Los Oficios de Semana Santa y Pascua de Resurrección
Introducción
La más importante fiesta de nuestra Iglesia, es la conmemoración de
la Resurrección de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo,
conocida como la “Fiesta de las Fiestas”. Su significado dogmático
es fundamental en el Cristianismo. San Pablo en una de sus
Epístolas, recalca que nuestra fe no tiene sentido sin la
Resurrección de Cristo. La Iglesia primitiva, reconociendo este
importante acontecimiento, prescribió que en el Domingo se,
conmemorase la Resurrección del Señor. Uniéndonos a los hechos
históricos de los últimos momentos del Salvador, en la tierra, como
lo describen las Santas Escrituras; nuestra iglesia, ha puesto la
semana anterior a esa gran fiesta, como período de reconocimiento de
su Supremo sacrificio por nuestra redención.
Estos sucesos son recordados a nosotros durante la Semana Santa, en
varios emocionantes servicios de especial solemnidad.
LUNES SANTO
Comparación de José del Antiguo Testamento con Cristo
En este día comienza la conmemoración de la Santa Pasión del
Salvador. José del antiguo Testamento, es tomado como símbolo, y se
compara con Cristo. José fue el decimoprimer hijo de Jacob. A causa
que su padre lo amaba muchísimo, sus celosos hermanos lo vendieron a
extranjeros, los cuales a su vez lo vendieron en Egipto. Fue
vituperado por su castidad y arrojado a la cárcel. Así como José fue
rechazado por sus hermanos, Cristo fue repudiado por su pueblo. Y
como José, fue vendido por 30 monedas de plata por sus hermanos,
igualmente Judas, el discípulo de Cristo, traicionó al Señor por la
misma suma. Como José fue abandonado para que muriera en una fosa,
Jesús fue sepultado. Y tal como José fue exaltado de la esclavitud
para ser un poderoso gobernador en Egipto, así Cristo se hizo
victorioso sobre la muerte por su resurrección. De este modo, José
simbolizó en si mismo la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y su
magna gloria. (Gen. 11:41.)
También se recuerda la higuera estéril que fue maldecida por el
Señor: Después de su entrada triunfal en Jerusalén, Jesús viajó a la
aldea de Betania. Era el 19 de Marzo de aquel entonces. Cansado y
con hambre, divisó desde lejos una higuera. Al llegar al árbol,
encontró que no tenía frutos. La higuera representa la sinagoga de
los judíos, que no mostró los frutos necesarios de virtud y
justicia; y el Señor los despojó de toda gracia espiritual. (S.
Mateo 21:18-20). Cristo compara el higo con el pecado; como el higo
es dulce, así también el pecado es atrayente y deseado.
El Servicio del Lunes Santo, se canta el Domingo de Ramos en la
noche, como Matutinos, porque el día en la Iglesia, comienza a la
puesta del sol. Esta práctica fue tomada del Antiguo Testamento.
Después del Aleluya (3 veces) sigue la procesión del Nimphios,
(Icono de Cristo como el Esposo) mientras se canta el tropario
siguiente:
“He aquí viene el Esposa a media noche; bienaventurado el siervo que
encuentre velando. Mas el que encuentre inadvertido, indigno es.
Cuida alma mía de no caer en profundo sueño y ser arrojada fuera del
Reino, y entregada a la muerte. Mas velad clamando: Santo, Santo,
Santo, eres Tú, oh Dios. Por la intercesión de los Poderes
Celestiales, ten piedad de nosotros.”
El sacerdote Llevando la Imagen del Señor, sale de la Puerta Norte,
y se dirige al centro de la Iglesia (o al atrio del templo), donde
coloca el Icono sobre un sitial para ser venerado por los fieles,
hasta la mañana del Jueves Santo.
Esto tiene dos interpretaciones: la primera, simboliza a Cristo
condenado, camino al Gólgota. La segunda, nos recuerda el retorno de
Cristo como Juez.
Después de cantar varios himnos y troparios, se lee el Evangelio de
San Mateo 21:18-48. Se reza el salmo 50; y un grupo de Odas que
exhortan a los pecadores a la penitencia. Se alterna una letanía, y
se canta el himno siguiente:
“Veo tu cámara nupcial adornada, oh Salvador mío; y no paseo la
vestidura adecuada para entrar a ella. Haz resplandecer la túnica de
mi alma, Tú que otorgas la Luz y sálvame.”
