San Inocencio

Iluminador de Alaska

Contenido:

Primeros pasos.

En la isla Unalashka.

Sitka.

Primera Liturgia en Stajin.

 Viaje a San Petersburgo. Fallecimiento de Matushka Ekaterina.

Inocencio, Obispo de Kamchatka.

Petropavlosk y el interior de Kamchatka.

En Novoarjanguelsk viaje por la diócesis.

Guerra de Crimea.

Reconocimiento de la zona del Amur.

Límites lejanos... América, San Petersburgo.

Encuentro con el Iluminador de Japón Nikolai Kasatkin.

Cátedra del Metropolitano.

 Testamento y fallecimiento del hierarca.

De la composición del hierarca Inocencio: "Indicación del camino hacia el Reino del Cielo."

Instrucciones para el sacerdote — misionero.

A. Preparación para la fe. B. Secuencia en el sermón. C. Todo lo relativo a las ceremonias religiosas, y el relacionamiento con los aborígenes. Escueta exhortación para los cristianos.

Oración al hierarca Inocencio.

La Iglesia Ortodoxa en América.

 

 

 

 

 

El nacimiento de la Iglesia Ortodoxa en América esta relacionado con la acción misionera de la Iglesia Rusa. A fines del siglo 18 los misioneros monjes rusos de los monasterios de Valaam y Konevski trajeron la palabra de Dios a la América Rusa y en aquel entonces a un lugar muy alejado de su patria. Sin intenciones de rusificar a la población del lugar — uno de sus primeros objetivos fue la traducción de las Sagradas Escrituras y libros litúrgicos a los idiomas de los pobladores locales. Y el semen de la fe de Jesucristo sembrado aquí desarrolló abundantes brotes como es el beato Germán de Alaska y el santo confesor Inocencio (Veniaminov) que fueron glorificados como santos.

El beato Inocencio era un extraordinario predicador. Durante la Santa Liturgia, misa de acción de gracias y vísperas especialmente instruía a los feligreses. Durante sus numerosos viajes el beato Inocencio aprendió el idioma, la vida y las costumbres de los pueblos, entre los que predicaba. Sus trabajos sobre geografía, etnografía y linguistica tuvieron un reconocimiento mundial. Compuso el alfabeto y la gramática de la lengua aleutiana y tradujo el catecismo a esa lengua, el Evangelio y varias oraciones. Una de sus mejores composiciones: "Indicación del Camino hacia el Reino Celestial" (año 1833), traducido a varios idiomas y editado más de 40 veces. Gracias a los trabajos y esfuerzo del beato Inocencio los habitantes de Alaska pudieron escuchar la palabra de Dios y los servicios religiosos en su idioma natal.

 

Primeros pasos.

El futuro metropolitano de Moscú nació el 26 de agosto del año 1797, el día del festejo del ícono de la Madre de Dios de Vladimir, en la familia humilde de Eusebio Popov, sacristán de la iglesia de Iliin de mi pueblo de Siberia, Aiguinski. En el bautismo lo llamaron Juan. Juancito tenía 6 años cuando murió su padre. Su madre quedó sola con cuatro niños. A Juancito se lo llevó el hermano del padre, el diácono Dimitrio que oficiaba en el mismo templo. A los siete años Juancito ya era lector. Comenzó a leer en el servicio litúrgico de la Navidad y las primeras palabras pronunciadas fueron: "Proquimen, voz octava: Toda la tierra se incline ante Ti, y Te cante; y glorifique Tu nombre Supremo."

Ni el pequeño lector ni las personas que estaban en la iglesia podían haber imaginado que la vida futura de Juancito iba a ser la profecía de estas santas palabras.

 

La lectura clara del joven nuevo lector agradó a los feligreses y por sobre todo fue un consuelo para su madre: muy animada por el exitoso hijo a quien tenía esperanzas de ubicar como sacristán en el lugar de su padre y así tener un apoyo economico para sí y para los otros hermanos. Para ello era necesario estudiar y Juan en el año 1806 ingresó al seminario de Irkutsk.

