Lección 2 - Miembros de la Comunidad Ortodoxa

¿Cómo Nos Hacemos Miembros de la Comunidad Ortodoxa?

 Somos todos cristianos y miembros de la familia de Dios en la Iglesia Ortodoxa porque todos nosotros fuimos bautizados. El Bautismo es un Sacramento o Misterio de la Iglesia, el cual nos introduce al amor de la familia de Dios. Fuimos bautizados porque queremos vivir una vida junto a Dios en su Iglesia. En nuestro bautismo, nuestros padrinos hablan por nosotros, y dicen que creen en Cristo y en la forma de vivir que Él nos enseñó. Las personas se bautizaban incluso antes de que  Jesucristo fuera bautizado, y lo hacían para decir que estaban arrepentidos por cualquier mal que podrían haber cometido, y que querían elegir una mejor forma de vida. Pero ahora, después de que Jesús ha venido y fue bautizado,  vivió, murió y resucitó por nosotros, nuestro bautismo tiene aun más significado. 

 

Relato Bíblico

El Bautismo de Jesús

(Mateo 3, 13 al 17; Marcos 1, 9 al 11; Lucas 3, 21 al 22)

 

            Entre los hebreos en aquellos días aparecieron de vez en cuando varones conocidos como profetas. Ellos hablaban a las personas como si hablaran directamente para Dios.

 

Cuando Jesús tenía más o menos treinta años, un profeta llamado Juan estaba predicando a la gente para que dejaran sus antiguos caminos de mal, pues Dios pronto aparecería sobre la tierra. Cuando las personas se acercaban a él para arrepentirse de sus pecados y prometer vivir una vida mejor, Juan los bautizaba con agua para simbolizar que lo malo había sido lavado y quitado. Quedaron limpios y preparados para una vida nueva. Es así que este profeta se conocía como Juan Bautista; es decir, aquel que bautizaba.

 

Juan era pariente de Jesús, y sus madres se conocían de mucho antes. Sin embargo, Juan y Jesús nunca se habían conocido, pues Juan había pasado la mayor parte de su vida en el desierto, en soledad, buscando aprender acerca de Dios. Se vestía como un hombre del desierto  con ropa  de piel de camello y cuero.

 

Mucha gente vino para que Juan les bautizara en el Río Jordán. Jesús supo de Juan, y fue hasta el Río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Cuando Juan vio a Jesús supo de inmediato que era el Hijo de Dios. Se dio cuenta de que delante suyo se encontraba la misma persona acerca de quien él había predicado.

 

Juan no se sentía capaz de bautizar a Jesús. Ni siquiera pensó que era digno de llevar los zapatos de Jesús en sus manos. Juan le pidió a Jesús que lo bautizara a él mejor. Pero Jesús respondió que así tenía que ser; que correspondía que Juan le bautizara. Juan supo entonces que era el día más grande de toda su vida. Había rezado por este día desde que tenía uso de la razón. Era el día para que había estado preparándose, y para que había preparado a las personas que venían a él.

 

Fue así que Juan  bautizó a Jesús, y cuando Jesús salió del agua, algo maravilloso sucedió. El cielo parecía abrirse, y una hermosa paloma descendió y posó sobre Jesús. En este mismo momento, se escuchó una voz desde los cielos. La voz dijo, “Este es mi Hijo amado, en quien estoy complacido.”

 

LA IGLESIA

ESTÁ COMPUESTA POR EL PUEBLO DE DIOS....

                       

«… Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios.» (I Pedro 2,9 al 10)

 

 

....QUIENES PERTENECEN A CRISTO Y LOS UNOS A LOS OTROS.

«… nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.» (Romanos 12,5)

 

CRISTO ES LA CABEZA DE LA IGLESIA....

                        «... y El es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia....»            (Colosenses 1,18)

 

...Y EN EL ESTAMOS FIRMEMENTE

ESTABLECIDOS.

            «...Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor.»            (Efesios 2,19-21)

 

 

 

COMO IGLESIA, EXPERIMENTAMOS LA PLENITUD DEL AMOR DE DIOS PARA CON NOSOTROS.

            «...Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa e inmaculada.»            (Efesios 5,25-27)