Se continúa el servicio; y es de notar que la Doxología se lee, en
vez de cantar, en señal de duelo.
MARTES SANTO
El Servicio Matutino se oficia al anochecer del Lunes.
En este día conmemoramos la parábola de las cinco Vírgenes prudentes
y las cinco necias. Esta contiene la enseñanza de Nuestro Señor
antes de su crucifixión; que relata su segunda venida y el último
juicio. Nos instruye que siempre debemos estar preparados para
recibirle. Nos exhorta con la parábola de las vírgenes prudentes,
que tenían sus lámparas llenas de aceite y esperaban con
anticipación al Esposo. Cristo es el Esposo de la Iglesia. Las
vírgenes necias, no estaban preparadas, dejaron sus lámparas vacías.
Se nos recomienda emular el ejemplo de las prudentes; de
examinarnos, y ver como estamos frente al juicio. ¿Estamos
preparados para recibir al Esposo? Por esta parábola, Cristo alabó a
los que esperaban su venida, y se preparaban para su advenimiento.
En el tropario, se nos pide usar nuestros talentos haciendo buenas
obras, y disponernos plenamente para el segundo advenimiento del
Señor, para que la muerte no nos tome de repente, y se cierre la
puerta de la cámara celestial en nuestro rostro; y oír el juicio
terrible que escucharon las vírgenes necias: “En verdad, en verdad
yo no os conozco.” (San Mateo 25:13) El resto del Servicio es de la
misma forma que el anterior.
MIÉRCOLES SANTO
El Servicio Matutino se celebra al anochecer del Martes.
El más exacto de los comentaristas sobre los cuatro Evangelios, dice
que dos mujeres ungieron al Señor; una mucho antes de su Pasión; y
otra, pocos días antes. Una de estas era una adúltera; mientras la
otra era una mujer casta y virtuosa. En este día, la Iglesia
conmemora el acto de piedad y justicia que procedió de la adúltera
en contraste con la traición de Judas, y su entrega de Cristo. Estos
dos actos fueron hechos el Miércoles, que correspondió al 21 de
Marzo; dos días antes de la Pascua Mosaica; según aparece en el
relato de San Mateo Evangelista. La adúltera, mencionada, ungió la
cabeza y los pies de Jesús con bálsamo de Nardo, y los secó con sus
cabellos. Esto se efectuó en Betania, en casa de Simón, el Leproso.
Aunque la mujer no lo sabía, simbólicamente estaba preparando a
Cristo para su sepultura. Jesús conocía, sin escuchar palabra de
ella, que esta se estaba arrepintiendo de sus pecados y le dijo:
“Tus pecados te son perdonados”. El bálsamo precioso era avaluado en
300 dinares. Cuando los discípulos vieron esto, trepidaron;
especialmente Judas, al amante del dinero. Y se enojaron por haberse
gastado tanta cantidad de bálsamo. Je-sús los reprendió para no
apenar a la mujer. Judas, enojado, fue a los sumos sacerdotes que se
habían reunido en casa de Caifás, tomando acuerdo contra Jesús; y
con ellos consintió entregar al Maestro por 30 monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscó una oportunidad para entregarlo (Mat.
26: 2-16). Por esto fue instituido el ayuno del Miércoles, desde los
mismos días apostólicos.
Este tercer oficio, es similar a los anteriores. Todas las lecturas
y cánticos nos están previniendo cuidarnos de la codicia y amor al
dinero, que pueden corromper aun a un discípulo de Cristo. Evitemos
que la avaricia y el egoísmo dominen nuestras vidas, para traicionar
a Cristo, como Judas; mas arrepintámonos con humildad y contrición,
como la pecadora.
En el Servicio del Miércoles Santo, se nos aconseja pedir el perdón
de nuestros pecados y reconciliarnos con Dios, de cuya gracia y
favor hemos caído, por nuestra desobediencia y vida pecaminosa. La
Iglesia, nos inculca este mensaje, especialmente durante la Semana
Santa, para que nos preparemos cuidadosamente para la Santa Comunión
después de examinarnos y meditar, confesando llenos de contrición
nuestros pecados, en el sacramento de la Penitencia, cambiando
nuestra actitud frente a la vida, y recibiendo la absolución.