El niño estudiaba bien. Durante los ratos libres se lo podía encontrar en la biblioteca o en lo del tío el que al enviudar tomó los hábitos como monje y pasó a vivir en Irkutsk. El diácono Dimitrio (David cuando joven) era un buen relojero y mecánico — autodidacta. Sus trabajos apasionaron a su sobrino.

En el seminario, para diferenciar los numerosos apellidos homónimos, el rector cambió los apellidos de muchos alumnos. Es entonces que Juan Popov fue llamado Veniaminov, en honor y recuerdo del fallecido reciente obispo de Irkutsk, Veniamin.

En la diócesis de Irkutsk hacían falta sacerdotes, diáconos y todos los que sirvieran en la iglesia. Por esa razón muchos seminaristas antes de finalizar sus estudios ya eran designados como chantres y sacristanes en las iglesias o eran ordenados diáconos y sacerdotes. Así le sucedió a Juan Veniaminov, a un año de la finalización del seminario, se casó con la hija del sacerdote de la iglesia de la Anunciación, Ekaterina Ivanovna y fue consagrado como diácono de la misma iglesia.

El padre Juan finalizó el seminario entre los mejores y a los cuatro años fue consagrado sacerdote. El joven sacerdote recibió el amor y la honra de sus feligreses por su bonomía, por el solemne y esmerado ejercicio de los oficios religiosos. Los domingos antes del inicio de la liturgia el padre Juan reunía a los niños en la iglesia y los instruía e iluminaba en la fe cristiana, los servicios religiosos, reglas de una vida piadosa, devota y caritativa.

En los momentos libres el padre Juan componía relojes y construía órganos musicales con temas de himnos religiosos, lo que contribuía al sostén económico de la familia. De Anguinski vino a la casa del padre Juan, su madre y hermano Esteban. En la familia del sacerdote nació un niño, a quien llamaron Inocencio. La familia vivía en una casa de su propiedad, sin austeridad pero con todo lo necesario. Parecería que todo estaba previsto en su vida y para siempre, ni el padre Juan ni sus allegados esperaban grandes cambios.

A fines del año 1822 en la iglesia de la Anunciación apareció un nuevo feligrés — Juan Kriukov quien había vivido 40 años en una compañía ruso-americana.

El con tesón relataba acerca de la América rusa y sobre todo acerca de los habitantes de las islas Aleutianas — de los aleutianos, acerca de su sencillez espiritual, bonomía, sinceridad, profunda y abnegada devoción a la fe ortodoxa. En sus relatos reiteradamente trataba de convencer al padre Juan de ir hacia ese país tan lejano.

En ese entonces el obispo de Irkutsk Miguel recibió la orden del Santo Sínodo de la necesidad de enviar un sacerdote a la isla Unalashka de las islas Aleutianas pertenecientes en aquel entonces a la diócesis de Irkutsk. El padre Juan Veniaminov también recibió la invitación para ejercer el servicio misionero allí pero como los demás se negó a ello.

En ese entonces Juan Kriukov iba a dejar Irkutsk. Al ir a despedirse del obispo Miguel se encontró con el padre Juan. La conversación se orientó hacia el tema preocupante para todos: el traslado del sacerdote a la isla Unlashka. Nuevamente Juan Kriukov comenzó los relatos acerca de los aleutas:

— ¡Oh, eminencia! No podrá comprender cuánta afección tienen los aleutas hacia la religión. A pesar — de las heladas, de la nieve, ellos concurren a la capilla para los maitines. Esta capilla es de tablas de madera y no tiene estufa. A veces parados descalzos, sin apoyar un pie o el otro mientras se leen los maitines.

— Estas palabras como una flecha hirieron mi corazón, dijo luego cuando recordaba el padre Juan — me encendió un deseo abrasador de ir hacia estas gentes... que mi actitud sea una nueva confirmación de la verdad de que el Señor endereza los caminos del hombre.

Fue Su voluntad encomendar mi servicio en América — lo cual se cumplió a pesar de mi voluntad contraria.

El obispo con indecisión aceptó y bendijo la abnegada decisión del padre Juan. El 7 de mayo del año 1823 finalizando el moleben para el viaje el padre Juan partió de Irkutsk. Junto a el además de la esposa e hijo partió su anciana madre y su hermano.

 

En la isla Unalashka.

