La condición del ayuno sincero es el perdón; que nos
perdonemos los unos a los otros, así como Dios nos perdona. "Si
perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará."
En las vísperas de este domingo, la Cuaresma comienza con el
"Gran Proquímeno": "No escondas de tu siervo tu rostro, porque
estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma,
redímela." Al final del servicio los fieles se piden perdón unos
a otros y la Iglesia inicia así su peregrinación hacia el día
alegre y glorioso de la Pascua.
Los servicios de la Cuaresma
La Cuaresma consiste en seis semanas o cuarenta días.
Comienza el lunes después del domingo de Abstinencia de Queso y
termina el viernes antes del Domingo de Ramos. El Sábado de
Lázaro, el Domingo de Ramos y la Semana Santa forman un ciclo
especial. El sentido y el espíritu de la Cuaresma encuentran su
primera y más importante expresión en los servicios religiosos.
No solamente los miembros individuales sino también la Iglesia
entera adquieren un espíritu penitencial, y los hermosos
servicios cuaresmales nos ayudan más que nada a hacer más
profunda nuestra visión espiritual, a reconsiderar nuestra vida
a la luz de la doctrina ortodoxa sobre el hombre. Analizaremos
ahora brevemente las características sobresalientes de la
liturgia cuaresmal.
1. El Gran Canon de San Andrés de Creta
La Cuaresma comienza con el Gran Canon Penitencial de San
Andrés de Creta. Escrito en el siglo séptimo por uno de los
himnógrafos más insignes de la Iglesia Ortodoxa, este canon es
la expresión más pura del arrepentimiento. El autor contempla la
historia de la salvación narrada en el Antiguo y el Nuevo
Testamento y aplica sus imágenes al estado de su alma
pecaminosa. Es un lamento largo y patético del cristiano que
redescubre cuánto Dios le ha amado, cuánto ha hecho por él y lo
poco que el hombre ha correspondido al amor y a los beneficios
de Dios. He aquí un fragmento:
¿Cómo comenzaré a deplorar las acciones de mi vida
miserable?
¿Qué principio daré, oh Cristo, a este lamento?
Mas como eres Compasivo, concédeme perdón de mis
transgresiones.
Así como el alfarero da vida a su barro, me has dado carne
y huesos, aliento y vida;
Ahora, oh Creador mío, Redentor mío y Juez, acéptame a mí
penitente.
He perdido mi hermosura original, ahora estoy postrado,
desnudo y cubierto de vergüenza...
Y a cada uno de estos troparios el pueblo contesta: "Ten
piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí."
El Gran Canon se recita dos veces durante la Cuaresma:
dividido en cuatro partes en el servicio de Completas mayores el
lunes, martes, miércoles y jueves de la primera semana, y luego
en su forma completa en Maitines del jueves de la quinta semana.
Es la verdadera introducción a la Cuaresma, establece su tono y
espíritu y, desde el principio, nos da la verdadera dimensión
del arrepentimiento.
2. La Oración de San Efrén el Sirio
Entre semana, en todos los servicios, esta oración se recita
dos veces, y se hacen postraciones después de cada una de las
tres peticiones y otra después de la segunda repetición. Dice
así:
Señor y Dueño de mi vida, el espíritu de ocio, de
indiscreción, de ambición y de locuacidad, no me lo des.
(postración)
Mas el espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y
de amor, concédemelo a mí, tu siervo. (postración)
Sí, Señor y Rey, concédeme percibir mis propias ofensas y
no juzgar a mis hermanos, porque bendito eres por los siglos de
los siglos. Amén. (postración)
Luego nos postramos doce veces haciendo la señal de la cruz
sobre nosotros, diciendo: Dios, purifícame a mí, pecador.
Y otra vez la oración completa con una postración al final.
Esta oración, repetida constantemente en los oficios, es la
expresión más sencilla y más pura del arrepentimiento en todas
sus dimensiones, de deseos de purificación y anhelo de
mejoramiento, de un cambio verdadero en relaciones con otras
personas. Las reglas cuaresmales de la Iglesia Ortodoxa dan
mucha importancia a la postración; por medio de ella el cuerpo
participa en el esfuerzo de humillar nuestro orgullo y nuestra
auto-complacencia.
3. Lecturas de la Biblia
Otra característica de los servicios cuaresmales es el uso
del Antiguo Testamento, normalmente ausente del ciclo diario de
oficios. Hay lecciones de tres libros particularmente durante
todo el período: el Génesis y los Proverbios en Vísperas, y las
profecías de Isaías en la Hora Sexta. Estas lecturas dan énfasis
a la idea de que la Cuaresma es un tiempo de preparación, un
regreso espiritual al Antiguo Testamento que anunció y preparó
la venida de Cristo y la inauguración de la nueva vida que El
nos da. El Génesis narra la historia de la creación, la caída
del hombre y los comienzos de la historia de la salvación. Los
Proverbios nos enseñan la sabiduría de Dios revelada al hombre
llevándole al arrepentimiento y a su renovación. Finalmente,
Isaías es el gran profeta de la Redención y de la Salvación, el
heraldo del reino de Dios.