Se ha instituido que la Liturgia de Presantificados se celebre cada
Miércoles y Viernes; los tres primeros días de Semana Santa, y en
otros días de fiesta de este período. En esta Liturgia, los Santos
Dones han sido consagrados en una Liturgia previa de San Juan
Crisóstomo o San Basilio, el Grande.
El Miércoles Santo en la mañana, se celebra por última vez en la
Cuaresma, la Liturgia de Presantificados.
En la noche se oficia el sacramento de la Santa Unción. Este tuvo
origen en la era pre-Cristiana, en el Antiguo Testamento.
En el Nuevo Testamento, vemos al buen Samaritano, lle-vando aceite y
vino, como medicina temporal para emergencias. Nuestro Señor dio
instrucciones a sus Apóstoles de ungir los enfermos y afligidos con
óleo. Los Apóstoles: y los primeros Cristianos lo celebraban. Léase
Epístola de San Santiago 5:14-15.
Esta santa tradición se practica por nuestra Iglesia hasta hoy, no
solamente para los enfermos, sino para todos los Cristianos que
necesitan ser fortificados corporal, moral y espiritualmente. Del
pasaje de la Epístola de Santiago, vemos claramente que el propósito
de la Santa Unción es doble: primeramente sanar las debilidades de
nuestros cuerpos; y en segundo lugar, curar las enfermedades
espirituales. Por este reconfortante Sacramento, recibimos la
bendición, fortaleza, paz y serenidad, para que seamos regenerados y
aliviados de las pruebas y tribulaciones de la vida.
Para este servicio se coloca en el centro de la Iglesia, una mesa
sobre una tarima, en la cual se encuentra trigo, aceite y vino. El
trigo es emblema del principio de una nueva vida, después de la vida
del cuerpo, es decir resurrección (ver San Juan 12:24; 1 Cor.
15:36-38). El aceite es el elemento visible del don de sanar (Marcos
16: 18) y es símbolo de la misericordia de Dios.
El vino representa la Sangre del Costado de Cristo, derramada en la
Cruz por la salvación de los hombres. Se alumbra un candelabro de
siete velas que indican los siete dones del Espíritu Santo.
Se leen los Evangelios sobre las cabezas de los fieles, como símbolo
de la sanidad o curación que hacía Nuestro Señor, imponiendo las
manos sobre los enfermos para sanarlos. Al final, los celebrantes
ungen a todos los fieles con el óleo que se ha bendecido.
JUEVES SANTO
El Servicio Matutino se celebra usualmente en la noche del Miércoles
Santo o el Jueves Santo en la mañana.
Institución de la Eucaristía
En la noche de este día, que correspondió en aquel tiempo al 22 de
Marzo, era víspera de le fiesta de la Pascua Mosaica. Jesús ceno en
la ciudad de Jerusalén con sus doce discípulos; y en ella bendijo el
Pan y el Vino, instituyendo así el Sacramento de la Eucaristía; y
dio a sus discípulos las enseñanzas sublimes contenidas en los
primeros capítulos Evangélicos que se leen esta noche, conocidos
como Evangelios de la Pasión. Seguidamente, Jesús fue al Monte de
Olivos, y empezó a entristecerse. Se alejó de los discípulos
prosternándose y orando fervorosamente, hasta que su sudor cayó como
gotas de sangre. No había terminado esta oración y esta lucha,
cuando Judas apareció con soldados armados y una multitud de gentes;
saludó al Maestro con un beso y lo entregó.
Oremos para ser preservados de la codicia, y vivir puros
participando de los Santos Misterios del Cuerpo y Sangre del Señor.
Jueves Santo en la Mañana
En la mañana del Jueves Santo, se celebran las solemnes vísperas y
la Liturgia de San Basilio. Este servicio tiene como rema principal
la institución de la Santa Eucaristía en la Santa Cena.
Un ritual de especial importancia en esta misa es la consagración de
la Eucaristía que se preserva durante todo el año para la Santa
Comunión de los enfermos. Otro ritual de gran significado, se
celebra en Jerusalén, y en otras Catedrales importantes, es el
emocionante servicio que recuerda a Cristo lavando los pies de sus
Apóstoles. Después de la lectura del relato bíblico de este acto, el
prelado lava les pies de doce ancianos sacerdotes, los cuales
representan a los discípulos en la última Cena.
