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San Gregorio
Taumaturgo
Año 268
Se
llama "taumaturgo" al que hace muchos
milagros. A este santo le pusieron ese
nombre porque según
decía la gente, desde tiempos de Moisés, no
se había visto a un simple hombre conseguir
tantos milagros como los que
obtuvo él.
Nació
Gregorio cerca del Mar Negro, de una familia
pagana. Sus padres que eran de familia noble
lo encauzaron hacia los
estudios de las leyes.
Cuando
era joven tuvo que viajar a Cesarea, en
Palestina, a acompañar a una hermana, y allá
conoció al sabio más grande
de su tiempo que era Orígenes, el cual había
puesto una escuela de
teología en esa ciudad. Desde el primer
encuentro el sabio Orígenes se dio cuenta de
que Gregorio poseía
unas cualidades excepcionales para el
estudio y lo recibió en su famosa escuela.
Lo
dedicó enseguida a que leyera todo lo que
los antiguos autores habían escrito acerca
de Dios y el joven se
fue dando cuenta de que lo verdaderamente
admirable y cierto acerca de Dios es lo que
dice la S. Biblia, y se
convirtió al cristianismo y se hizo
bautizar.
Fascinado
por la personalidad de Orígenes, el joven
Gregorio renunció a su antiguo plan de
dedicarse a la abogacía y se
consagró totalmente a los estudios
religiosos. Más tarde dirá:
"Cuando estábamos estudiando
nuestro maestro Orígenes era para nosotros
como un ángel de la guarda. Siempre cuidaba
de nuestra alma con un interés increíble.
Parecía que cuando íbamos a
sus clases el ángel guardián
no tenía nada que hacer porque el maestro
Orígenes lo reemplazaba
cuidando amorosamente el alma
de cada uno de nosotros. Nos guiaba por el
camino de la virtud no
sólo con sus luminosas palabras sino con los
admirables ejemplos de su buen
comportamiento"
(¡Quisiera Dios que los alumnos de hoy
pudieran decir lo mismo de sus maestros!)
El
año 238 cuando ya Gregorio terminó sus
estudios hizo un hermoso discurso de
despedida a su gran
profesor, alabando los métodos que Orígenes
tenía para educar. En este discurso, que aún
se conserva, se
señalan ciertos datos de importancia para
conocer como aquel sabio se preocupaba
no sólo de que sus alumnos
fueran muy instruidos sino también de que
fueran sumamente
virtuosos.
Al
llegar a su patria, a su ciudad Neocesarea
del Ponto, fue nombrado obispo, y empezó
entonces una cadena incontable de milagros.
San Gregorio de Nisa al hacer el discurso
fúnebre de nuestro
santo, narra unos cuantos como por ej. El
poder tan extraordinario que tenía de
expulsar los malos
espíritus. En cierta ocasión dos familias se
peleaban a muerte por un nacedero de agua.
Viendo que la pelea no
acababa nunca, el santo le envió una
bendición al nacedero y este se secó y ya no
hubo más peleas. La casa del
obispo Gregorio estaba siempre llena de
gente aguardando en su
puerta para que les diera la bendición. Él
los instruía en la religión y luego les
obtenía de Dios su
curación. Y así con su predicación y sus
milagros logró aumentar enormemente el
número de cristianos
en aquella ciudad.
San
Gregorio Taumaturgo necesitaba construir un
nuevo templo porque el número de creyentes
había aumentado mucho, pero
no tenía como terreno sino un cerro abrupto.
Y un día dijo: "Vamos a
ver si es cierto lo que Jesús
dijo: "si tenéis fe, podréis decir a un
monte: ¡quítate de ahí! – y este
obedecerá". Y se puso a rezar
con mucha fe, y sobrevino un terremoto y el
cerro se derrumbó
quedando allí una buena explanada para
construir el templo.
San
Gregorio de Nisa y San Basilio comentaban
cómo su abuela Santa Macrina, que había
conocido a este santo les
narraba que la vida de Gregorio era como un
retrato de lo que el
evangelio dice que debe ser la vida de un
buen amigo de Dios; que nadie veía en él
jamás un estallido de
cólera; que siempre sus respuestas eran
sencillas: "si, si" o "no, no", como lo
manda el evangelio.
Que su piedad era tan admirable que al rezar
parecía estar viendo al invisible".
Al
estallar la persecución de Decio en 250, San
Gregorio aconsejó a los cristianos que se
escondieran para que no
tuvieran peligro de renegar de su fe
cristiana por temor a los tormentos. Y
él mismo ser retiró a un
bosque, acompañado de un antiguo sacerdote
pagano, al cual él había
convertido al cristianismo.
Y
sucedió que un infante fue y avisó a la
policía dónde estaban escondidos los dos. Y
llegó un numeroso
grupo de policías y por más que requisaron
todo el bosque no lo lograron encontrar.
Cuando la policía se fue,
llegó el informante y al verlos allí y darse
cuenta de que por milagro no los
habían logrado ver los
policías, se convirtió el también al
cristianismo.
San
Gregorio se propuso hacer que la religión
fuera muy agradable para la gente y así en
las vísperas de las
grandes fiestas organizaba resonantes
festivales populares donde todo el mundo
estaba contento y alegre sin
ofender a Dios. Esto le atrajo la simpatía
de la ciudad.
Se
ha hecho célebre en la historia de la
Iglesia la frase que dijo este gran santo
poco antes de morir.
Preguntó: "¿Cuántos infieles quedan aún en
la ciudad sin convertirse al cristianismo?"
Le respondieron:
"Quedan diecisiete", y él exclamó gozoso:
"Gracias Señor: ese era el número de
cristianos que había en esta
ciudad cuando yo llegué a misionar aquí. En
ese tiempo no había sino
17 cristianos, y ahora no hay
sino 17 paganos".
Poco
antes de morir pidió que lo enterraran en el
cementerio de los pobres porque él quería
estar también junto a
ellos hasta después de muerto.
Las gentes lo invocaban después cuando había
inundaciones y terremotos, y es que él con
sus oraciones logró
detener terribles inundaciones que
amenazaban acabar con todo.
En
verdad que en la vida de San Gregorio
Taumaturgo sí que se cumplió aquello que
decía Jesús: "Según
sea tu fe, así serán las cosas que te
sucederán". Quiera Dios bendito y adorado
darnos también a cada
uno de nosotros una gran fe que mueva
montañas de dificultades. Amen.
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