La no fácil travesía duró casi un año y el 29 de julio del año 1824 el padre Juan con su familia llegó a la isla Unalashka. La nueva feligresía se componía de dos grupos de islas aleutianas — Lisi y Pribivalov.

 

Las islas Lisi montañosas y casi sin montes. En la ladera de las montañas y en lugares llanos crecía sauce bajo y álamo. En ciertos lugares se podrían encontrar frutas silvestres y hongos. La parte superior de las montañas era totalmente despoblada o cubierta de musgo y plantas rastreras. Las cimas cónicas casi siempre cubiertas por tinieblas infranqueables ya que eran volcanes apagados o latentes, y por ello los temblores de tierra — eran comunes en las islas. Casi no existían días soleados. Era el reino del frío, viento y niebla.

En las islas Pribivalov, en la isla de San Pablo y San Jorge no hacía tanto frío como en las Lisi donde en invierno los pájaros se congelaban durante el vuelo. Allí en invierno había 5 o 6 grados bajo cero. Los constantes vientos traían ráfagas de nieve o lluvia. Durante el verano no era más cálido y el cielo estaba cubierto por una capa de niebla. Habían sido construídas viviendas para la industria de la casa de los lobos marinos y los zorros grises, dos o tres casas para oficinas y un cuartel para los obreros. En la isla de San Pablo había una capilla en honor de los apóstoles ortodoxos. En la isla Unalashka había diez pueblos, donde vivían los aleutianos, creolos y rusos. Su industria principal era la caza de zorros, castores y nutrias. La feligresía del padre Juan donde había muy pocos rusos era muy débil en el cristianismo. Los habitantes isleños con buena fe aceptaron la buena nueva evangélica en el año 1795 cuando el hieromonje de la misión espiritual Macario los bautizó. Desde aquél entonces estaban sin sacerdote. Los sacerdotes que eventualmente venían allí no poseían iglesias ambulantes y no podían dar los santos sacramentos a los nuevos confesos ni siquiera al mismo bautizador de los aleutas padre Macario. Por el escaso tiempo y la ausencia de buenos intérpretes pudo darles a los aleutas solo los conocimientos generales acerca de Dios, acerca de Su Todopoderoso y Misericordioso y Su clemencia al género humano. De este modo los aleutianos tenían fe y rezaban a Dios segun fueron instruídos, pero a la llegada del padre Juan se puede decir que era una fe y oración a un Dios desconocido.

Un clima agreste, los feligreses dispersos en numerosas islas y en aquél entonces de difícil acceso con costumbres poco conocidas, es decir su vida y lengua extraña, con ausencia de suficientes recursos económicos — todo esto no prometía una vida fácil ni de reconocimiento ni de honra.... más el padre Juan no decayó. Confiando en Dios y preparado para el sacrificio de su persona, con abnegación comenzó la obra.

La principal población de Unalashka — nuevo lugar habitado por el padre Juan Veniaminov, se llamaba oficialmente pueblo Soglasie pero comunmente por su ubicación se llamaba Gavanski. A los dos días de su llegada el 1ro, de agosto del año 1824 el padre Juan ofició en una iglesia de madera la primera liturgia con un oficio de acción de gracias con el pedido de ayuda y fructífera culminación del camino largo y difícil a recorrer. La casa donde se ubicó la nueva familia del sacerdote de Unalashka era una choza — habitáculo común de los isleños. Por la falta de bosques en estas regiones las construían con varas largas — troncos de arbustos recubiertos con tierra.

Conociendo a sus feligreses y pensando las medidas a tomar el padre Juan en primer lugar en cálida oración pidió al Señor comprensión y bendición. Al poco tiempo percibió una certera decisión —de que su primera tarea en su obra debía ser la construcción en Unalashka de una iglesia. Luego... sin lo cual no se podría ser ni sacerdote de los aleutas, ni consejeros, ni amigo, pensaba el padre Juan — sería el aprendizaje de la lengua de los isleños, con muy pocas semejanzas con las lenguas del viejo continente.