En la Noche
Este es uno de los más solemnes oficios de Semana Santa.
En este Oficio, que es el matutino del Viernes Santo, se relata toda
la Pasión del Señor, en las lecturas de los 12 Evangelios. Después
del comienzo acostumbrado se canta Aleluya en tono triste por última
vez. Todos los himnos tienen por tema la Última Cena, la vigilia de
Cristo en el jardín de los Olivos, la traición, la forma que fue
conducido hasta la corte del Sumo Sacerdote, la negación de San
Pedro y el arre-pentimiento de éste. La mofa del Sumo Sacerdote, la
coloca-ción de la corona de espinas, el juicio ante Pilatos, que
concluye con Su Crucifixión
El primer Evangelio relata la despedida y oración en la Última Cena.
Los otros Evangelios, narran los últimos momentos del Señor en la
tierra y su sepultura por José de Arimatea La parte más emocionante
de este oficio, es la conmemoración de la Crucifixión.
Después del quinto Evangelio, el sacerdote toma el Crucifijo
adornado con cirios y flores y, en procesión solemne, sale desde el
Santuario caminando alrededor de la Iglesia. Al mismo tiempo canta
el himno de la Crucifixión:
Hoy fue elevado sobre el madero,
Aquel que elevó la tierra sobre las aguas.
Una corona de espinas ciñó la cabeza
del Rey de los Ángeles
Un manto irrisorio vistió Aquel que extendió
las nubes en el cielo
Recibió una bofetada Aquel que liberó Adán en el Jordán:
El Esposo de la Iglesia fue traspasado con clavos
El Hijo de la Virgen fue herido con una lanza.
Nos prosternamos ante Tu Pasión
oh Cristo Muéstranos Tu gloriosa Resurrección.
Después de esto, la Santa Cruz es colocada en el centro de la
Iglesia para ser venerada por los fieles.
VIERNES SANTO
No hay Liturgia el Viernes Santo, porque conmemoramos el sacrificio
supremo ofrecido en el Gólgota. Viernes Santo es día de duelo y
estricto ayuno. En vez de la Liturgia, se leen las horas solemnes,
que consisten de los salmos Mesiánicos de David, profecías del
Antiguo Testamento, Epístolas y Evangelios relatando especialmente
la Pasión y Crucifixión del Señor.
Las Vísperas del Viernes Santo
Dentro de las Vísperas del Viernes Santo, se oficia el Des-cendimiento
del Señor, de la Cruz, realizados por José de Arimatea, al cual le
fue concedido el permiso para sepultar al Señor.
Durante la lectura del Evangelio, mientras se relata este pasaje, el
sacerdote sale del Santuario, llevando un lienzo blanco. Se dirige
al Crucifijo, que se encuentra en el centro de la Iglesia desde el
Jueves en la noche, desciende la imagen del Señor, y envolviéndole
con la mortaja, vuelve al Santuario y lo deposita en el Altar.
Posteriormente, sale con el Epitafion, el cual es una imagen del
Santo entierro del Señor; y lo deposita sobre el sepulcro, que
previamente se ha colocado en el centro de la Iglesia, adornado con
flores que aportan los fieles.
En la noche
Al anochecer, se oficia el servicio de los Matutinos del Sábado
Santo.
Se conmemora la sepultura del Señor, y también su descendimiento al
infierno.
Hasta la venida de Cristo, a la tierra, las almas de todos los
difuntos aun la de les santos y los profetas, iban, después de su
muerte, al infierno, porque el mundo no había sido salvado. Pero
Cristo, vino, sufrió, murió en la Cruz y bajó a los infiernos, donde
predicó su Evangelio a todos los que habían muerto antes de su
llegada y que no tuvieron la oportunidad de escuchar sus sermones
sobre una nueva vida, libre de pecado. Por eso, cuando el Señor
entró al infierno, fue con tanta luz, majestad y gloria, que todos
los que ahí se encontraban lo reconocieron como Dios y Rey. Por su
gracia, Jesús rescató, de este lugar, las almas justas.
Este oficio se llama “Lamentaciones”. Los fieles encienden velas,
mientras el coro entona cánticos de deploración, que expresan la
tristeza de los Cristianos por le muerte del Señor; la creencia de
que ha descendido al infierno para abolir el poder de Satán, y
destruir la muerte; y esperando su rápida vivificadora resurrección.
