|
Biografía
Nació en Asia Menor, desde su temprana edad era muy piadoso. Su
tío, el obispo de Pátara viendo la fe del joven lo ordenó
sacerdote.
Después de la muerte de sus padres el Santo heredó una
gran fortuna la cual la puso al servicio de los necesitados. Él
trataba de ayudar los necesitados en forma anónima, para que no se
lo agradezcan. En la ciudad de Pátara vivía un hombre rico, quien
tenía tres hijas. Cuando sus hijas crecieron, su padre perdió sus
negocios y se le ocurrió la mala idea de utilizar la belleza de
sus hijas para conseguir los medios de la vida. El Santo supo
sobre sus planes y decidió a salvarlos. Se acercó en la noche a su
casa y tiró por la ventana una bolsita con monedas de oro. Cuando él
encontró la bolsita casó a su hija mayor, dándole un buen dote. Poco
tiempo después tiró la segunda bolsita con monedas de oro y con esta
plata caso su segunda hija. Cuando el Santo tiró la tercera bolsita
para la hija menor, el comerciante lo esperaba. Arrodillándose
delante de Santo, él le agradecía llorando por la salvación de su
familia del tremendo pecado y deshonor. Después el comerciante
mejoró sus negocios y empezó a ayudar a otros imitando a su
benefactor.
El Santo quiso visitar los Lugares Santos. El viaje con el barco
fue tranquilo, pero el Santo supo por revelación divina que
encontrarían una tormenta y lo dijo a sus compañeros de viaje. Y
pronto empezó la tormenta y la nave se convirtió en un juguete de
las olas. Sabiendo que él era sacerdote todos le pidieron a rezar y
con las oraciones del Santo el viento se calmó y todos se salvaron y
cuando uno de los tripulantes se cayó y murió con la oración del
Santo se resucitó.
Después el Santo pensaba a irse al desierto y vivir lejos en
soledad. Pero el Señor le indicó que lo necesitaba en el mundo y
obedeciendo regreso a su patria y servir a la gente.
No queriendo vivir en la ciudad donde la gente lo conocía y lo
elogiaba, el Santo se fue a la cercana ciudad de Mira que era la
sede episcopal. San Nicolás vino como un pobre. Amando la Iglesia él
iba todos los días. En aquel tiempo falleció el obispo de la ciudad
de Mira y todos los obispos se reunieron para elegir al sucesor. No
se ponían de acuerdo hasta que uno de ellos aconsejó: “El Señor
Mismo debe mostrar Su elección. Recemos, ayunemos y esperaremos la
decisión de Dios.” El Señor reveló al obispo que aquel quien
entrará primero a la Iglesia debía ser el obispo. El obispo comentó
a los otros obispos la revelación y antes de la Divina Liturgia se
paró en la entrada esperando al preferido del Señor. Según su
costumbre Nicolás entró primero para rezar. Cuando el entraba el
obispo le dijo que le acompaña. Le tomó la mano y le comunicó
la voluntad del Señor ser el obispo de Mira. El Santo obedeció a
voluntad del Señor y olvidándose de sí mismo, se convirtió en el
padre de los huérfanos y de los pobres, defensor de los ofendidos y
benefactor de todos. Fue una persona de carácter suave, no se
enojaba, se vestía ropa sencilla y comía una vez por día.
Cuando empezó la persecución del
emperador Diocleciano (284-305) el Santo fue encarcelado. En la
cárcel con sus palabras y su ejemplo fortalecía los otros
cristianos que sufrían junto con él. Pero el Señor no quiso que él
muera como mártir. El nuevo emperador San Constantino fue bueno con
los cristianos y les dio el derecho de expresar abiertamente su fe.
Así el Santo regreso a su obispado.
Es difícil enumerar los que el ayudó y los milagros que hizo. Entre
otros milagros cuando en su obispado empezó una severa hambruna el
Santo se presentó en un sueño a un comerciante, quien estaba en
Italia con su barco comprando pan, trigo, y comida, el Santo le
entrego en su sueño monedas de oro y le ordenó a navegar hacía su
ciudad y tráele la comida. Al despertarse el comerciante capitán,
viendo en sus manos las monedas de oro se asustó y para cumplir lo
que le ordenaba el Santo, trajo la comida al país hambriento del
Santo, contando a todos la visión milagrosa que lo trajo hasta su
región.
En aquella época en la Iglesia había
disturbios a raíz de la falsa herejía de Arrio, que negaba la
Divinidad del Señor Jesucristo. Para apaciguar la Iglesia, el
emperador San Constantino llamó al primer Concilio Ecuménico en
Nicea, el año 325. Entre los 318 santos obispos asistió también San
Nicolás. El Concilio Ecuménico condenó al arrianismo y fueron
compuestos los primeros siete artículos del Símbolo de nuestra Fe,
en el cual se expuso en palabras exactas la fe ortodoxa, la fe en el
Señor Jesucristo, quien es el Hijo de Dios, tiene la misma
naturaleza de Dios Padre y no es su mejor criatura. Durante los
debates del Concilio, cuando San Nicolás escuchó las blasfemias del
Ario, se indigno tanto que le dio una bofetada a delante de todos.
El Concilio le retiró su cargo como obispo por violar el orden.
Pero algunos obispos tuvieron una visión en la cual veían al Señor
entregando a San Nicolás el Evangelio y la Madre de Dios lo cubría
con Su velo. Todos los obispos del Concilio comprendieron que el
arrianismo es desagradable a Dios y devolvieron su cargo a San
Nicolás.
En otros milagros del Santo, el
emperador condenó, a raíz de una falsa denuncia, a muerte a tres
jefes militares. Acordándose de los milagros de San Nicolás, ellos
le pidieron que les ayude. Después de rezar, el Santo se presento en
un sueño al emperador ordenándole dejar en libertad a sus fieles
servidores, en caso contrario sería castigado. "¿Quién eres tu que
te atreves a exigirme algo así? le preguntó el emperador, Soy
Nicolás, el obispo de Mira le contestó el Santo. Y el emperador
reviso el caso y con honor dejó en libertad a los jefes militares.
Una vez navegaba un barco de Egipto a
Libia. Se levantó una gran tormenta y el barco estaba a punto de
naufragar. Algunos se acordaron de San Nicolás y en sus oraciones le
pidieron ayuda. Y vieron que el Santo llego apurado sobre el mar
enfurecido, sube al barco y toma el timón. La tormenta se calma y el
barco llega bien al puerto.
San Nicolás falleció siendo anciano.
Pero con su muerte no se termino su ayuda, por el contrario se
incrementó. Desde entonces él es quien ayuda rápidamente a todos los
que están en peligro y le piden rezando. Hay muchos libros sobre su
ayuda y el amor de los ortodoxos sigue aumentando.
|