Para la construcción de la iglesia eran necesarios materiales adecuados, cuya falta se sentía siempre por la ausencia de bosques en Unalashka. La madera para la construcción con grandes dificultades y muy escasa se podía conseguir desde la isla Sitja. La dirección de la compañía ruso-americana prometió ayuda en esta causa. Más difícil fue encontrar obreros para la construcción. El padre Juan se dio cuenta que los aleutianos tenían mucha capacidad e inteligencia. Con eficacia aprendían de los rusos toda manualidad que tenían oportunidad de ver; Muy útiles le fueron al padre Juan todos los conocimientos primarios sobre mecánica y la experiencia en manualidades que había adquirido en su juventud. El mismo comenzó a instruír a los aleutas para el trabajo, enseñandoles carpintería, mueblería, cerrajería, trabajos en hierro, como herreros, elaboración de ladrillos y trabajos con piedra. Durante este trabajo comunitario fue como mejor se acercó y conoció a sus feligreses, su carácter, sus principios, sus conceptos acerca del mundo exterior, profundizar el conocimiento de su lengua.

Al año cuando los aleutas constructores estaban suficientemente preparados, el 1ro. de julio del año 1825 comenzaron las obras para la construcción de la iglesia. Los dirigía el mismo padre Juan. El ofertorio e iconostasio lo talló y cubrió con dorado el padre Juan con sus propias manos. En estos trabajos transcurrió un año y el 29de junio del año 1826 para el día de los santos y glorificados apóstoles Pedro y Pablo, la construída iglesia fue bendecida en honor de la ascensión del Señor. Era la primera iglesia en las islas de Lisi. Conociendo mas de cerca a los aleutas el padre Juan no podía dejar de querer a sus feligreses.

Gran parte de su tiempo el padre Juan dedicaba en viajar por su feligresía. Para ello se utilizaban chalupas o canoas para dos o tres personas donde se alojaba, ubicaba todo lo necesario para la realización de los servicios religiosos, alimentos y reserva de agua. Iban los remeros — aleutas, el intérprete y el mismo padre Juan. Para navegar entre las islas no solo se debía tener mucha valentía ya que facilmente podía volcar la canoa con viento fuerte sino también con mucha paciencia: porque en la angosta chalupa se debía permanecer con los pies extendidos y apretados como si estuvieran vendados. No había otra opción, la canoa era el único medio de transporte en esta región.

¡Hubieron todo tipo de vivencias para los misioneros — peregrinos durante los múltiples días de tránsito por el mar! Viviendo tormentas anclaban en lugares desérticos y sin tener alimentos durante varios dias debían esperar el cambio del tiempo o ir por las montañas hacia alguna población cercana llevando sobre sí la chalupa y todo el equipaje. Y el Señor Dios enviaba la paz espiritual al abnegado sacerdote. Los aleutianos lo recibían como a la persona más cercana y querida. Los pobladores, con los niños pequeños venían a pedir su bendición. Escuchando con atención y confianza las prédicas y sermones del padre Juan ya cansado no cansaba a los aleutianos eschuchas. Con celo cumplían con sus obligaciones cristianas.

Sin exquisiteces en las comidas, con asiduidad cumplían con los ayunos. Durante el servicio religioso permanecían inmóviles en los mismos lugares de tal manera que terminada la liturgia contando las huellas de cada uno sobre el piso se podía saber cuantas personas habían rezado allí. Luego de la despedida enviaban mensajeros expresos pidiendo volviera nuevamente. Comenzó la Gran Cuaresma del año 1828 y el padre Juan se dirigió hacia los feligreses habitantes de otras islas. La dirección era hacia la isla de Akun hacia el N.E. de Unalashka. Era la primera vez que el padre Juan visitaba estos lugares y ¿cuál fue su extrañeza? Cuando vio a los isleños esperándolo en la costa vestidos con sus mejores trajes como para una gran solemnidad. Bajó a la costa y los isleños lo arremetieron tratando de demostrarle su alegría en ocasión de su arribo.

—¿Porqué razón están tan hermosamente ataviados? — se interesó el padre Juan. El traductor Pankov tradujo su pregunta y habiendo escuchado la respuesta de uno de los alelutas mayores dijo:

— Ellos sabían que tu habías salido para aquí y hoy debías estar con ellos y por ello salieron a la costa para recibirte como corresponde.

— ¿Cómo han sabido que yo iba a estar aquí hoy y cómo supieron que yo soy el mismo padre