Lección 3
¿Cómo Recibimos El Poder?
La Crismación es el Sacramento que recibimos directamente después del
Bautismo. El Sacerdote te unge con un óleo especial mezclado con perfumes muy
especiales, preparado por los obispos y patriarcas. Este óleo especial se
llama Crisma o Santo Myron.
El Sacerdote toma el Crisma y hace la señal de la cruz en la cabeza,
ojos, nariz, oídos, pecho, manos y pies. Al hacer la señal de la cruz cada vez
con el óleo, dice “El sello del don del Espíritu Santo,” y todos responden
“Amen.” Esto significa que el sacerdote está invocando al Espíritu Santo para
que bendiga a este bebé en una forma especial y darle el poder de pensar,
vivir y actuar en la manera en que Dios lo quiere.
Mira a las partes del cuerpo
que son ungidas durante la Crismación. Piensa en cómo cada una de estas partes
pueden hacer la obra de Dios.
Cabeza
Ojos
Nariz
Oidos
Pecho
Manos
Pies
para caminar en el camino de Dios
Relato
Bíblico
Pentecostés

(El
Libro de los Hechos de los Apóstoles, Capítulo 2)
Después de que Jesús había muerto y resucitado al tercer día, El apareció en
varias oportunidades a sus discípulos y Apóstoles hasta que finalmente
ascendió a los cielos para estar junto a Su Padre. Esto sucedió cuarenta días
después de la Pascua, el día en que Jesús resucitó de entre los muertos. Diez
días después de que los dejó, era el día de Pentecostés, un festivo de la
cosecha en Palestina. En ese día, los Apóstoles estaban reunidos todos juntos
en una sala. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé
y Mateo, Santiago el hijo de Alfaeo y Simón el Celota, Judas hijo de Santiago,
y también Matías quien había sido elegido para tomar el lugar de Judas
Iscariote.
De repente, toda la casa se llenó con el sonido de un fuerte viento, y lenguas
de fuego aparecieron en la sala; y separándose, se pusieron sobre la cabeza de
cada uno de las personas presentes. Inmediatamente fueron llenados todos del
Espíritu Santo y comenzaron a hablar entre ellos en distintos lenguas, y cada
uno entendía al otro.
En Jerusalén en ese tiempo hubo muchas personas religiosas de diferentes
países que rápidamente se reunieron en la casa. Para su sorpresa, cada uno
escuchó hablar su propio idioma. Todos oyeron con asombro a estos hombres,
quienes sabían que eran galileos, hablar en sus lenguas. No encontraron
ninguna explicación para esto. Algunos se rieron, como si fuera
una broma. “Están borrachos,” decían, mas Pedro les hizo ver que esto era
imposible. “No pueden estar borrachos a las nueve de la mañana!”
Entonces Pedro les habló a la gente acerca de Jesús y su crucifixión. Al
escucharle, se emocionaron mucho. Durante ese día más de 3000 personas se
presentaron ante los Apóstoles para ser bautizadas. Esto fue el comienzo de la
Iglesia. A veces se refiere a Pentecostés como el cumpleaños de la Iglesia.
A veces se le llama a la Crismación, nuestro Pentecostés personal. Pentecostés es cuando el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en forma de lenguas de fuego y les dio el poder de llevar a cabo la obra de Dios. En nuestra Crismación, somos ungidos y el Espíritu Santo es invocado para que nos de el poder de hacer la obra de Dios. El hecho de ungir a las personas para llamar al Espíritu Santo y que venga a ayudar a las personas a hacer la obra de Dios puede encontrarse en un relato del Antiguo Testamento. Samuel, un profeta del Señor, ungió a David con óleo y “el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre David desde ese día en adelante.” (I Samuel 16,3) David fue elegido por el Señor para hacer su obra. Jesús es llamado el Cristo, lo que quiere decir el Ungido. “Cristo es Hijo del Dios Vivo, a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo.” (Hechos 10,38)