4. Himnos Cuaresmales
El libro litúrgico de la Gran Cuaresma es el Triodio. Además
de las lecturas bíblicas, contiene los himnos esenciales que se
cantan todos los días en maitines y Vísperas, los cuales
expresan mejor que nada la espiritualidad cuaresmal de la
Iglesia Ortodoxa. A continuación damos algunos ejemplos:
Empecemos, oh fieles, el sagrado ayuno, pues es la
salvación de nuestras almas.
Presentemos nuestra devoción a Dios con temor, ungiendo la
cabeza con el óleo de las buenas obras y lavando la cara con
agua pura, orando no con multitud de palabras sino como el Señor
nos ha enseñado a decir: Padre nuestro que estás en los cielos,
perdónanos nuestras deudas, pues nos amas a todos. (Maitines
del Martes, primera semana)
Venid, oh fieles, practiquemos las obras de Dios a la luz,
andemos con diligencia como de día, echemos fuera todo juicio
injusto contra el prójimo, y no le pongamos tropiezo ni ocasión
de caer; dejemos los placeres carnales, aumentemos las gracias
del alma, demos de comer a los necesitados, acerquémonos a
Cristo con penitencia clamando: Ten piedad de nosotros, oh Dios
nuestro. (Vísperas del viernes, primera semana)
¿Porqué estás ociosa, alma mía? Y ¿por qué te dedicas al
pecado? ¿Por qué, siendo débil, no buscas alivio? Ahora es el
tiempo de los frutos, ahora es el día de la salvación.
Levántate, lávate con lágrimas de penitencia y enciende tu
lámpara con el aceite de las buenas obras. A fin de obtener
perdón de Dios, y gran misericordia. (Maitines del martes,
segunda semana)
Llegando a medio camino en la Cuaresma, a la veneración de
tu Cruz, esperando ver aquel día en que Abrahám rescató a Isaac
de la muerte; te rogamos nos hagas partícipes de tu Cena
Mística. Nosotros, los que salvados por la fe te clamamos: Oh
Luz y Salvador nuestro, gloria a ti. (Maitines del
miércoles, cuarta semana)
Nota del T.- El Triodio completo, desafortunadamente, no se
ha traducido al español. Solamente tenemos algunas partes en
varias compilaciones, y la mayor parte de sus riquezas aún
quedan desconocidas a los hispanos. De excepcional belleza y de
maravillosa profundidad espiritual son los cánones de tres odas
(de allí el nombre "Tri-odion" en griego), Katísmata (estiquios
cantados después de los Salmos), himnos a la Santísima Trinidad,
etc. De todos los libros litúrgicos de nuestra Iglesia Ortodoxa,
éste es uno de los más inspiradores y más directamente
relacionado con las necesidades espirituales del hombre.
5. El Salterio
Los Salmos ocupan una posición central en todo el culto
ortodoxo. Pero, durante la Cuaresma, el Salterio completo se lee
dos veces cada semana, y normalmente se lee una sola vez. Aunque
esta práctica se puede llevar a cabo solamente en los
monasterios, es importante saber que en la Iglesia el Salterio
es considerado como un esencial auxilio espiritual de la
Cuaresma.
6. La Liturgia de los Presantificados
No se permite la celebración de la Divina Liturgia en los
días de semana de la Cuaresma. Son días no litúrgicos o de ayuno
(con una excepción: la fiesta de la Anunciación). El motivo de
esta regla es éste: La Eucaristía es por naturaleza una
celebración festiva, la alegre conmemoración de la Resurrección,
la glorificación de Jesucristo y su presencia entre sus
discípulos. Dos veces a la semana, los miércoles y viernes, la
Iglesia prescribe, después de las Vísperas, por la tarde, la
Liturgia de los Presantificados. Consiste en Vísperas mayores y
comunión de los Santos Dones consagrados durante la Divina
Liturgia del domingo anterior inmediato. Estos días, siendo de
ayuno estricto (abstinencia completa idealmente) son coronados
por la participación del Pan de Vida, el cumplimiento postrero
de todos nuestros esfuerzos...