Después de las Lamentaciones se inicia una procesión con el
Epitafion, conmemorando la Santa Sepultura del Señor.
Al final, el Sacerdote distribuye las flores que adornaban el
Sepulcro, que los fieles guardan con especial veneración.
SÁBADO SANTO
En la mañana del Sábado Santo, se ofician las usuales Vísperas, y
después la Liturgia de San Basilio. En la entrada con el Evangelio,
se canta el himno vespertino:
“Oh Luz radiante de la Santa gloria del Padre Inmortal y Celestial.
Santo y bendito Jesucristo! Como hemos llegado al ocaso del sol, y
habiendo visto la luz vespertina, alabamos al Padre, al Hijo y al
Espíritu Santo, un solo Dios. Porque es digna en todo tiempo,
celebrarte con voces santas; oh Hijo de Dios, y dador de Vida. Por
eso el mundo Te Glorifica!”
Este himno se canta en todo servicio Vespertino: y se cree que fue
compuesto por los Cristianos del primer siglo. Después siguen las
lecturas escogidas de 15 libros del Antiguo Testamento; ellas
relatan los más sorprendentes y simbólicos acontecimientos y
profecías prototipos de fa salvación de la humanidad consumada con
el sacrificio del Hijo de Dios.
La lectura de la Epístola, nos dice que por medio del Bautismo somos
sepultados con Cristo, para que podamos resucitar con El. Antes de
la Lectura del Evangelio, el cantor en vez del acostumbrado
“aleluya”, entona el Prokimenon: “ Levántate oh Dios y juzga la
tierra, porque Tu heredas todas las naciones”. El celebrante, que se
ha revestido con hábitos de colores claros y variados, esparce
pétalos de rosas y hojas de naranjo en todo el Templo. Este acto es
el primer anuncio del gozoso advenimiento.
El Evangelio nos relata la resurrección de Cristo. Después sigue la
Liturgia de San Basilio en su orden regular.
PASCUA DE RESURRECCIÓN
El gran Domingo de Pascua, celebrarnos la Resurrección vivificadora
de Nuestro Señor, Dios y Salvador; Jesucristo; porque Cristo bajó
sólo a luchar con el infierno, y ascendió trayendo con El trofeos de
victoria.
La Pascua de resurrección, “o fiesta de las fiestas”, se celebra por
la Iglesia con especial solemnidad. El Templo se llena con la
fragancia del incienso y miles de luces: el clero se viste con sus
mejores hábitos de colores claros. Todo esto muestra los arroyos de
alegría y de gracia que vivieron por la resurrección del Salvador.
Se conmemora su victoria sobre le muerte y el infierno, para la
salvación de la humanidad y su vida eterna.
Previo a la proclamación de la Resurrección de Cristo, nos
preparamos al majestuoso servicio, repitiendo el Canon del Sá-bado
Santo. Durante esto, el templo permanece semi oscuro.
A medianoche la Puerta Real (al centro del Iconostasio) se abre. El
sacerdote prior sale con cirios encendidos y dice:
“¡Adelante! Tomad luz de la Luz eterna. Venid y glorificad a Cristo
resucitado de entre los muertos.”
En este momento, se ilumina la iglesia y se distribuye la luz. Los
fieles se acercan a prender sus velas en los cirios del celebrante.
Enseguida comienza la procesión solemne que se dirige hacia el
exterior del templo.
Todos mantienen en sus manos las velas prendidas. Un cántico unánime
se eleva:
“Tu resurrección oh Cristo, Salvador nuestro, los ángeles en el
cielo alaban, haznos dignos a nosotros que estamos en la tierra, de
glorificarte con corazones puros.”
En el centro del atrio, el sacerdote inicia los oficios matu-tinos,
propios de la Pascua. Se lee el Evangelio que relata la ida de las
Santas mujeres al Sepulcro.
Después de glorificar la Santísima Trinidad, el celebrante entona
solemnemente el troparion de la Resurrección:
“Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con la
muerte, y concediendo la vida a los que yacían en los sepulcros.”
El coro lo repite varias veces alternando con celebrante, que entona
los versículos de la Resurrección. Durante este tiempo se tocan las
campanas en sedal de júbilo.
