San Juan Damasceno

Fondo de Escritorio

17 diciembre (4 dic. según calendario religioso.)

Famoso escritor y poeta eclesiástico San Juan Damasceno en su juventud trabajaba en la corte del califa y era gobernante de la ciudad de Damasco. Nació en Siria y vivía en la mitad del siglo VIII, cuando en el imperio Bizantino dominaba la herejía iconoclasta. Los Iconos se destruían y sus seguidores se perseguían severamente. Siendo un hombre muy ilustrado y escritor talentoso, Juan Damasceno escribía con mucha convicción defendiendo la veneración de los Iconos ortodoxos.

El emperador griego León El Isáurico, conocido iconoclasta se enojaba con Juan por sus escritos. El ordenó a su escriba estudiar la escritura de San Juan y escribir una carta apócrifa, como si fuera de San Juan, al emperador Bizantino, León El Isáurico, en la cual supuestamente le ofrecía sus servicios para destituir al califa. Esta carta falsificada fue enviada al califa por el emperador León El Isáurico como prueba de la amistad sobre la traición de Juan Damasceno.

El déspota oriental, sin revisar bien y sin escuchar las explicaciones de Juan ordeno encarcelarlo y cortarle la mano derecha, con la cual supuestamente escribió la carta desleal. En la cárcel, teniendo consigo el icono de la Madre de Dios, San Juan puso delante del icono su mano cortada y rezó largamente sobre su desgracia. Durante un sueno, la Siempre Virgen se presento al dolorido Juan y mirándolo con benevolencia le dijo: "¡Tu mano esta sana, no sufras mas!" Juan se despertó y vio con alegría y gran sorpresa que la mano cortada estaba unida al cuerpo y quedó sana como fue anteriormente. Solamente quedó una cicatriz, casi invisible, que recordaba el castigo. Lleno de alegría y de agradecimiento hacia la benévola Protectora, en el alma de Juan se compuso el canto: "Benefactora, por Ti se alegra todo el ser viviente." Hasta el día de hoy se canta esta gloria en la Iglesia.

El califa supo sobre el milagro y llamo a Juan. Revisó pacientemente el caso y se dio cuenta de la inocencia de Juan. Considerándose culpable y para remediar su injusticia, el califa ofreció una gran recompensa y altos cargos. Pero Juan, comprendió que poco valor tienen los bienes y la gloria terrenal y se negó a recibirlos. Para agradecer a la Madre de Dios el encargó la replica de la mano en plata y la adjuntó al icono delante del cual se produjo el milagro. Este icono se empezó a llamar de Tres Manos.

Después de distribuir todos sus bienes y vestido como un simple ciudadano, se alejo a la comunidad de San Sabas en el desierto de Judea, unos 25 kilómetros al sur-oeste de Jerusalén. Como Juan fue una persona muy conocida nadie de los monjes de la comunidad de San Sabas quería tomarlo como discípulo. Finalmente un starez se animó de guiarlo con la condición de que Juan, como parte de la obediencia, no iba a escribir más. Juan estaba de acuerdo y empezó a vivir en la comunidad como un simple monje.

Unos años después, al monje que tenía amistad con Juan le falleció el padre y el pidió a Juan que escriba alguna oración para el difunto. Inspirado, San Juan escribió los himnos-oraciones, que hasta el día de hoy se cantan en la Iglesia durante las exequias. Uno de estos cantos empieza con las palabras: "Que dulzura de esta vida no tiene la tristeza terrenal..." En arreglo del poeta.

Alexis Tolstoy :

 

"¿Qué dulzura en esta vida no tiene la tristeza terrenal?

Que la espera no es inútil.

¿Y donde está el feliz entre la gente?

Todo lo que hemos conseguido con el esfuerzo.

Es contradictorio e insignificante.

¿Qué gloria esta segura y absoluta sobre la tierra?

Todo son cenizas, fantasma, sombra y humo.

Todo desaparecerá como el polvo.

Y nos encontraremos de la muerte,

Desarmados delante y sin fuerzas.

La mano del poderoso es débil,

No significan nada los mandatos imperiales,

¡Señor, recibe al difunto esclavo en Tus Moradas Celestiales!"

 

Cuando starez supo que Juan desobedeció la obediencia y escribió una oración, se enojó y quiso echarlo de la comunidad. Entonces todos los monjes pidieron que Juan se quede. Starez lo dejó quedarse con la condición de que Juan limpie con sus manos todos los lugares sucios de la comunidad. San Juan humildemente cumplió esta dura penitencia impuesta por su starez. Después de este hecho, la Madre de Dios se presentó a starez en un sueño y dijo: "No pares Mi Manantial. Deja que fluya por la Gloria de Dios." Al despertarse, starez comprendió que Dios quería que Juan Damasceno se consagre a escribir.

A partir de este momento nadie le impedía a Juan escribir obras teológicas y componer oraciones para las ceremonias religiosas. Durante varios años de continuo trabajo el escribió muchas composiciones, oraciones y cánones para las ceremonias religiosas, los que hasta el día de hoy hermosean las ceremonias religiosas ortodoxas. Muchos cantos para Pascuas, Navidad y otras ceremonias religiosas fueron escritos por él. También compuso el octeto que se canta durante las Misas dominicales. Siendo un profundo teólogo, San Juan Damasceno escribió el famoso libro: "Exposición exacta de la fe ortodoxa," donde da Suma Teológica sobre las bases del cristianismo.