"..Habiéndonos librado a nosotros y a tu pueblo fiel de
impureza, santifica nuestras almas y cuerpos con la
santificación que no puede quitarse, a fin de que participando
con una conciencia limpia, un rostro inconfuso y un corazón
iluminado de estos divinos misterios santificados, y viviendo
por ellos, seamos unidos a tu Cristo mismo, nuestro verdadero
Dios, que ha dicho: 'El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y yo en él,' a fin de que tu Verbo, Señor,
habitando y morando en nosotros, vengamos a ser templo de tu
santísimo y amoroso Espíritu." (Oración de la Liturgia de
los Presantificados)
7. La música y los Ornamentos Litúrgicos
El espíritu de Cuaresma es expresado en la música litúrgica.
Se usan tonos y melodías especiales en las letanías, los
aleluyas y en los himnos. Estas lentas melodías, solemnes y
profundas, provocan en nosotros un deseo de pureza y una
tristeza por no haber vivido de acuerdo con la "hermosura
original" para la cual fuimos creados. Por tanto, como símbolo
externo de este estado de arrepentimiento, de preparación y de
humildad, se usan ornamentos litúrgicos de color morado u
oscuro, durante la Gran Cuaresma.
8. Los Sábados y Domingos de la Cuaresma
Los sábados de Cuaresma, con la excepción del primero,
dedicado a la memoria del santo mártir Teodoro de Tiro, y el
quinto, que es el sábado del himno Akatisto, son días de
conmemoración de los difuntos. Es un memorial semanario de todos
los cristianos ortodoxos difuntos, de su integración a la
Eucaristía, siempre ofrecida "por todo y por todos." Cada
domingo de la Gran Cuaresma, aunque conserva su significado
esencial – es una Pascua de Resurrección semanaria – tiene su
propio tema especial:
El primer domingo (Triunfo de la Ortodoxia = Domingo de la
Ortodoxia) conmemora la victoria de la Iglesia sobre la última
gran herejía: el iconoclasmo (842 d.c.).
El segundo domingo se conmemora a San Gregorio de Palamás,
gran místico y teólogo bizantino del siglo XIV, que concentró su
enseñanza en la alta vocación del hombre, en su "edificación" en
Cristo.
El tercer domingo, es el de la "Veneración de la Santa Cruz".
En el oficio de Maitines, la cruz se lleva solemnemente al
centro de la iglesia, donde permanece toda la semana que sigue.
Este ceremonial anuncia la venida de la Semana Santa con su
conmemoración de la Pasión del Señor. Se realiza una veneración
especial de la cruz al final de cada oficio (tres postraciones y
un beso).
El cuarto domingo se dedica a San Juan Clímaco, uno de los
ascetas más renombrados, quien en su libro "La Escala de
Virtudes," describe las diferentes etapas de la vida espiritual.
El quinto se dedica a Santa María Egipcíaca, cuya vida ofrece
un maravilloso ejemplo de arrepentimiento.
Los sábados y domingos, días de celebración eucarística, los
ornamentos luctuosos son reemplazados por otros de colores
claros, no se usan las melodías de cuaresma y se omite la
oración de San Efrén con sus postraciones. Los oficios no son de
tipo cuaresmal, pero la regla de la abstinencia y el ayuno sigue
en práctica sin interrumpirse. En todos los domingos, en las
Vísperas, un "Gran Proquímeno" especial (versículos del
Salterio), inaugura otra semana de esfuerzo penitencial.
¿Cómo podemos guardar u observar la Gran
Cuaresma?
Es evidentemente imposible asistir a todos los oficios de la
Iglesia todos los días. Y, puesto que no podemos guardar
litúrgicamente la Cuaresma completa, tenemos que preguntarnos,
¿Cuál puede ser nuestra participación en la Cuaresma? ¿Qué
beneficio espiritual se puede obtener de ella? La Iglesia nos
invita a hacer más profunda nuestra conciencia religiosa, a
aumentar y fortalecer el contenido espiritual de nuestra vida, a
seguirla en su peregrinación hacia la renovación y a una
re-dedicación a Dios.
1. El Ayuno
El primer precepto universal es el del ayuno. La enseñanza
ortodoxa sobre el ayuno es diferente a la de la Iglesia Católica
Romana, y es esencial comprender esto. Los occidentales
identifican el ayuno con una buena obra, lo ven como sacrificio
que gana méritos. "¿Qué cosa voy a sacrificar durante la
Cuaresma?" esta pregunta es típica de tal actitud hacia el
ayuno. El ayuno así entendido es una obligación formal, una
acción de obediencia a la Iglesia y su valor reside precisamente
en la disposición y capacidad de obedecer. El concepto ortodoxo,
es, en primer lugar, que el ayuno es un esfuerzo ascético, esto
es, un esfuerzo por subyugar el hombre físico, carnal, al hombre
espiritual; el "natural" sometido al "sobrenatural." Las
limitaciones alimenticias son instrumentales, no son fines en sí
mismos. Así entendido, el ayuno no es mas que un medio para
llegar al fin espiritual, y por eso, es una parte esencial del
esfuerzo espiritual total. El ayuno, en el concepto ortodoxo,
incluye más que una mera abstinencia de ciertos alimentos
(carnes y lácteos). Incluye oración, silencio, disposición
interior de espíritu, deseo de ser benévolo, caritativo, y, en
suma, ser espiritual.
