Lección 4
¿Cómo Nos Unimos a Jesús?
Un Relato Bíblico
La Mística Cena
(Mateo 26, 17 al 29; Marcos 14, 12 al 25;
Lucas 22, 7 al 23; Juan 13, 21 al 30; I Corintios 11,23 al 26)
Existe una fiesta especial o celebración llamado la Pascua que los
judíos celebran una vez al año. En ella, ellos recuerdan un tiempo especial en
que Dios les ayudó para dejar una tierra de esclavitud hace mucho tiempo.
Jesús celebró esta misma celebración de la pascua judía junto a Sus
Discípulos. Cuando llegó el momento para la cena, Jesús se sentó a la mesa y
dijo a sus discípulos : “He esperado para compartir esta cena con Uds., pues
ha llegado el momento en que yo tengo que sufrir. Créanme, no comeré de nuevo
de esta Pascua, hasta que todo lo que ella significa se cumple en el Reino de
Dios.” Jesús les decía a Sus Discípulos que esta sería su última comida.
Sabía que pronto sería arrestado y crucificado. Jesús entonces se levantó de
la mesa, se quitó su túnica y amarró una toalla alrededor de su cintura. Luego
vertió agua en una fuente grande y, arrodillándose, comenzó a lavarle los pies
a Sus Discípulos y secarlos con la toalla.
Cuando llegó
a Simón Pedro, éste dijo, “Por cierto, Señor, ¿no lavarás mis pies también?
Jesús respondió, “Por ahora no entiendes tú lo que hago. Pero más tarde
entenderás.”
Jesús volvió
a su lugar a la mesa y dijo, “¿Comprenden Uds. lo que he hecho? Uds. me llaman
Maestro y Señor, lo que es cierto, pues yo soy en verdad Maestro y Señor. Si
yo como Señor y Maestro, puedo lavar sus pies, esto es entonces un ejemplo
para ustedes. Así deben estar dispuestos a hacer lo mismo los unos por los
otros.”
Antes de
dejar la habitación aquella noche, Jesús tomó pan y lo partió y dio de él a
todos los presentes a la mesa, y dijo, “Tomen y coman; esto es mi cuerpo, que
es dado para Uds.” En seguida tomó el vino mezclado con agua, y pasó la copa
a cada uno para que tomaran de ella diciendo: “Beban, esta es mi sangre, que
es derramada para Uds.” Entonces Jesús dijo, “Hagan esto en memoria mía.”
Jesús les
contó a sus discípulos que ya se iba y que ahora ellos no podrían acompañarlo,
pero que debían amarse los unos a los otros tal como El les había amado a
ellos. Les dijo que iba a la casa de Su Padre para prepararles un lugar, y
cuando todo estuviera dispuesto El volvería para llevarles consigo. Era muy
tarde cuando por fin dejaron la casa dónde habían comido su Última Cena
juntos. Entonces Jesús llevó a los Discípulos al Monte de los Olivos, buscando
un lugar para rezar.

Somos Todos Una Familia
La
Santa Comunión nos Une con Jesús
El sacerdote prepara nuestros dones de pan y vino durante un oficio
llamado la Proskomidia, o el Oficio de la Preparación. Primero, el
sacerdote corta el pan que será utilizado en la Santa Comunión. Luego vierte
vino y agua en la copa o el cáliz. Esto recuerda cuando, en la Crucifixión, un
soldado abrió el costado de Jesús con una lanza. El pan que se usa para la
Comunión se llama el pan de la ofrenda. Es preparado de una manera
especial, con un diseño especial marcado en él que se llama el sello.
Se ofrece este pan de la ofrenda a Dios como un regalo de todas las personas
en la parroquia
El
sacerdote corta el pan en pedacitos pequeños y los coloca en un plato dorado
que se llama el diskos o la patena. El primer pedacito, que es
más grande que los demás, representa a Jesucristo y es colocado en el medio de
la patena. Al lado derecho de éste se coloca un pedacito en memoria de la
Virgen María, Madre de Dios, y a la izquierda se colocan nueve pedacitos que
representan a los santos. Luego se colocan varios pedacitos que representan a
las personas vivas del pueblo de Dios, y debajo de éstos, pedacitos para
aquellos que han muerto en la fe.
Una vez que el sacerdote tiene todos estos pedacitos ordenados en la
patena, todos los miembros de la Iglesia de Dios están reunidos para la
celebración de la Divina Liturgia. Jesús nos enseñó a usar pan y vino como
nuestra ofrenda, tal como El lo hizo en la Ultima Cena. Durante otra parte de
la Divina Liturgia, el sacerdote repite las palabras de Jesús : “¡Tomad,
comed! Esto es mi cuerpo que es partido para la remisión de los pecados.” En
seguida, el sacerdote reza para que el Espíritu Santo cambie nuestra ofrenda
de pan y vino en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Esta parte
del oficio se llama la Consagración. Es un momento muy sagrado en la
Divina Liturgia.
Cuando llega el momento de la Santa Comunión, recibimos el don de Dios en nosotros. Cuando nos acercamos al cáliz para recibir la Santa Comunión, lo debemos hacer con mucho amor y respeto, y hacer la señal de la Santa Cruz antes de que el sacerdote nos da la comunión. Esto es también un momento muy sacro. En la Santa Comunión, Dios llega a ser parte de nuestras vidas de una manera muy especial. Nos unimos a Jesús junto a toda la comunidad mediante la Santa Comunión.