Los iconos están pintados de acuerdo con las normas del
pasado, heredando la tradición iconográfica de los santos, los mártires y de
los apóstoles mismos -San Lucas-. Sus formas y colores no dependen simplemente
de la imaginación y del gusto iconográfico, sino que han ido pasando de
generación en generación en obediencia a una tradición venerable.
La primera ocupación del iconógrafo no es darse a
conocer, sino proclamar el Reino de Dios a través de su arte.
Los iconos están pintados para tener un lugar en la
Divina Liturgia y, por tanto, de acuerdo con las necesidades de la Liturgia.
Así como la Liturgia en sí, los iconos intentan ser un reflejo del cielo.
La palabra es la traducción lógica de la Verdad; el
icono es su símbolo plástico. La belleza no está en el icono -como obra de
arte-, sino en su verdad, en lo que representa, en el misterio divino que
oculta entre sus trazos
El fundamento bíblico del icono se encuentra en la
creación del hombre a imagen de Dios. Ciertamente, el mejor icono de Dios es
el hombre; durante la liturgia, el celebrante inciensa a los fieles con el
mismo título que a los iconos. La Iglesia saluda a la imagen de Dios en los
hombres. Lo que el libro nos dice por la palabra, nos lo anuncia el icono por
el color y nos lo hace presente.
El icono se dirige a los ojos del espíritu para hacer
contemplar los "cuerpos espirituales" de los que habla san Pablo. Todo lo que
sea adorno psíquico, gesto dramático, afectación o agitación queda
radicalmente suprimido.
‘Icono’ es una palabra griega que significa ‘imagen,
representación.’ En el icono la Iglesia no ve sólo un aspecto cualquiera de la
enseñanza cristiana de la fe, sino la expresión del Cristianismo en su
totalidad, la Ortodoxia como tal. Por ello, es imposible comprender o explicar
el arte eclesiástico fuera de la Iglesia y Su vida. El icono, como imagen
sagrada, es una de las manifestaciones de la Tradición de la Iglesia. La
veneración de los iconos del Salvador, la Madre de Dios, los ángeles y los
santos es un dogma de la fe cristiana que fue formulado por el VII Concilio
Ecuménico - un dogma que emana de la confesión fundamental de la Iglesia: la
encarnación del Hijo de Dios. El icono de nuestro Señor es el testimonio de Su
encarnación verdadera, no ilusoria. El significado dogmático del icono fue
claramente formulado durante el período iconoclasta.
Al defender los iconos, la Iglesia Ortodoxa no defendía
su aspecto didáctico o estético, sino el mismo fundamento de la fe cristiana:
el dogma de la encarnación , ya que el icono del Salvador es al mismo tiempo,
testimonio de Su encarnación y nuestra confesión de Jesucristo como Dios. "Yo
vi la imagen humana de Dios y fue salva mi alma," dice San Juan Damasceno. En
otras palabras, el icono del Salvador es, por un lado, testimonio de la
plenitud y realidad de Su encarnación, la representación de la personalidad
Divina del Verbo encarnado, una naturaleza nueva transfigurada; y por otro
lado, testimonio de la realidad de nuestro conocimiento de Jesucristo como
Dios, es decir, la revelación. La aspiración del hombre hacia Dios, que es el
aspecto subjetivo de la fe, se encuentra con la respuesta de Dios al hombre -
la revelación, que es el conocimiento religioso objetivo, expresado en
palabras o en imágenes.
En esencia, la Iglesia Ortodoxa ve en la encarnación del
Hijo de Dios el fundamento para la veneración de los iconos. Las iconos elevan
nuestro pensamiento de la imagen al Arquetipo.
San Juan Damasceno decía:
"No me inclino ante
la creación en lugar del Creador, sino me inclino ante el Creador que se hizo
creado como yo, y sin humillar Su dignidad o sufrir ninguna división,
descendió a la forma de una criatura para glorificar mi naturaleza y hacerla
partícipe de la naturaleza Divina. Junto con el Rey y Dios, me inclino ante la
púrpura del Cuerpo, no como vestidura y no como a una cuarta Persona, no, sino
como convertida en partícipe de esa misma Divinidad. Del mismo modo que el
Verbo, sin sufrir cambio alguno, se hizo Carne, del mismo modo, la Carne se
hizo Verbo sin perder aquello que ella es, mejor dicho, siendo una con el
Verbo en la Hipostasis. Por ello, con atrevimiento represento a Dios invisible
no como tal, sino habiéndose hecho visible por nuestra causa a través de la
participación en la Carne y en la Sangre. No represento la Divinidad
invisible, sino por intermedio de la imagen expreso la Carne de Dios que fue
visible."
El icono refleja la santidad, el mundo transfigurado, el
mundo superior; por el lo las imágenes de los iconos tienen una esencia
significativa y representativa: el mundo transfigurado.
No olvidemos las palabras de San Basilio: "Levantaos vosotros
pintores, que a través de vuestro arte exaltado hacéis Iconos. Mi alabanza
para el campeón coronado es pobre, comparada con la sabiduría que inspiran
vuestros pinceles con sus radiantes colores. Yo me detengo al escribir sobre
el valor de los Santos y los Mártires, de ahora en adelante, porque vosotros
los habéis coronado y hoy me alegro de la victoria ganada por vuestro poder. A
medida que miro los detalles de las figuras de vuestros Iconos, Su victoria es
más brillante para mi. Que los demonios rabien, porque han sido destruidos por
las bondades de los Santos y los Mártires que vosotros habéis descripto. Haced
que sus manos quemadas en las llamas de lo viejo, sean reveladas nuevamente
como victoriosas. Que esto que yo he dicho quede incluido en esos "Iconos" y
unidos con el Cristo, Juez de todo el contexto. A El la gloria por los siglos
de los siglos. Amén."