Por eso, la doctrina ortodoxa del ayuno excluye toda
evaluación de la práctica como "máximo" o "mínimo." Cada persona
debe encontrar su propio alcance, medir su conciencia y hallar
en ella su sistema de ayunar. Pero este sistema tiene que
incluir los elementos espirituales además de los corporales. El
Tipicón y los cánones de la Iglesia describen el ayuno ideal: La
abstinencia de carnes y todo producto animal, abstinencia total
en ciertas ocasiones. "El que sea capaz de recibir esto, que lo
reciba" (Mateo 19:12). Pero, cualquiera que sea nuestra "medida"
nuestro ayuno tiene que ser un esfuerzo total, de todo nuestro
ser. Según las reglas de la Iglesia el ayuno no se puede
interrumpir por todo el período de cuarenta días, inclusive los
sábados y domingos.
2. La Oración
Debemos orar siempre. La Cuaresma es, sin embargo, un período
de aumento e intensificación de nuestras oraciones. La manera
más sencilla es, primero, añadir a nuestras devociones de la
mañana y de la noche la Oración de San Efrén el Sirio. Además,
es bueno y provechoso reservar ciertos momentos del día para la
oración; esto se puede hacer interiormente, en la oficina, en el
auto, dondequiera. Lo más importante es recordar siempre que
estamos en Cuaresma y que toda actividad debe tener como punto
de referencia su propósito: renovación y un despertar
espiritual, el arrepentimiento, y una relación más estrecha con
Dios.
3. Lectura Espiritual
A pesar de que no podemos estar todos los días en la iglesia,
sí es posible seguir la peregrinación cuaresmal leyendo las
lecciones y los libros designados para los servicios designados
para los servicios. Un capítulo del libro del Génesis, algún
pasaje de los Proverbios o de Isaías, no requieren mucho tiempo,
y además nos ayudan a comprender el espíritu de la Cuaresma en
sus variadas dimensiones. También es bueno leer algunos Salmos,
o con las oraciones, o separadamente. En ningún otro lugar
podemos encontrar más sinceros ejemplos de verdear penitencia,
de sed de comulgar con Dios, del deseo de llenar la vida de
verdadera religión. Y finalmente, se recomienda leer algún libro
religioso: vidas de los Santos, historia de la Iglesia,
espiritualidad, etc., a todos los que toman en serio la Gran
Cuaresma, que nos libra de nuestra vida cotidiana y nos conduce
a un nivel más elevado de interés, nos alimenta de ideas y de
verdades comúnmente ausentes de nuestro mundo práctico y
pragmático.
4. Cambio de Vida
Como último aspecto, pero no de menos importancia: debemos
hacer un esfuerzo y hasta tomar la decisión por "vivir más
quietamente," por así decirlo, para poder dedicar más tiempo a
la contemplación y a la meditación. La radio, televisión,
periódicos, reuniones sociales, por excelentes y convenientes
que puedan parecer estas cosas, debemos reducirlas a un mínimo
durante la Cuaresma. No porque sean malas, sino porque tenemos
algo más importante que hacer. Es imposible hacer un cambio en
nuestra vida sin concentración y disciplina. La Cuaresma es el
período en que re-evaluamos nuestra propia vida, a la luz de
nuestra fe, y esto requiere un verdadero esfuerzo y una
verdadera disciplina. El Señor dice que estrecho es el camino
que lleva al Reino de Dios, y debemos hacer tan ajustada como
sea posible nuestra vida. Al principio, el hombre natural y
egoísta en nosotros, se rebela contra estas limitaciones. Desea
su acostumbrada "vida acomodada," con todos sus placeres y
diversiones. Pero una vez probado el esfuerzo espiritual, una
vez que se ha dado, por medio de esto, un paso más hacia Dios,
la recompensa es grande. Descubrimos un gozo que no tiene
comparación con cosa alguna. Descubrimos la realidad de lo
espiritual dentro de nosotros. Comenzamos a comprender lo que
quería decir San Pablo por "gozo y paz en el Espíritu Santo."
Dios mismo entra en nuestra alma, y esa maravillosa entrada es
el fin y propósito de la Cuaresma.
"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará,
y vendremos a él, y haremos morada en él" (Juan 14:23)