que después
se ponen en exposición. Pero estos son solo
cadáveres. En ellos no hay vida, no hay
movimiento. Esto es simple y claro y no necesita
más explicación. La imagen santa, puesta como
muestra, — es privada de vida, porque ya no
representa el vivo eslabón en la vida del
hombre, para lo cual ella fue creada. El icono
está vivo solo en aquella atmósfera para la cual
él fue designado.
Este es el sentido de nuestros iconos
cristianos y su significado
De eso mismo, de la eterna tendencia a elevarse,
hablan nuestros templos ortodoxos. Este es un
símbolo de una tendencia hacia todo lo superior,
un llamado a un ilimitado perfeccionamiento.
La misma idea está presente en todos los cantos
de la Iglesia cristiana. Y entre ellas hay una,
la principal, la más triunfal, — la canción de
la Resurrección, acerca de la victoria sobre el
sufrimiento y la muerte, el canto acerca de la
vida Eterna e Inmortal en el Reino de Gloria. El
canto acerca de todo lo que hablan todos
nuestros iconos y la arquitectura de nuestros
templos.
Así es el arte ortodoxo ruso. En realidad, la
palabra "ruso" aquí se refiere, por supuesto,
hacia la forma y no al contenido, porque el
Evangelio esta dirigido a toda la humanidad.
Pero nosotros, ortodoxos rusos, representamos
esta idea con nuestra habilidad, con nuestro
talento ruso. Tratad de imaginar todo este arte
sin esa universalmente humana idea del
Evangelio, al cual expresa. Esto será imposible.
O simplemente será una calumnia, una gran
mentira.
El arte religioso ortodoxo, fervientemente
dogmático, pero junto con ello también
fervorosamente popular no puede ser arrancado de
aquella idea, que lo engendró. Existe para
mostrar en sí la enorme belleza del Evangelio —
la enseñanza de Cristo.
Traducido por Alejandro Molokanow
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