Oración de San Basilio el Grande

            Soberano, Señor Jesucristo, nuestro Dios, Fuente de vida y de inmortalidad, Creador de toda cosa visible. Hijo Unigénito del Padre co-eterno. Por tu gran clemencia, en los últimos días has tomado cuerpo humano, fuiste crucificado, fuiste sepultado por nosotros, ingratos y profanos. Y por tu sangre renovaste nuestra naturaleza corrompida por el pecado. Tú mismo, oh Rey inmortal, acepta el arrepentimiento de mí, el pecador, e inclina tu oído y escucha mis palabras - pues he pecado, Señor he pecado contra el cielo y ante Ti, y no soy digno de levantar mi mirada hacia la Oh Jesús, Sabiduría de Dios, Paz y Fuerza. Por haber aceptado los vivificantes sufrimientos que nos redimió; la cruz, los clavos, la lanza y la muerte; amortigua mis pasiones corporales que corrompen mi alma. Con tu entierro encarcelaste el reino del hades, entierra los consejos malos, cambiándolos en buenos, y arruina a los espíritus malignos. Con Tu vivificadora resurrección, al tercer día, levantaste al antecesor caído, levántame que estoy arrastrado por el pecado, mostrándome el arrepentimiento. Con tu gloriosa Ascensión, cambiaste el cuerpo terrenal a divino, y Te sentaste a la diestra del Padre, concédeme recibir la salvación al comulgar con tus Santos Misterios. Con el descenso de tu Espíritu Santo, el Paráclito, hiciste a tus santos discípulos, honradas vasijas, muéstrame a mí también la descendencia del Espíritu Santo. Quieres volver de nuevo a juzgar con justicia al universo, déjame verte en las nubes a Ti mi Juez y Creador junto con todos tus Santos, para que incesantemente Te alabe con tu Sempiterno Padre y tu Santísimo Bueno y Vivificante Espíritu. Ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

            Oración de San Juan Damasceno

            Oh Soberano y Señor Jesucristo, Dios nuestro, Tú sólo tienes el poder de perdonar los pecados de los hombres. Porque eres Bueno y amas el género humano. No tomes en cuenta mis culpas voluntarias e involuntarias, y hazme digno de comulgar sin condenación con tus Divinos preclaros, Purísimos y Vivificadores Misterios, que no me sean imputados a reprobación ni a tortura, y aumento de los pecados; sino para mi purificación y santificación y en la esperanza de la vida venidera y del Reino, para amparo y defensa contra mis enemigos, y exterminación de mis numerosos pecados. Pues eres Dios de bondad, de benevolencia y misericordia. Te glorificamos junto con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

            Oración de San Basilio el Grande

            Conozco, oh Señor, que comulgo con tu purísimo Cuerpo y tu purísima Sangre, y que como y bebo mi propia condenación, sin considerar el valor de tu Cuerpo y tu Sangre, de mi Cristo y Dios. Pero, con atrevimiento acudo a tu misericordia, porque Tú has dicho: El que come de mi Carne y bebe mi Sangre está en Mí y Yo en él. Apiádate pues Señor, y no me condenes a mí, pecador, trátame según tu benevolencia, para que tus Santidades sean para mí curación, purificación, esclarecimiento, conservación, salvación y santificación del alma y cuerpo. Para rechazo de malos pensamientos y perversas acciones e influencia del diablo ejercida sobre mis miembros. Para corrección de mi vida. Para consolidar y aumentar las virtudes, para cumplir los mandamientos, para la comunión con el Espíritu Santo, Viático a la vida eterna, para la esperanza de merecer una favorable defensa en tu temible Tribunal. Que no me sean para juicio y condenación.

 

            Oración de San Juan Crisóstomo

            Oh Dios, desprende, quita, perdoname los pecados que he cometido ante Ti, de palabra, obra, pensamiento, voluntaria o involuntariamente, a sabiendas o por ignorancia, perdóname todo, Tú que eres Bondadoso y Amante de la humanidad. Por las oraciones de tu Purísima Madre, de tus Servidores Espirituales, de las Fuerzas Santas y de todos los Santos que Te complacieron desde el principio de los siglos. Hazme digno de recibir sin condenación tu Santo y Purísimo Cuerpo y Preciosa Sangre, para la curación de mi alma y de mi cuerpo, y para la purificación de mis malos pensamientos. Pues Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, del Padre y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

            Oración del Mismo Santo

            No soy digno, oh Soberano Señor, de que entraras bajo el techo de mi alma; pero Tú quieres como Amante de la humanidad, morar en mí y ordenas que te abra las puertas, las que Tú solamente creaste, entrarás con amor a la humanidad, entrarás y alumbrarás mis pensamientos oscurecidos. Creo que lo harás, ya que no echaste al publicano arrepentido, tampoco el ladrón que conoció tu Reino ni rechazaste al perseguidor arrepentido, no lo dejaste como era, pero a todos aquellos que llegaron hacia Ti arrepentidos, los aceptaste como tus amigos. El Único Bendito hoy y siempre y por la eternidad de los siglos. Amén.

            Oración del Mismo Santo

            Oh Señor, Jesucristo, Dios mío, absuelve, quita, purifica y perdóname a mí, pecador, inútil e indigno siervo tuyo, mis iniquidades, culpas, y caídas, cuántos he cometido ante Ti, desde mi juventud y hasta el actual día y hora, ya sea a sabiendas, o por ignorancia, ya de palabras, o de hechos, en pensamientos o deseos, ya por todos mis sentidos. Y por las oraciones de tu Santísima Madre, la siempre Virgen María que Te engendró, mi Única infalible Esperanza, Intercesión y Salvación, hazme digno que comulgue sin condenación con tus Purísimos, Inmortales, Vivificadores y Temibles Misterios, para remisión de los pecados y la vida eterna, para la santificación e iluminación, fortificación, curación y salud de mi alma y cuerpo, para la exterminación y completa aniquilación de mis malos deseos, pensamientos e intenciones, de las visiones nocturnas de oscuras y malos espíritus. Pues Tuyo es el Reino, el Poder, la Gloria, y el Honor y la Adoración, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.

            Oración de San Juan Damasceno

            Estoy ante las puertas de tu Templo, y aún no puedo alejar de mí los malos pensamientos. Más Tú oh Cristo Dios que justificaste al publicano y Te apiadaste a de la mujer cananea, y abriste las puertas del Paraíso al malhechor. Ábreme los tesoros de tu Amor, acógeme a mí que vengo hacia Ti y te toco, como aceptaste a la ramera y a la mujer enferma del flujo de sangre. Pues una ha tocado tan sólo la orla de tu manto, sanó inmediatamente, y la otra abrazando tus purísimos pies, obtuvo la remisión de sus pecados. En cambio yo, desgraciado me atrevo de ingerir todo Tu cuerpo; que no resulte quemado. Acéptame, como a aquellas, e irradia los sentidos de mi alma, quemando mis culpas pecadores, por las plegarias de Aquella que Te dio a luz, y de los Poderes Celestiales. Porque Tú eres Bendito en los siglos de los siglos. Amén.

            Oración de San Juan Crisóstomo

            Creo oh Señor, y confieso, que en verdad eres Cristo, Hijo del Dios vivo, que has venido al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales soy yo el primero. También creo que éste es tu Purísimo Cuerpo y que ésta es tu Preciosa Sangre. Por eso Te imploro; apiádate de mí y perdona mis pecados voluntarios e involuntarios, los cometidos por palabra u obra, con conocimiento o por ignorancia. Hazme digno de participar sin condenación de tus Santos Sacramentos, para la remisión de los pecados y para la vida eterna. Amén.