Santa Tecla
24 de Septiembre

Santa Tecla nació de unos
padres reconocidamente paganos. Cuando tenía 18 años de
edad, fue prometida en matrimonio a un joven . En una
ocasión el apóstol Pablo predicó el evangelio en el
lugar donde ella vivía. Después de escuchar el mensaje
evangélico de Pablo, ella se volvió cristiana y se
comprometió a vivir una vida de castidad. Este cambio
trastornó tanto a su madre que le ocasionó a Tecla
padecer hambre y recibir golpes. Sin embargo, cuando no
funcionó esta táctica, su madre, incapaz de desviarla de
su nueva fe fundada en Cristo, fuera de todo juicio la
arrojó al fuego, pero Dios la conservó intacta. Tecla se
hizo discípula del apóstol Pablo y fue con él a
Antioquia. Aquí un anciano de la ciudad, atraído por la
belleza de la santa, intentó tomarla por la fuerza pero
ella, zafándose, quedó fuera de su alcance. Enfurecido
el agresor la llevó al gobernador acusándola de ser
cristiana y este la echó a las bestias salvajes, pero
los animales ni siquiera la tocaron. Sorprendido el
gobernador por este suceso, le preguntó: “¿quién eres tú
y cual es el poder que hay en ti que nada puede hacerte
daño?” la Santa le respondió: “soy una sierva del Dios
vivo.” El administrador, entonces, la dejó libre y ella
empezó a predicar el evangelio conduciendo a muchos a la
verdadera fe. Santa Tecla se retiró a un lugar solitario
viviendo una vida sencilla, curando los enfermos por sus
oraciones y atrayendo a numerosas personas a la
cristiandad. Los médicos, celosos de su habilidad
curativa mandaron a unos jóvenes para que la atacaran.
Ella rogó al Señor que la protegiera de aquellos hombres
y la piedra en que estuvo orando se abrió y la ocultó.
Esta piedra vendría a ser su escondite y mas tarde, su
tumba. Tu oveja, oh Jesús, exclama con gran voz: "te
extraño, oh novio mío, y lucho buscándote; me crucifico
y me entierro contigo por el bautizo; sufro por ti para
contigo reinar; y muero por ti para que viva en ti."
Acepta, como ofrenda inmaculada, a quien se sacrifica
con anhelo por ti, por cuyas intercesiones, oh
Misericordioso, salva nuestras almas.”