La procesión retorna a la Iglesia, donde se cantan los hermosos y
emocionantes himnos escritos por San Juan Damasceno, glorificando la
resurrección del Señor.
Se concluyen los Matutinos, y se da comienzo a la Divina Liturgia
(Santa Misa); en ella se lee el Evangelio de San Juan Evangelista
(1:1-16), que se refiere a la Divinidad de Cristo. “En el principio
era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios...”
El Domingo, y que los Evangelistas llaman el primer día de la
semana, que fue el 25 de Marzo, o sea 36 horas después de la muerte
del Salvador, las mujeres vinieron al Sepulcro con sus aromas
preparados. Mientras ponderaban la dificultad de rodar la piedra de
la puerta del Sepulcro, hubo un gran terremoto. Un Ángel del Señor
descendió; su apariencia era como el relámpago, y su ropa como
nieve; rodó la piedra, y se sentó en ella. Los guardias temblaron de
temor, fueron como muertos y huyeron. Las mujeres entraron Sepulcro,
mas no encontraron a Jesús, sino dos ángeles en forma humana,
vestidos de blanco, que proclamaron la resurrección del Señor.
La procesión fuera de la Iglesia, simboliza las santas mu-jeres que
al alba llevaron aromas para embalsamar al Señor. Los matutinos
pascuales se inician en la puerta del templo, imitando el ángel que,
a la entrada del Sepulcro, anunció a ellas la resurrección de
Cristo.
En este día celebrarnos la gozosa resurrección, besándonos unos a
otros en Cristo, con el beso fraternal; mostrando la disolución de
la enemistad que había entre Dios y nosotros; y nuestra
reconciliación por medio de Cristo. Esta fiesta, fue lla-mada
Pascua, del Hebreo, porque Cristo, por su Pasión y Resurrección, nos
pasó de la maldición de Adán y la esclavitud de Satán, a la antigua
libertad y felicidad.
Este día, llamado en Hebreo el primer día, es dedicado al Señor,
para su glorificación y magnificación; en griego se llama Kiriaki, o
sea, día del Señor.
Los discípulos le dieron la dignidad del Sábado, según la ley del
Antigua Testamento, y ordenaron que fuese feriado y día de descanso.
Mientras los fieles vienen a besar la imagen del Señor Resucitado,
el celebrante reza lo siguiente:
“Hemos visto la Resurrección de Cristo, prosternémonos ante el Santo
Señor Jesús, el único exento de pecado. Tú Cruz, oh Cristo,
adoramos, y Tu Santa Resurrección alabamos y glorifi-camos; porque
Tú eres nuestro Dios, y ningún otro conocemos, y Tu nombre
invocamos. Venid, fieles todos, prosternémonos ante la Santa.
Resurrección de Cristo, porque por la Cruz entró la alegría en el
mundo entero. Te bendecimos Señor, en todo tiempo, y alabamos Tu
Resurrección, porque padeciendo la Cruz por nosotros, destruiste la
muerte con Tu muerte.”
Y además: “Resucitó Jesús, el Señor, como había predicho,
concediéndonos la vida eterna y la gran misericordia”.
Al final de la Misa, el sacerdote dice a los fieles por tres veces:
“Cristo resucitó”. Y ellos responden: “En verdad resucitó”. La
última vez: “En verdad resucitó el Señor”.
Domingo Pascual en la tarde
En este tiempo se celebran las “Vísperas del Amor”, que se componen
de himnos pascuales.
En la entrada con el Evangelio se canta el himno de los tiempos
apostólicos “Oh luz radiante...” Se lee el Evangelio de San Juan
(10:13-25) que habla de la Resurrección, y de la aparición de Jesús
a sus discípulos.
Como una manifestación de que las enseñanzas de Cristo fueron
divulgadas en todos los confines del mundo, se lee el Evangelio en
varios idiomas.
La Semana que comienza con el Domingo Pascual, es considerada como
una gloriosa fiesta, y la iglesia la llama “Una renovación de la
Vida” y “La semana del Resplandor”. En el templo, las puertas del
Santuario se mantienen abiertas hasta el sábado, para indicar que
Cristo, por su Resurrección de entre los muertos, ha abierto las
puertas del reino de los cielos, para todos nosotros.
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